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Etiqueta: tribunal supremo electoral

Sala plena funeraria de la democracia

Nos acercamos fácilmente por todos lados, llenando de tinta azul el ingreso del Tribunal Supremo Electoral. Los policías que allí estaban ya tenían hambre y se habían recalentado dentro de sus costosos uniformes de guerra. No atinaron a nada y quisieron reaccionar haciendo un simulacro porque ya estaba consumada la acción sorpresa. Una acción tan inútil como divertida, cargada de buen humor e irreverencia.

No fuimos a contar ningún secreto, no pretendimos hacer sino un gesto de manchar al Tribunal Supremo Electoral con tinta azul, que, sin metáfora de por medio, delata el hecho público de que se han vendido al MAS y han perdido hasta la última gota de credibilidad.

Fue divertido sentir cómo ni la Policía tiene ya mucha convicción en defenderlos de lo que es indefendible, por eso ninguno quiso limpiar las manchas, y como no había personal de limpieza, ahí estuvieron hasta que llegó una funcionaria de alto rango (alguien me dijo que era una de las nuevas desconocidas vocales, pero no lo puedo asegurar).

Ella sacó personalmente la manguera para intentar, sin mucha convicción tampoco, manguerear su acera. Quise hablar con ella, pero al acercarme huyó corriendo hacia su ratonera. Nos retiramos cuando nos dio la gana; no huimos y no atinaron tampoco a arrestarnos porque no les conviene.

Lo que hicimos no es la foto que les sirve. No es un grupo de machitos queriendo patearse con la Policía, fue un grupo de mujeres llenas de risa y alegría y eso es imposible de criminalizar. Tampoco los medios supieron cubrir la noticia porque esperan el lenguaje masculino de enfrentamiento, porque lo que quieren son jalones y porque no saben sacar ya una fotografía que nos haga reír a tod@s.

La acción del domingo fue por fuera de los colectivos del 21F, porque la resolución del Tribunal nos atinge a tod@s y queremos dejar claro que las llamadas plataformas no tienen ninguna capacidad de recoger la indignación, el sentimiento o la representación de los dos millones seiscientos ochenta y dos mil quinientos diecisiete de nosotr@s que votamos por el No, número que seguramente ha ido en aumento porque Evo y su gobierno están en un proceso de degeneración acelerado.

Las plataformas son un ente tan amorfo y tan desideologizado que da vergüenza ajena ver sus movilizaciones en nombre de resentimientos de clase, en los que la palabra democracia es sólo el disfraz  con el que  camuflan visiones fascistoides, racistas, misoginas y fundamentalistas.

Hicimos la acción por fuera de las plataformas y  de su paro del jueves, porque no se puede defender la democracia desde el racismo, como de hecho sucedió. No se puede defender la democracia desde la misoginia y el machismo, porque la democracia no se defiende desde la homofobia. La palabra que más corearon en su paro fue la de maricón. Y con todo eso no estamos de acuerdo, y no nos representan y no creo que logren representar a una sociedad que votó por un indio, por una vocación justamente antiracista, por una vocación de cambio social.

No coreamos el “Bolivia dijo No”; coreamos “Democracia en mi país, en mi casa y en mi cama”,  porque la transformación feminista que soñamos no se restringe a los miserables inútiles derechos que el gobierno de Evo Morales dice que nos regaló, como el 50% de la representación partidaria, cuando los partidos son una mugre mafiosa que no queremos limpiar con nuestros nombres.

El problema ante el cual estamos como sociedad no es que Evo esté habilitado para las próximas elecciones, sino que el Tribunal Electoral está inhabilitado para administrar en este país los votos de la gente, el cumplimiento de los resultados o los datos de los y las bolivianas.

El problema ante el cual estamos es que el Gobierno está alentando un clima de  polarización, un clima de cinismo que nos conducirá a horas de dolor y sangre.

Evo Morales quiere ser reelecto a costa de la democracia, a costa de que se vaya fascistizando el país, a costa de condenarnos a un sistema de partidos políticos retrogrado. Evo Morales quiere  reelegirse conduciendo a los bolivian@s a patadas al borde del abismo para luego sujetarnos, fingiendo ser el salvador.

Nos retiramos del Tribunal dándoles la mano a los policías y prometiendo que nos volveremos a ver. Ninguno quiso responder el saludo. No damos patadas, damos alegrías y juntamos todas las rebeldías.

