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Etiqueta: política

Politodólog@s de televisión

Polifuncionales como el polifuncional de la Ceja te hablan de ecología, economía, violencia contra las mujeres, hidrocarburos, reservas naturales, etc., etc. Su versatilidad temática es directamente proporcional a la superficialidad con la que son capaces de hablar largo de cualquier tema. La ausencia de referencias demográficas, históricas, etnográficas o de otra índole es evidente. Hablan de partidos políticos dando por supuesto que estos existen, hablan de mujeres como si todas las mujeres pudiéramos ser englobadas en un mismo saco, lo mismo hacen con l@s jóvenes. Las personas con discapacidad y otras poblaciones directamente no existen. La Bolivia de l@s politólog@s de televisión es una tabla simple y plana compuesta de una sola variable, quien me paga o con quien tengo que quedar bien para acceder a una próxima consultoría y formar parte de la lista de invitad@s que avala el Ministerio de Comunicaciones o la llamada “oposición”.

No son imparciales: nadie lo es. Tienen sus propias posiciones políticas como tod@s nosotr@s pero no las explicitan por falta de honestidad, y porque sus mutaciones argumentativas están directamente ligadas a sus relaciones patronales que es lo que en última instancia no quieren revelar. Razón por la cual l@s he calificado como mercenarios.

Son parte del paisaje mediático, pero es en procesos electorales donde su monopolio de pantalla alcanza niveles altos.

Con cierta arrogancia hablan de la mala calidad de las campañas, de las falencias del uno, de las debilidades del otro. L@s llamad@s periodistas no tienen ni que pensar preguntas ni osar preguntar tampoco porque vienen con guion pre-escrito. Aplican de memoria las categorías que les manda la cooperación internacional y no son capaces de analizar ni siquiera su propia clase social. No ofrecen más que comentarios de sentido común, ante los cuales no puedo evitar pensar que no sirven para nada. No somos opas aunque como tales nos tratan.

Categorías fundamentales para la vida política de este país, como son el colonialismo, machismo, autoritarismo, corporativismo o nacionalismo no entran en su léxico, se ve que no tienen tiempo de abrir un libro.

Tal es la apropiación de espacio y el monopolio de opinión que creen tener, que había sido delito preguntarles por la presencia de la CIA en el proceso electoral boliviano o pretender que desde la politología expliquen el fenómeno de la aparición del coreano Chi. Pedirles que por honestidad expliciten sus simpatías o vocerías escondidas había sido agresión violenta contra su buen nombre. Patriarcas aludidos en la barricada a Diego Ayo piden juicio inquisitorial de ética periodística contra mí.

Piden que me paren, que me corten la lengua, que no vengan a mis barricadas como si fueran los patrones que pueden dictar órdenes al periodismo o a la sociedad. Dicen que es reprochable publicar gratuitamente en Radio Deseo la lista verificada de padres irresponsables con nombre, apellido y lugar de trabajo, lista que históricamente encabeza el presidente Evo Morales. Aunque la realidad social es que cobrar la asistencia familiar es un suplicio, la irresponsabilidad paterna “pan de cada día” y escuela de desamor para las wawas.

El gremio cierra filas, el calificativo de mercenarios les ha dolido porque les calza como guante a medida.

No voy a defender la barricada, que es un formato de entrevista y no un estado de ánimo, porque a esta altura está siendo estudiada en la universidad a través de tesis, goza de un público amplio y genera debate. Nunca invité un politólog@ para que me cuente cómo va el país, lo hice para poner en cuestión su papel y si ninguno más quiere venir nada pierde mi público, es más, podría sustituir el espacio por sanos consejos de culinaria ancestral con Emiliana Quispe. Este país es mucho más grande que su pequeño círculo y si tanto les trauma mi trabajo, cambien el dial y achiquen más su pequeño mundo.

Desde el primer segundo que osé hablar en la calle, escribir grafitis o gritar con hambre de democracia y justicia, me han querido tatuar como se marca al ganado cientos de veces. Ni sus amenazas ni sus armas me alcanzan; trabajo por fuera de los muros de su gheto social. Habito otro país y soy libre hasta de mi misma.

