Menú Cerrar

Etiqueta: ministerio de justicia

Feminicidio: diez soluciones

Convertir la fuerza de lucha contra la violencia en un servicio civil compuesto por abogadas, psicólogas y trabajadoras sociales con un enfoque feminista, que crea en la palabra de la víctima, que actúe con celeridad, sin burocracia y que cuente con un servicio forense, donde también se certifique violencia psicológica. El modelo de este trabajo es el de Mujeres en Busca de Justicia, que gestionamos hace 10 años con éxito y se los podemos ofrecer para extenderlo a todo el país.

Establecer un baremoforense que hoy no existe. La violencia física es la única que se certifica de forma arbitraria y mayormente minimizada.

Que la Asamblea Legislativa organice una comisión de auditoria jurídica de todos los casos de feminicidio que ameriten, a modelo de la intervención de la Clínica de Derechos Humanos de la Universidad de Harvard, con un presupuesto igual al de la comisión que investigó los papeles de Panamá, no para sustituir el trabajo del Poder Judicial, sino para fiscalizarlo.

Convertir los albergues para mujeres que sufren violencia en albergues para violentos, donde ellos queden bajo el techo del Estado; ellos tengan que abandonar la casa, ellos tengan que pasar talleres y hacer manualidades para pagar su sustento.

Reformar la Ley 348, no bajo la lógica de endurecer las penas; el documento de corrección se lo entregamos en mano propia al exdiputado Canelas, a la exsenadora Montaño y otr@s. La Ley 348 debe tener como sujeto pasivo de la ley a las mujeres y no a los hombres; hoy los violentos abren caso usando la 348 contra sus víctimas. Se debe ofrecer la posibilidad de solucionar, en acuerdos completos, los casos de violencia, asistencia familiar, división de bienes, etcétera, en audiencias conciliatorias supervisadas por equipo multidisciplinario, como lo hacemos nosotras; acuerdos que luego son homologables por juzgados.

La víctima debería poder elegir qué vía tomar, así bajaría la carga procesal.

Crear más juzgados y fiscalías especializadas en violencia.

Se necesita la declaratoria de alerta roja nacional contra la violencia machista para tener dinero y no sólo palabras para salvar la vida y la libertad de las mujeres.

El servicio de antecedentes de violencia se ha convertido en un requisito oneroso y burocrático que no sirve a las víctimas; no hay un solo caso que figure, pues sólo entran a la base de datos los casos que tienen sentencia judicial. Con la sola imputación debería figurar el nombre del victimador, como antecedente que tiene juicio abierto.

El mensaje de todo feminicida es el cuerpo de su víctima, por ello la crueldad y las características de los feminicidios: no únicamente se aniquila a la persona, sino que se comete formas de violencia que implican el mensaje de crueldad, humillación y denigración. Cada feminicidio genera identificación en otros victimadores, que se ratifican en la necesidad de “resolver” sus conflictos con sus parejas con la muerte.

Está comprobado que tras un feminicidio acontecen dos o tres más; ubíquense, estamos ante una forma de “epidemia”, de “masacre”. Por eso la justicia reproduce justicia y la impunidad reproduce impunidad.

Es urgente hacer un análisis a profundidad del feminicida y construir, con base en ese análisis, espacios de desidentificación social entre feminicida y “hombría”. Es para ello que he solicitado a los ministerios de Gobierno y de Comunicación me permitan la entrada a las cárceles del país para sostener entrevistas grabadas con feminicidas, violadores, padres irresponsables, etcétera, para realizar un estudio que permita confrontar a la sociedad y los hombres con la visión de los victimadores.

La propuesta comunicacional es urgente y solicito, una vez más, desde esta palestra, se me permita realizarlo, pues tengo todos los instrumentos teóricos para llevarlo adelante. Al Estado no le costaría ni un peso. No pido pega, ni dinero, sino simplemente entrar con mis equipos de registro a las cárceles del país para hacer el estudio.

Pueden plagiar estas propuestas, lo importante es que se las haga. El estudio que propongo sólo lo puedo hacer yo porque se necesita mucho conocimiento para que ofrezca resultados, y no se preocupen, no quiero ser diputada, senadora, ni pinche del sistema político; me interesa transformar la sociedad, no encaramarme en un cargo.

