Justicia es hablar de educación sexual en la escuela

 

Por: ROSARIO ADRIÁN

Integrante de Mujeres Creando

30 de junio – 2023

Hemos conocido sobre varios casos de violencia sexual en la escuela, un espacio educativo considerado también un espacio social y de cuidado. Estos hechos, en definitiva, nos abren muchos interrogantes sobre la violencia expresada en nuestra sociedad.
La violencia sexual devela que, los hogares y la escuela son espacios donde ocurren hechos violentos como el abuso sexual contra niñas y niños.
El ministro de Educación, Edgar Pari, se limitó a declarar ante los medios de comunicación, que colocarán cámaras de vigilancia en las escuelas y que se realizarán las investigaciones correspondientes. Nos habla de medidas de vigilancia y control, y de medidas punitivas. En otras palabras, nos habla de sancionar a quienes cometen delitos como el abuso sexual.
Estas medidas de sanción y vigilancia, nos alejan de la posibilidad de entender que la violencia es estructural y que el abuso sexual es, por lo tanto, la punta de un iceberg. Sin embargo, existe la decisión por parte de estas autoridades de colocar candados al cuestionamiento profundo de la violencia sexual desde el campo educativo.
Conocimos de muchos casos de abuso sexual por parte de profesores a estudiantes, y las instancias con rango de autoridad como el Ministerio de Educación y la Fiscalía, y también el mismo sindicato de profesores, solo atinaron a quedarse en la burocracia de la justicia. Así quienes acaban arrinconadas son las víctimas, mientras que los agresores sexuales incluso terminan absueltos por el mismo sistema judicial.
Por otro lado, el presidente de Bolivia no ha dicho nada sobre estos hechos de violación. Sus mediadores hablan de su preocupación y hasta ahí llegan quienes un día prometieron todo. Esto nos dice con claridad que las niñas y los niños no son prioridad del gobierno.
Instituciones como el Ministerio de Igualdad de Oportunidades salen a leer cifras estadísticas sobre la violencia familiar y doméstica, violación, estupro e infanticidio. La situación es similar a lo que vivimos durante la pandemia por el covid-19, cuando a diario informaban solo sobre el número de personas muertas y enfermas.
Esta inercia no puede frenarnos, por eso propongo revisar tres puntos: la pedagogía de la escuela, la hipocresía social y la educación sexual.
En las escuelas el común denominador es la pedagogía de la dominación, con lenguajes basados en el castigo, reglas de control y obediencia. Vemos esto claramente en sus horarios rígidos: no está permitido atrasarse, no está permitido equivocarse.  Se educa desde el ejemplo a seguir, por eso se abandera y se premia al estudiante excelente, según los estándares de la puntuación, y quedan atrás las y los demás. Repiten el molde de la masculinidad y la feminidad como únicas formas del deber ser, incluso las mismas y los mismos maestros no se cuestionan sobre el servicio militar o premilitar, tampoco sobre las horas cívicas y los desfiles, ni sobre la elección de las reinas, peor aún sobre las expresiones racistas, clasistas y sexistas presentes en el cotidiano escolar.
Este contexto establece privilegios y relaciones jerárquicas, e instauran relaciones de orden y disciplina homogénea. Los uniformes develan ese modelo que coloca a los cuerpos hablantes en tono indistinto. Y muchas veces escuchamos en los pasillos órdenes para controlar las aulas. Y, en efecto, es control porque no existe un encuentro con la realidad de quienes tienen mucho que decir, de quienes desean entender la realidad de la que forman parte. Existe el afán del cumplimiento de los programas curriculares, de agradar a quien está al frente del colegio. Y ante el conflicto se opta por cuidar el prestigio de la unidad educativa.
Cuando se toca el tema de la educación sexual en el espacio educativo, en términos directos, este vira a los planos de la prohibición y el rechazo, y prefieren mantenerlo en el encierro del control, porque devela que las y los profesores desconocen qué es la sexualidad. Estas posiciones pedagógicas, mantienen la comprensión de la sexualidad en el moralismo y la minimización del esencialismo. Este desconocimiento es uno de los cimientos de la violencia, donde unos ejercen relaciones de sometimiento violento sobre otras y otros que son considerados cuerpos no válidos.
Cuando hablamos de educación sexual en las escuelas inmediatamente todo el mundo se indigna y se escandaliza (como pasó en con la profesora en Porongo), y hasta organizan marchas para bloquear la implementación de esta asignatura pendiente y urgente. Pero cuando ocurren hechos de violencia sexual, los distintos sectores sociales no se manifiestan y dejan a las víctimas una vez más en la soledad y en la orfandad social.  
Los hechos de la violencia sexual en las escuelas –y en otros espacios sociales– afectan a toda la sociedad, porque es lo que no queremos mostrar y se lo oculta en nombre de prestigios o apellidos, aunque es lo que está presente en las relaciones sociales. Nos debemos esta lectura, es un pendiente irrenunciable porque es urgente encontrar salidas y tomar decisiones que tienen que ver con la educación sexual en las escuelas. Neguémonos a asumir los roles del morbo y la hipocresía.
Necesitamos trabajar la educación sexual en las escuelas, recuperar nuestros cuerpos, esa es la base, es el punto de partida para entendernos como cuerpos políticos sociales. Esto lo sabemos y esta tautología debe ser asumida desde nuestros cuerpos.
Hablar de educación sexual en la escuela es hacer justicia. Necesitamos hacer revolución también en la escuela, las cosas tienen que cambiar y tienen que cambiar en la escuela. Somos cuerpos sexuados, todas, todos y todes, y desde esa base es posible imaginar una escuela que se plantea una educación sexual que habla del placer, que interpela la violencia, que entiende la pluralidad de las sexualidades, que coloca al cuerpo en la heterogeneidad y el dinamismo de sentidos y significaciones. Estamos hablando de una educación sexual feminista que interpela las estructuras de la violencia y propone la soberanía de los cuerpos hablantes desde la libertad y la dignidad.
Rosario Adrián

Suscrí­bete y mantente informado

Todas las noticias, tus programas favoritos, propuestas, ofertas a nuestros suscriptores y mucho más

COMPARTE ESTA PUBLICACIÓN Y AYÚDANOS A CRECER

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on pinterest
Share on print

¿Qué te pareció esta publicación?