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Adolescente de GACIP, cuestiona que los policías solo se acuerdan dos veces al año de ellas y ellos

warmin 23

  • En el día internacional de la niñez, las y los niños son utilizados para el beneficio de la empresa mi teleférico.
  • Dos mujeres jóvenes rompen esquemas al entrar a carreras denominadas de hombres
  • Ciudadanas de a pie dicen que no confían en el tribunal supremo electoral, porque aparecieron como militantes en partidos que ellas no eligieron
  • Adolescente de Gacip, cuestiona que los policías solo se acuerdan dos veces al año de ellas y ellos.
  • Un agricultor del departamento de Chuquisaca se vino a la ciudad de La Paz a comprar un tractor
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Que te vaya bonito


Imagino a Katia Uriona redactando su larga carta de renuncia de un puesto de poder que muchos y muchas envidiarían. Y claro, la renuncia a un poder deseado parece de inmediato un gesto de dignidad, digno de aplauso.

Sin embargo, leyendo la carta parece más bien una carta de divorcio de alguien que asegura haber aguantado muchos abusos y no poder soportarlos más.

Cuando nos dice que se dedicó a recuperar la credibilidad del cuarto poder del Estado nos recuerda que la anterior directiva fallida fue obligada a renunciar y fue ella, y su cara la que sirvió de trapo de limpieza.

En su carta nos recuerda ya que ha aceptado niveles de abuso contra la democracia inaceptables, pues las elecciones judiciales fueron un simulacro fallido en el que se posesionó a autoridades que no contaban con el mínimo aceptable de votos, y ella no dijo nada. El país sabe que esas autoridades fueron electas a dedo, convirtiendo las elecciones judiciales en parte de la crisis de la justicia.

Katia Uriona olvida mencionar que fue su gestión la que se ocupó de desarrollar la Ley de Organizaciones Políticas, una ley que reactiva a los partidos políticos como los monopolizadores de la representación política, al punto que el absurdo que estamos viviendo ahora de ver un Paz Zamora como candidato del Partido Demócrata Cristiano o a un Carlos Mesa como candidato del Frente de Izquierda Revolucionaria es resultado de una ley que le da la espalda a la historia.

Es su ley la que acelera la electoralización tóxica del país yendo a elecciones primarias absurdas. Esa ley fue deliberada, en el más puro estilo de las ONG de donde viene Uriona: un proceso de hoteles de cinco estrellas, en cómodos seminarios, sin deliberación ni participación, sino de un grupo de dizque expertos amiguitos suyos.

Dice ser militante de una democracia intercultural, se olvida que vivimos en un Estado plurinacional en el que los derechos políticos de los pueblos indígenas son violados todos los días, reduciéndoles a representaciones parlamentarias mínimas que no tienen en los hechos ningún peso. Es el Tribunal Electoral el que ha convertido las autonomías indígenas en meras entidades burocráticas.

Peor aún en lo que se refiere a los derechos políticos de las mujeres, como típica tecnócrata de género que es, no ha hecho nada en lo que a los feminicidios, humillaciones y trágicas historias de las mujeres que, especialmente a nivel de los municipios, han ocupado concejalías.

¿Alguien recuerda alguna gestión seminario, conferencia de prensa o alguito que haya hecho Uriona frente a la violencia machista que se ejerce contra mujeres en el ejercicio de representación política

El Presidente y Vicepresidente, en nuestras narices, hacen campaña con bienes del Estado y ella no dijo nada. La firma de libros de militancia es obligatoria en las oficinas públicas, se hacen cobros abusivos en nombre del partido y el Tribunal no dijo nada.

El Tribunal Supremo Electoral a cargo de Uriona no fue más que un contador aséptico y dócil, ciego sordo y mudo.

Su carta es una defensa amarilla de la democracia, no dice clarito que el referéndum es de cumplimiento obligatorio y que el presidente Evo Morales no puede repostularse. No dice clarito que la independencia del Tribunal Electoral es lo que está en crisis.

No dice que el Ejecutivo y el Legislativo hacen permanente abuso e injerencia en sus funciones y que hasta le mandan mensajes a través de medios de comunicación.

Katia Uriona, tecnócrata de género, disfrutó del poder de ser la presidenta del Tribunal Supremo Electoral; ahora que el momento más crítico de esta larga sucesión de abusos y debilitamiento de la democracia en Bolivia llega a un punto crítico, ahora que el problema principal de respeto de un referéndum quedaría en sus manos, cuelga la toalla, se va en “defensa de la democracia” y salva, no la democracia, sino su currículum personal.

