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Etiqueta: violencia machista

¿Qué hubieras hecho tú?

La historia que voy a contarles es la clave que nos falta para entender la sucesión de violencias machistas que nos ahogan. Es la historia que los medios ni encuentran, ni buscan, ni sacan porque es la historia de la salvación provocada por una misma; es la historia de la decisión firme y dolorosa de una mujer para acabar con la violencia.

María Soledad Medrano Siñani, una mujer campesina habitante de Pucarani, a hora y media de camino a pie desde el pueblo hasta su comunidad, se despertó con los sollozos de su hija que estaba siendo violada por su marido borracho. Hasta ahí una escena que todos conocemos y que se repite una y otra vez. Una escena que los medios suelen describir con demasiada frecuencia, pero que queda congelada en la escena de violación que todos contemplamos sin ponerle remedio alguno, como asumiendo que debemos vivir para ser violadas y asumir la condena como parte de la vida.

María Soledad no se quedó petrificada, no se hizo la dormida, no fue cómplice de su marido violador; sino que se levantó, lo golpeó, lo estranguló, lo cargó en la carretilla y lo fue a botar a la zanja del camino, donde él murió congelado.

¿Qué hubieras hecho tú?

María Soledad no pensó en llamar a la Policía porque allí, donde ella se encontraba, era simplemente imposible contar con la Policía. Pero si María Soledad hubiera estado en El Alto o en cualquier zona periférica de la ciudad, la Policía tampoco hubiera sido una opción, porque no llega, no viene o llega tarde.

No pensó tampoco en buscar ayuda en la comunidad, porque la tan enaltecida y nombrada comunidad aymara no es el paraíso comunitario del que muchos sin conocer nada alardean. Ella decidió resolverlo por sí misma en el minuto en el que la violación estaba ocurriendo, porque esa solución era simplemente impostergable.

Al día siguiente, cuando se encontró el cuerpo, fue precisamente la comunidad misma que denunció a María Soledad. Ahí sí hubo levantamiento de cadáver y Policía, y el Estado le otorgó un abogado de oficio que seguramente no habla aymara, y, sin comprenderla muy bien, la indujo a declararse culpable. Ahora está encarcelada en Obrajes, sin posibilidad ninguna de defenderse, convertida en una criminal y separada de su hijita.

Su hija está pastoreando sola los animales en la comunidad, no le hablan en el colegio. Ha decidido ya no asistir a la escuela y está viviendo la más espantosa pesadilla, al punto que está atrapada en una situación traumática.

Cuando nuestra abogada Heidi Gil llegó a buscar a la niña, ella se abalanzó sobre su cuello, llorando, rogando que salvemos a su mamá. Podemos contar esta historia en primera persona porque la leyenda que venimos construyendo hace años hace que el llanto sin consuelo de María Soledad en la cárcel llegue a nuestros oídos.

Estamos a punto de liberarla con perdón judicial. Suponemos que saldrá de la cárcel de Obrajes a la cárcel de la comunidad, donde enfrentará muchísimos problemas, donde un contexto machista y cruel probablemente no la deje insertarse, porque representaría un mal ejemplo, porque representaría una ruptura con la lógica de violencia machista. La comunidad ha hecho su propio juicio y la ha entregado a la Policía como si fuera una asesina.

María Soledad no es una asesina porque no quiso matarlo, lo mató defendiendo a su hija ante una violación.

María Soledad es para nosotras un gran ejemplo de legítima defensa de su hija y creemos que jamás debió ir a parar a la cárcel, pero estamos sumergidas en un sistema jurídico idiota, un sistema jurídico que no le ofreció protección, que no le ofreció un juicio justo, pero que sí la ha condenado.

Te pregunto: ¿qué hubieras hecho tú en el lugar de María Soledad? Ella sólo podía hacerse cómplice del violador o salvar a su hija de la violación, no tenía otras opciones y su acción fue la más justa, la más digna, y el mejor ejemplo para todas las mujeres de este mundo.

Su historia es la pieza que siempre nos falta para entender que con la violencia machista hay que acabar, es una pieza que nos falta porque nos la esconden.

María Soledad no es una asesina, es una mujer que actuó en legítima defensa, es una mujer que debe ser liberada y para la cual no hay país, lugar, ni comunidad donde se inserte.

