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Etiqueta: maternidad

Más urgente que las elecciones

¿Sabías que después del caso de Gabriela Zapata y debido a la institucionalización de la irresponsabilidad paterna en las filas del MAS, cuando una mujer quiere inscribir a su wawa con el apellido del padre primero, sin la presencia del padre, no le dejan?

Le exigen la fotocopia del carnet del padre. Es el Registro Civil el que debería comunicarse con el padre y comunicarle que la wawa ha sido inscrita con su apellido, para que sea el padre el que si cuestiona esa paternidad haga el juicio.

Hoy las cosas se hacen al revés, cientos de miles de madres quieren inscribir a sus wawas con el apellido del padre para seguir un juicio por asistencia familiar y obtener la asistencia familiar para criar a la wawa. Por muy increíble que parezca, en este Estado patriarcal, es la madre la que tiene que hacer el juicio y es ella la que tiene que pagar el examen de paternidad en el IDIF. ¿Sabías que ese examen cuesta 2.000 bolivianos y es impagable?

¿A qué se debe tanta violencia contra las madres a favor de los padres irresponsables?

Se debe a que la madre en el Estado patriarcal es sospechosa de quererse aprovechar de un pobre padre irresponsable, que ha abortado con el aplauso del Estado wawas en todas partes.

¿Sabías que si una mujer con su wawa quiere sacarle su Certificado de Nacimiento ante este Estado patriarcal y ponerle por primero su apellido y por segundo el apellido del padre, l@s oficiales del Registro Civil le niegan la inscripción y no respetan su voluntad?

Aunque figura ese derecho en el nuevo código de familias, hace más de cinco años el Registro Civil no se ha tomado la molestia de sacar el reglamento y de hacer un formulario digital para que dicha forma de inscripción sea posible.

El Registro Civil depende del Órgano Electoral, encabezado por María Eugenia Choque. Nosotras nos cansamos de pedirle reuniones para que atienda esta negación de ciudadanía que sufren las mamás bolivianas, tratadas como máquinas reproductoras, sin voz ni derecho.

Todos los candidatos se han dedicado a negar a las mujeres el derecho al aborto en las primeras semanas del embarazo, como si eso fuera un horror; pero son incapaces de cuestionar la negación de la paternidad, que es una forma de aborto masculino a wawas nacidas o en edad escolar. Edades en las que esas wawas experimentan en su corazón el desprecio del padre.

Nos movilizaremos el 11 de octubre de este viernes rumbo al Registro Civil para exigir tres simples cosas:

Que el Estado haga un formulario electrónico para el Certificado de Nacimiento en el que la madre tenga el derecho de inscribir a su wawa con su apellido como primero.

Que el Estado haga un segundo formulario electrónico para el certificado de nacimiento, en el que la madre tenga el derecho de inscribir a su wawa con el apellido del padre, sin la presencia del padre. Y, por último, que si ese padre, señalado como tal, no quiere asumir esa paternidad, sea él el que tenga que hacer el juicio, pagar la prueba de ADN y hacer la gestión y el gasto; no la madre.

Se trata de una movilización por fuera del proceso electoral, porque ese proceso, como a la mayor parte de l@s bolivian@s, nada interesante propone.

Nos mueven cuestiones más urgentes que las elecciones. Queremos, además manifestar nuestra rabia por el maltrato que reciben las mujeres en los registros civiles, maltrato racista y clasista: las desinforman, no les explican, las tratan como si les estuvieran haciendo un favor, porque el primer Certificado de Nacimiento es gratuito y eso determina el nomeimportismo del funcionario que gana por certificado que emite.

El Estado entero funciona como si la familia nuclear patriarcal de papá, mamá e hijitos fuera la única valida en la sociedad; no se han tomado ni siquiera la molestia de enterarse de que ese tipo de familia es sólo el 25% de familias; hay otro 25% de familias en las que la mama es el eje de una familia con wawas, en la que el padre se ha largado, y el 50% restante es una pluralidad de familias en las que entran tíos y comadres, abuelas y sobrinos.

Para los partidos, lo que está en juego es el poder, para nosotras, lo que está en juego es nuestra vida, nuestra felicidad y nuestro espacio más básico. Por eso nos toca movilizarnos a pesar de las elecciones. Te esperamos, con muñecas, a las 9:00, en la Virgen de los Deseos, para hacernos sentir.

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Maternidades


¿se puede politizar la maternidad?

¿qué es lo peor de ser madre?, ¿se puede escapar de la vigilancia social sobre la madre?