Se va a refugiar nuevamente en su celestial mundo de jugosos sueldos y trabajo cómodo en sus ONG.

Así como el MAS ha tenido el cinismo de nombrar un ridículo Defensor del Pueblo, así como ha nombrado un Fiscal General sin méritos y dependiente afectivo del Ejecutivo, tendrá el cinismo de rearmar el Tribunal Electoral sin Uriona, buscando alguien más servil que ella.

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Una ley para monopolizar la representación política

Si hay una entidad desprestigiada en Bolivia, más que la Policía y más que la justicia, son los partidos políticos, porque la podredumbre que hay en los llamados movimientos sociales, el aparato de justicia o la Policía es una deriva del manoseo político partidario. Cuando te relacionan con un partido político es como si se manchara tu nombre y hasta hay masistas que prefieren presentarse no como militantes, sino como “simpatizantes” del proceso de cambio.

En un contexto así, el Tribunal Electoral lanza una ley de partidos y organizaciones políticas ajena a la realidad que vivimos, que tendrá como única consecuencia la monopolización masista de la representación política. Una ley que aparenta querer un sistema partidario plural, pero que tiene como objetivo apuntalar un monopartidismo.

Las listas de militantes que está recibiendo el Tribunal Electoral son el resultado de una relación de extorsión y chantaje: funcionarios del Estado están obligados a llenar libros para no perder su trabajo; éstos llenan los libros con parientes y amigos que les donan sus nombres. Como con eso no basta, buscan población cautiva que pueda firmar sin saber para qué lo está haciendo.

Otros llenan libros con la promesa de conseguir un trabajo a futuro; y los nombres que figuran en las listas de militantes no tienen, con el partido para el cual firman como integrantes, ningún vínculo político. La militancia, que para ser tal implica una relación ideológica se convierte en una relación clientelar utilitaria que pudre todo y que implica un proceso de desideologización. Es un chiste de mal gusto decir que con esas listas se harán las primarias.

Estamos frente a la construcción de una gran mentira colectiva, avalada por el Tribunal para seguir fomentando mafias y caudillismos.

La verdadera militancia política hoy en Bolivia está en las organizaciones que tienen causas por las cuales ofrecen su trabajo voluntario, por las cuales movilizan iniciativas y ofrecen propuestas: las causas animalistas, ecologistas, las causas feministas, las causas de los pueblos indígenas, las causas contra las formas de abuso de poder, las causas en torno de la salud, de la educación o de las personas con discapacidad; las causas de lucha contra el abuso tributario, por los derechos humanos, etcétera; todas las causas y gentes que quedan fuera del sistema político, que son convertidas en la ley de partidos políticos en causas que quedan fuera de la política en mayúsculas, para dejar dentro de la política las mafias partidarias.

Tampoco existe, en la nueva ley de partidos, una diferencia real entre agrupaciones ciudadanas y partidos políticos porque se consideran únicamente diferencias cuantitativas, haciendo de las agrupaciones ciudadanas construcciones semipartidarias. Las agrupaciones ciudadanas que debieron representar espacios políticos para otras formas de política, en los hechos, quedan reducidas a la forma partido con otro nombre.

De hecho, no hay una diferencia sino en el número de firmas. Los únicos niveles de diferenciación que entiende el supremo tribunal de la mentira son las diferencias territoriales: o haces política local o haces política nacional, no puedes hacer política sectorial; no puedes hacer política fundada ni en causas ni en sujetos, por lo que la nueva ley de partidos es una negación de las nuevas formas de política emergentes que quedan fuera por exclusión no por error. La nueva ley de partidos es una ley de exclusión del derecho a la política a la mayor parte de la ciudadanía, es una ley de expulsión de la política de los temas más importantes de la historia contemporánea.

Como si fuera poco, el 50% de financiación privada que acepta la ley para los partidos son cuotas obligatorias, que se saca de forma ilegal y abusiva, mes a mes, a l@s funcionari@s públicos. En el gobierno municipal de La Paz es según el sueldo, en el Ministerio de Desarrollo Productivo hasta 400 bolivianos y así sucesivamente, recaudando millones de donde no se rinde cuentas a nadie.

El problema no son las primarias, sino el concepto retrogrado de política con el que el tribunal supremo de la mentira está trabajando.

Y las mujeres, por si acaso, seguimos siendo cuota biológica sin contenido político alguno, y a eso le quieren llamar despatriarcalización.

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