Radio Deseo 103.3 fm

Yo tampoco soy boliviana

LA ACERA DE ENFRENTE

Por: MARÍA GALINDO

Integrante de Mujeres Creando

16 de Agosto– 2020

Ni mil horas cívicas, mucho menos grotescos desfiles militares me harán tragar los cimientos de injusticias sobre la que está construida esta nación vacía que se llama Bolivia. Felipe Quispe ha irritado diciéndolo por televisión, y tiene razón.

En un país donde hay ciudadanías de primera, segunda, tercera, cuarta y quinta, lo que hay, es un estado fallido; y la falla es profunda y de nacimiento mismo.

Las mujeres bolivianas somos parias en nuestra propia tierra y los pueblos colonialmente llamados indígenas también.

Mentira que tenemos derechos, mentira que tod@s somos iguales ante la ley, inclusive el Estado plurinacional es una mentira porque su estructura sigue siendo republicana y liberal.

Yo también estaría encantada de regresar al Kollasuyo; las mujeres ganaríamos muchísimo en ese retorno.

Desaparecería la virginidad como concepto, las prácticas sexuales a partir de los 14 años serían liberadas y se reconocería el derecho a la exploración sexual de l@s jóvenes. El sexo como posesión del “otro” – es decir, de las mujeres – desaparecería.

El régimen de gobierno y distribución de la riqueza seria de patrilinealidad y matrilinealidad lo que significaría que maternidad y paternidad serían paralelos y no jerárquicos como ahora. Las mujeres dejaríamos de ser inquilinas en tierra del marido para pasar a tener tierra heredada de nuestras madres. Con la matrilinealidad y la patrilinealidad los hombres perderían toda jerarquía por encima de las mujeres.

Aboliríamos el matrimonio que es un contrato de propiedad del hombre sobre la mujer y regresaríamos al “sirviñacu” para probar si nos entendemos o no, entendiendo que las relaciones afectivas y sexuales son siempre experimentales.

El aborto seria despenalizado de inmediato y las mujeres tendríamos acceso a nuestra propia medicina y conocimiento de nuestros cuerpos tanto para la maternidad como para el aborto que es milenario y que se practicaba con hierbas.

La mariconada ganaría también muchísimo, pues en lugar de ser condenados y despreciad@s seríamos reconocid@s como seres especiales vinculad@s al rito, la fiesta, la clarividencia y otras sensibilidades.

Recuperaríamos ese complejo sistema sexo/genérico que implicaba más de 15 gradientes entre femenino absoluto y masculino absoluto dando lugar a mujeres masculinas y hombres femeninos, a mujeres lesbianas y las que no quieren ser madres sin establecer jerarquía alguna. Todo esto no es fruto de mi alocada imaginación, sino extraído de las crónicas de misioneros que se dedicaron con humillación y tortura a extirpar una a una las libertades sexuales que encontraron en el Kollasuyo y que sustituyeron ese sistema sexo/genérico complejo por un binarismo de genero tiránico y heterosexual que es el chacha/warmi.

Ganaríamos en democracia porque estaríamos ante un poder rotatorio por el que tod@s pasaríamos, y ganaríamos también cognitivamente porque abandonaríamos la lógica formal del pensamiento en que A es A porque es diferente de B para pasar a una lógica pentavalente que admite muchas más posibilidades entre una afirmación y otra. Perderíamos el instrumento de satanización porque la división entre bueno y malo no serviría como vara para medir la servidumbre, sino como contradicciones intrínsecas presentes en todo.

Ni que decir lo que ganarían los huérfanos y personas con discapacidad porque en el Kollasuyo había labores y comida para tod@s y la crianza era una labor compartida por el conjunto de la sociedad. La abundancia la garantizaban pisos ecológicos interconectados y un profundo respeto por los hábitos y las costumbres del “otr@”. No se trataba de un mundo ideal, se pagaba tributo al Inca y era un régimen de dominación quechua que utilizaba a las mujeres como objetos de intercambio, pero así y todo estábamos las mujeres sin duda mucho, pero mucho mejor que en la Bolivia colonial en la que nuestras vidas no tienen ningún valor.

De lo que estoy segura es que a un “Felipe Quispe” que cree y repite hasta el hartazgo que en los pantalones está la dignidad, es a él a quién no le gustaría regresar al Kollasuyo y tener que compartir con sus hermanas tierra, territorio y dignidad.

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