Anni Centellas – Mamá de una niña y un niño – Doula integrante de Doulas Kawsay (Centro de Apoyo a la Maternidad)

Ana Nuñez – Abogada – Mamá lesbiana de un niño

Ana Choque – Presidenta del Consejo de Parteras de la ciudad de La Paz

Raiza Zeballos – Psicologa Feminista – Integrante de Mujeres Creando – Redactora del Capitulo de Maternidad “Yo pari una Luchadora” del libro “Soy lo prohibido”

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Dios padre todo poderoso

Una de las formas de paternidad más frecuentes es la paternidad ausente, la paternidad vacía, en la que la wawa escucha nombrar al padre como omnipresente y como figura principal de su vida, en la escuela y los medios de comunicación, pero lo experimenta como un ser ausente, como el que se fue, el que la rechazó, el que no aguantó, el que huyó abortando al hijo o a la hija ya crecida, apenas nacida o en pleno embarazo de la madre, como el caso de Rodolfo Machaca o Evo Morales.

Esa paternidad como vacío, como ausencia, como huida debería llamarse aborto paterno, una forma de aborto que se comete contra un ser humano existente y que no se penaliza, y que ni siquiera se nombra como tal. Esa es una de las formas de paternidad todopoderosa que ejerce el poder de negar al hij@ sustento, amor, dedicación, crianza y cariño.

Otra de las formas de paternidad es la que se considera “cabeza de familia”, cercenando la cabeza a los hijos, las hijas y la madre. No crean que es un apelativo ya superado; de hecho, el último Censo en Bolivia aún tomaba en cuenta esa categoría. La paternidad como cabeza de familia es una paternidad donde nadie más tiene derecho a su palabra y su visión propia de la vida, y la cotidianeidad y el padre está ahí, como cabeza para ser obedecido y visto como única voz de mando.

Esa paternidad también es una forma de paternidad todopoderosa que se atribuye su lugar en la familia como derecho incuestionable a la última palabra y como encarnación de la “ley”. Es desde esa visión que en la vida de las wawas la responsabilidad sobre ellas se masculiniza; la escuela habla de padres de familia, ignorando a las madres; el Estado habla de padres de familia y le atribuye al padre derechos sobre las wawas por encima de la madre. El apellido paterno es el derecho del padre de asignar un lugar social a la wawa.

Venimos luchando por el derecho de la madre de dar apellido a las wawas, porque el Registro Civil, bajo el comando del Tribunal Supremo Electoral, no ha creado el formulario para que una madre pueda inscribir a su wawa con su propio apellido como primero. Hemos solicitado a María Eugenia Choque, presidenta del Tribunal Electoral y responsable del Registro Civil, resolver esto urgentemente, pero, encerrada en su prepotencia, está desatendiendo una demanda tan fundamental, como es el hecho de que las mujeres que así lo deseen puedan dar su apellido a sus wawas y no tengan las wawas que ser nombradas con el nombre de un padre que las ha abandonado.

La paternidad todopoderosa es dar nombre aunque no des absolutamente nada más. El poder de nombrar como un poder masculino frente a la imposibilidad de las mujeres de dar nombre aunque den la vida.

El padre como hijo de Dios que está por encima de la madre no asume las tareas que se las atribuye a la madre, como es cuidar de la wawa, limpiarla, darle de comer, alzarla, criarla, curarla cuando está enferma, limpiarle los mocos y las cacas. Si el padre asumiera esas tareas de crianza, su rol como dios todopoderoso se diluiría en una cotidianeidad que el padre no quiere asumir por comodidad, pero también por poder. El poder de no ser madre que da la vida, sino de ser padre que manda sobre la vida y puede quitar la vida.

El hombre que mató a su compañera y a sus wawas en Yacuiba es el ejemplo trágico más reciente de ese padre que como último acto de mando mata. “No puedo mandar sobre sus vidas, entonces se las quito”.

Las mujeres ya le hemos dado la vuelta al mensaje cristiano y decimos: hágase en mi  voluntad. Los hombres le tienen que dar la vuelta también y poder entender que  todo feminicida se siente un dios todopoderoso, con el derecho de quitar la vida.

El día que cualquier hombre entienda la paternidad como algo a ganar, cargando en el aguayo la wawa, algo a ganar criando y limpiando mocos; el día que el mensaje cristiano de paternidad como mando, poder y obediencia sea superado por la historia ese día habrá paternidad.

Entretanto, lo que hay no es paternidad, sino patriarcado, que es, entre otras cosas, una  forma deshumanizada de reproducción de cadenas de mando que terminan en trágicas historias sangrientas de muerte, dolor y soledad, como la del mismo Jesucristo, que por obedecer a su padre se priva de gozar de la vida para morir sacrificado en su nombre.

Leer en Página Siete

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