Compartir

¿Qué es la justicia patriarcal?

El aparato de justicia: Policía, jueces, fiscales y forenses incluyendo el Código Penal tiene una estructura y origen patriarcal que sigue vigente, por eso resulta imposible que ese aparato le dé solución a la cuestión del feminicidio, acoso sexual, violencia machista, irresponsabilidad paterna, violación sexual que son delitos mayormente y masivamente cometidos contra las mujeres.

Se han producido leyes parche que han demostrado no resolver el problema y que pueden revertirse en contra de las mismas mujeres.

La pregunta no es si la ley sirve o no, en principio se supone que es útil aunque cotidianamente muestra su inutilidad pues si de conseguir justicia se trata, siempre las más pobres, las más criminalizables como son las mujeres en prostitución, las trans o las lesbianas, quedan en la cola del sistema sin posibilidad de acceso a la justicia.

Los casos van por orden de prioridad racista, clasista y homofóbica. Lo mismo si se mide al victimador. Los más pobres de entre los hombres bajo una lupa clasista, racista y homofóbica serán considerados posibles victimadores y mientras más arriba en la escala social esté el victimador, menos posibilidad de juzgarle como victimador tiene la víctima.

En provincia, por ejemplo, las víctimas de antemano no son dignas de obtener justicia. Por eso, si la joven violada en Mairana no hubiera sacado los videos al Facebook, no hubiera accedido jamás ni a los medios de comunicación, ni menos aún a alguna forma de justicia. De hecho, la fiscal liberó al violador a pesar de las pruebas contundentes. Fue la astucia de la joven y sus estrategias creativas las que le posibilitaron la justicia que ella, para subsistir en provincia, necesitaba.

Justicia patriarcal es que la palabra de la víctima no tenga valor, que en un juicio por violación ella tenga que probar su inocencia, que una mujer que aborta sea penalizada, pero el aborto masculino sea legítimo.

Justicia patriarcal es que toda madre sea susceptible de ser vigilada judicialmente sobre el cumplimiento de una maternidad “buena”, pero que todo padre pueda presentarse ante un juez teniendo hij@s de diferentes parejas que no  puede mantener y que se fije la asistencia familiar, no sobre la base de las necesidades de subsistencia de las wawas, sino sobre la base de  la irresponsabilidad y comodidades del padre irresponsable que jamás se sentirá en la obligación jurídica, no sólo de criar y educar a las wawas, sino ni siquiera de ponerse un condón.

Justicia patriarcal es que un forense minimice las lesiones de una víctima de violencia machista, pero que cuando una mujer se defienda de su victimador, ella sea considerada no víctima, sino victimadora.

Justicia patriarcal es que toda víctima necesite de un abogad@ para ser representada y que no sea el Estado mismo, a través de la Fiscalía, que la represente.

Justicia patriarcal es que la víctima tenga que convertirse en investigadora porque la Policía ha convertido en rutina los feminicidios y no tiene la voluntad ni la pericia de recabar las pruebas.

Justicia patriarcal es que el sistema en su conjunto le achaque al alcohol, la fiesta o el deseo de libertad sexual las causas de la violencia machista, pero no así a la educación, al concepto de familia, a los patrones de los medios de comunicación o al discurso misógino del Presidente.

La justicia patriarcal quiere aislar cada caso para evitar el aglutinamiento de las víctimas y la crítica al sistema que sostiene, produce y legitima esa violencia. Busca las causas que la produjeron en teorías criminalísticas que conviertan a la víctima en responsable de la violencia que sufre.

Todo el sistema intenta intervenir sobre la víctima y no sobre el victimador. Ella sufre violencia machista no porque quiso emanciparse, sino porque es “carente de autoestima”, no porque se está rebelando, sino porque sale a bailar o se viste con escotes.

El victimador jamás es interpelado. Se lo encierra en una cárcel donde el tipo de reclusión será rifada por la Policía sobre la base de la extorsión económica que contra el victimador pueda utilizar la Policía.

No hay casas para maridos golpeadores donde ellos cocinen, cosan, tengan horarios de entrada y salida y hayan tenido que dejar las casas donde vivían, pero hay casas de refugio tipo cárcel para mujeres víctimas de violencia machista.
Compartir