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Etiqueta: evo

El Suicidio Como Salida Politica


En una lectura simple del suicidio de Alan García podríamos decir que no quiso soportar la cárcel y el despojo social, económico, y humano que ese proceso representaría y prefirió el suicidio como una opción trágica meramente personal.

Puedo imaginar a Alan García contemplar con pánico la cara desencajada de dolor de Lula y preferir el suicidio.

Alan García prefirió el respeto que se le debe a un suicida antes que pasar por un juicio por corrupción que lo despoje de lo poco que le quedaba.

Sin embargo, podríamos también hacer otra lectura del suicidio de Alan García y proponer a los que se creen hoy poderosos la lectura de ese gesto como la imagen más cruda para representar el hecho de que la forma de poder que están ejerciendo no tiene salida.

En su propia carta póstuma, en la que intenta recolocarse en la historia, confiesa que no tiene otra salida que el suicidio, que soportar el suplicio de la humillación pública. Lo escribe para él, pero es un mensaje que se puede extender por todo el continente, uno a uno a los presidentes aferrados al poder que se creen que han accedido a un trono. Pensemos en Ortega, pensemos en Maduro, pensemos en Fidel, pero pensemos también en Evo.

¿Por qué puerta saldrá Evo Morales, envejecido, habiendo roto sus promesas y su coherencia ideológica, y habiéndose convertido en un gobierno corrupto, abusivo, sentado con todas las derechas del país; un Evo que día a día se convierte, si es que no lo es ya plenamente, en otro Alan García, un traidor de sus propias ideas, un hombre sin afectos sinceros que le rodeen y sin vida propia.  ¿Cuál es la puerta de salida de un proceso así?

¿Puede un hombre pasar de viajar en helicóptero a caminar por la calle, comprar mandarinas al paso y aceptarse como un don nadie que tiene que pagar sus cuentas? Saber mostrar ese camino de salida del poder estatal tendría más valor que diez elecciones ganadas a la mala, con fraude, con uso de bienes del Estado, con pactos de poder que nada tienen que ver con el voto popular.

¿Por qué puerta de salida saldrá un Álvaro García Linera, un hombre que ha podido estructurar su vida sólo a partir de un cargo en el Estado, que ya no tiene amigos, que ya no tiene amores, que no tiene vida que no sea la de disponer de las vidas de los demás? ¿Hay salida para un hombre que se ha convertido en un buitre que vive de la sangre de los y las demás?

¿Acaso no van a la reelección porque no saben hacer otra cosa? ¿Acaso no van a la reelección porque tienen vértigo a dejar la silla, los privilegios, las comodidades y todo eso de lo que abusan sin medida? ¿Qué podrían hacer si no es gobernar este país?, ¿sabrían buscar un trabajo, pagar y calcular sus cuentas?

Cuando Evo era todavía un hombre medianamente sano mentalmente hablaba de tener una pensión en el Chapare, de atender mesas y vender pescado frito.

¿Quieren salir como Sánchez de Lozada, huyendo en helicóptero, expulsados por el pueblo en revuelta? ¿Quieren llevar esta ambición de poder, este vicio de poder al mismo abismo de Alan García y tener que suicidarse al borde del camino?

Esta reelección a la que Evo Morales y Álvaro García Linera se han lanzado a pesar no sólo de la ley, sino de lo aceptable socialmente; esta reelección a la que se están lanzando, diciendo a la sociedad entera que ellos son la única oportunidad, que no hay nadie más, que nadie más piensa, que nadie más sirve, es un peldaño más para adentrarse en ese túnel que sólo tiene una salida al otro lado que es la muerte.

Su ciclo se agotó. Se la pasaron matando oportunidades de renovación no a bala, sino sistemáticamente, cortando de raíz toda posibilidad al movimiento popular de renovar su discurso y su sentido; cooptaron, corrompieron y serrucharon para garantizarse que no haya ninguna sucesión posible.

Ahí lo tienen, para citar sólo un ejemplo, a don David Choquehuanca de presidente de un organismo que no existe, perdido y anulado porque se atrevió a pensarse en el lugar de Evo, y dicen los amigos que la venganza contra David tiene que ver también con que él se atrevió a meterse con una de las compañeras sentimentales de Evo Morales.

¿Cómo será la carta póstuma de Evo? ¿Cómo será la de Álvaro? ¿Es el vuelo diario en helicóptero un entrenamiento para la huida de un túnel de poder, del que no hay salida?