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El último militante

Si eres militante de un partido político porque tienes un trabajo en el Estado y el gobierno te obliga, presiona o chantajea para que a cambio de tu trabajo te afilies al partido de gobierno, entonces no eres militante, sino un secuestrado político que ha preferido cambiar su libertad de pensamiento por su seguridad económica.

Si eres militante de un partido político porque tu hij@ tiene un cargo en el Estado y ha tenido que llenar libros y libros, y le has hecho el favor de regarle tu nombre y el de todos tus amig@s,  vecin@s  y comadres para que no pierda su cargo, entonces no eres un militante, sino una madre afligida porque ante el desempleo gigante que hay sería una tragedia que tu hij@, que es el/la  únic@ que tiene un sueldo fijo,  pierda su pega.

Si eres militante de un partido político y tu militancia consiste en llenar papeletas vacías y meterlas en una ánfora para ganar unos 500 pesitos, gracias a que tu vecina dirigente te ha ofrecido el trabajo y lo haces porque es más ético tener dinero para comer que tener que robarlo, entonces no eres militante, sino una desempleada más que aprovecha la ocasión para ganar un dinero que necesita urgentemente para subsistir.

Si eres militante de un partido político pero en ese partido no hay formación política, ni discusión política, ni asamblea -donde no sólo escuchas, sino también puedes hablar y ser escuchada-; si  todas las decisiones partidarias ya están tomadas y eres sólo un número útil en las elecciones, entonces no eres militante porque el partido no tiene espacio de militancia política.

Si eres militante de un partido político y no tienes derecho de expresar tus discrepancias, ni tus ideas, porque esa actitud se considera peligrosa, disidente, ofensiva y sólo tienes que obedecer porque te pueden expulsar como a la Rebeca Delgado, por libre pensante, entonces no eres militante de un partido, porque no hay partido político, sino grupo de poder, que no es lo mismo.

Si eres militante de un partido político porque quieres ser candidato a presidente y estás inscrito en el tal partido para habilitarte como candidato y nada más, entonces no eres militante, porque no hay partido y la tal inscripción es un acto teatral que todos dan por válido, porque la política es una competencia de imposturas y teatralidades.

“El último militante” era el nombre de nuestro programa radial de discusiones con el actual ministro de Comunicación, Manuel Canelas. Justamente bauticé el programa con ese nombre con el afán de ironizar sobre la militancia política.

La pertenencia a una organización política, la discusión ideológica de ideas y propuestas son el alma de la política, pero en Bolivia han entrado en decadencia y degeneración.

No hay militantes políticos porque no hay partidos políticos y todo el aparato “electoral” está construido sobre la base de ficciones, mentiras, eufemismos, engaños y de matonajes, que recuerdan los que en su tiempo ejerció el MNR del 52. Aún recuerdo cómo en los barrios populares los dirigentes solían tener tres y cuatro carnets y gorras de partidos para acceder a las prebendas que los partidos regalaban. Ahora el MAS monopoliza el sistema de prebendas  con la misma lógica clientelar.

La política partidaria en Bolivia no es el escenario de las ideas, sino el escenario de la manipulación de las masas, masas para las concentraciones, masas para las votaciones, masas para las inscripciones. Masas manipulables sobre la base principal de la pobreza, de la ausencia de trabajo, de la ausencia de oportunidades limpias en las que concursar con conocimientos y no con colores políticos.

En el MAS hay una cúpula que lo decide todo, como otrora en el MIR o en la ADN. Las bases son clientelares,  ser de las bases es ser un peón, un pongo, un esclavo para pintar, para aplaudir y callar.

Por eso en Bolivia, en el sentido común de la gente, la militancia política es como “venderse” al partido, es la palabra más desprestigiada del léxico político. Ser militante no significa tener ideas o defender una ideología, sino ser un cliente barato del partido. Ser militante de un partido político es justamente haber vendido tus ideas por ambición, por ventaja, por oportunismo o por hambre.

Los partidos son un arma cargada de machismo, violencia y corrupción.

Leer en Página Siete

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