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No trago tu semen, vomito tu humillación


Paz Estenssoro fue un feminicida que sustituyó una mujer por otra y para hacerlo enloqueció a su compañera de vida; no la dejó huir ni separarse, porque no podía soportar su libertad, y, en lugar de divorciarse, optó por eliminarla para juntarse con La Chichina, que prácticamente cogobernó este país.

Banzer fue fundador de varios prostíbulos privados a puerta cerrada para los jefes militares y, precisamente. El auge de Gloria Limpias se remonta a la dictadura, en la que ella fue proveedora de mujeres para los militares. Mujeres que representaron mercancía a cambio de dinero, influencias y poder.

En el caso de Sánchez de Lozada, se decide, en la decadencia de su gobierno, inventar un supuesto romance de él con la Verito Larrieu, como mecanismo para remontar la popularidad del Presidente, montado sobre la popularidad de la Magnífica de aquel tiempo, y “refrescar su imagen viril”, para, automáticamente, refrescar su imagen política.

Los gobiernos son una larga historia que no se ha escrito, donde los cuerpos de las mujeres han funcionado como moneda de intercambio y como objeto con el que los gobernantes han proyectado su imagen de poder, haciendo de virilidad y poder político una misma cosa. La paridad en nada ha alterado ese concepto de mujer objeto, porque todas, sin excepción, empezando en Gabriela Montaño y terminando en Mirtha Quevedo, han asumido que avalar esto; es parte del contrato político al que se han adscrito.

Evo Morales nos ofrece en su sexualidad, expuesta como identikit político, un cuadro tan grotesco y decadente como el de sus predecesores: hacer del poder político un lugar desde donde el mayor acto de poder se sintetice en el acceso de posesión sexual de cuanta mujer se le antoje.

Cometió con Gabriela Zapata el delito de estupro, cuando ella era menor de edad. Actualmente, con jóvenes integrantes de equipos de fútbol femenino, continúa cometiendo este delito, a cambio de pequeñas prebendas y con una impunidad reforzada. Nadie ya se atreve a denunciarlo.

Comete el delito de irresponsabilidad paterna, obligando e intimidando a las mujeres, a través de la persecución y encarcelamiento de Gabriela Zapata, a que ninguna se atreva a pretenderse como pareja suya, ni menos lo enjuicie o denuncie como padre de sus wawas. Esto, en un país en el que la irresponsabilidad paterna, que es aborto masculino legalizado y permitido, es un fenómeno social gigante.

Ha creado una atmósfera discursiva en una sucesión de humillaciones públicas de las mujeres, insultos y bromas dirigidas a construir complicidad machista entre hombres.

La forma como eso repercute en la sociedad es en una réplica a gran escala en todos los escenarios: sus guardias, sus ministros, sus parlamentarios reproducen estas formas con las mujeres que ellos tienen a mano. Por eso tenemos diputados violadores, legisladores regionales violadores, violentos, y padres irresponsables en colecciones dentro del partido y dentro de sus organizaciones.

Ahora, en su último discurso, en otras palabras, nos dice que una mujer jovencita lo que aspira es a cargar la wawa del Evo, para tener un hijo suyo sin “molestarle”. ¿Es lo peor que ha dicho? No. ¿La periodista que lo contemplaba sin derecho a pensar le ha exigido respeto? No.

Evo Morales expresa en esta última afirmación que es un honor para las mujeres dejarse embarazar por él y que, inclusive, ellas se ofrecen.

El Presidente confiesa que utiliza sus actos públicos para enganchar sexualmente a las menores asistentes a esos actos. Pero hay que preguntarse ¿por qué lo dice públicamente, en un canal de televisión, sin presión alguna?

Lo dice como compensación de la decadencia física sexual en la que por su edad se encuentra. Es un fenómeno típico que la sociedad ha bautizado como “viejo verde”.

La anécdota es inverosímil porque no hay mujer boliviana dispuesta a cargar la wawa de un padre irresponsable, sin exigir la asistencia familiar correspondiente, a la cual, además, tiene derecho. Lo que está claro es que el Presidente nos la cuenta y la inventa porque necesita presentarse como virilmente apto para tener sexo con una menor de edad.

Lo que ha hecho una vez más el Presidente es cometer un acto de violencia machista pública e impunemente.

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Autodefensa feminista


Panelistas:

  • Maitena Monroy, especialista en autodefensa feminista
  • Heidi Gil, abogada de Mujeres en Busca de Justicia
  • Paola Gutierrez, trabajadora social de Mujeres en Busca de Justicia
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