Será el respeto al suicida el único respeto que Evo se lleve a la tumba.

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¿Y el acceso a la información, pa cuándo?

El ministro de Comunicación Canelas ha prometido garantizar la libertad de expresión y la pluralidad en los medios de comunicación estatales. Esperemos que el Ministro entienda el pluralismo no únicamente circunscrito a la mediocre, opaca, aburrida, dispersa y nada representativa “oposición» parlamentaria, sino a una infinidad de voces, luchas y causas sociales que no giran en torno al MAS, y su proyecto.

De más está decir que no sólo le tomamos la palabra, sino que le creemos de hecho, en sus espaldas está descargada una de las mayores expectativas, pues es uno de los pocos ministros que goza ampliamente de la credibilidad social, ganada en sus años como diputado nacional especialmente.

Sin embargo, más allá de la pluralidad está el acceso a la información como un pendiente fundamental.

¿Cómo podríamos hacer para saber cuánto gasta el gobierno en el programa Evo Cumple  o para conocer los números reales de BoA, Entel o cualquier otra empresa estatal?

¿Cómo podríamos hacer para saber cuánto nos cuesta el avión presidencial operativamente?

¿Cómo podríamos hacer para saber cuáles son los términos en los que la Cancillería está discutiendo la llamada ley de “libertad religiosa” que está discutiendo el Gobierno y las sectas fundamentalistas  a espaldas de la sociedad?

¿Cómo podríamos hacer para saber la situación real de las exportaciones de gas o la situación real del trato con las transnacionales?

¿Tenemos que creer en la palabra de los altos funcionarios que salen en conferencias de prensa restringidas, que dan lugar a preguntas restringidas y que con temas peliagudos no quieren responder?

¿Tenemos que creer en la palabra de altos funcionarios que sólo asisten a programas de televisión donde nadie les hará una pregunta incómoda y donde l@s periodistas se han resignado a no perder su puesto de trabajo,  donde l@s periodistas se someten al guion oficial y ya ni siquiera preparan la entrevista?

¿Cómo podríamos hacer para saber y saber, y saber cientos de miles de cosas que tienen que ver con la gestión del Estado, información a la cual no tenemos acceso?

Por falta de acceso a la información copan en la agenda informativa temas tan banales y absurdos que parecen hasta prefabricados por el propio gobierno, como el irrelevante tema de la nacionalidad de la Presidenta del Senado.

Por falta de acceso a la información, el periodismo en Bolivia se ha vuelto casi exclusivamente declarativo, unos dicen una cosa y otros responden otra; pocas veces vamos al fondo de las cosas y vamos perdiendo profundidad día a día.

Por falta de acceso a la información cualquiera puede especular cualquier cosa porque no hay cómo contrastar datos.

Por falta de acceso a la información pareciera que vivimos en una monarquía, en la que es más importante saber cuántas flexiones hace el rey que cómo se gestiona el dinero público de tod@s.

El acceso a la información no es un detalle de la democracia, sino un componente fundamental de la democracia. El acceso a la información no es un derecho de periodistas o medios de comunicación, sino de la ciudadanía, y si no les gusta la palabra ciudadanía, les propongo la palabra plebe, es un derecho de la plebe (por cierto, la palabra plebe corresponde a un régimen monárquico).

Prueben a ir a buscar información al Estado munidos de su carnet de identidad y ya el guardia de la puerta los sacará tostando.

Prueben ir a buscar información y ser un estudiante de colegio, una estudiante universitaria, y vivirán la más humillante de sus experiencias de ciudadanía.

Prueben ir a buscar información que incomoda munidos de un carnet de identidad, prueben a buscar información y les ganará el cansancio, el peloteo, el vuélvase mañana, el mande una carta.

Prueben a navegar en la red buscando información precisa actualizada y transparentada y les auguro la pérdida de horas y horas de búsquedas en vano.

Me quejo muchas veces de la mala calidad de los periódicos. Recuerdo con nostalgia el semanario Aquí cargado de información; hasta he llegado a tener nostalgia del semanario Pulso, que publicaba investigaciones.

No sé cómo hacen actualmente para llenar los periódicos, con razón me los ojeo en pocos minutos y me quedo con hambre de verdad, con hambre de democracia.

Leer en Página Siete

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