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Etiqueta: iglesia católica

Machismo con falda

Es así como en la cumbre que marca la decadencia irreversible de la Iglesia católica ha calificado el Papa al feminismo. Su cumbre es el principio del fin y su decadencia, y destrucción interna tiene que ver justamente con la forma cómo ha tratado y visto la Iglesia a las mujeres en el mundo. A las monjas como esclavas sexuales y trabajadoras domésticas en relaciones de servidumbre, a las laicas como fuente del pecado y portadoras de las tentaciones,  al pensamiento de las mujeres como innecesario y tangencial.

Así nos han tratado históricamente, persiguiendo nuestro pensamiento y nuestras vidas y así han acabado, ahogados en un mar de semen putrefacto, donde el que no es violador pederasta es encubridor del otro.

 La Iglesia católica es junto a los ejércitos una de las instituciones que ha apartado completamente a las mujeres y se ha constituido en un bastión masculino, el resultado de un proceso de exclusión histórico es el que tienen en sus manos; una institución a la que el mundo entero le reclama hoy lo más básico: respeto a los niños y niñas que tuvieron el monopolio de educar y que se dedicaron a violar.

La Iglesia  ha dedicado sus más grandes esfuerzos pastorales a la represión de la sexualidad, a la conversión del sexo en un pecado y a desarrollar un catecismo sexual que nos heterosexualice a la fuerza, que nos convierta en abnegadas culposas, represoras y resignadas madres de Dios. La Iglesia ha endiosado a los hombres sobre la base de humillar y denigrar a las mujeres.

Silvia Federici, en su libro Caliban y la bruja, nos refresca la memoria de cómo es que los curas adoptaron la sotana, precisamente las faldas.  Aconteció en la temprana edad media, cuando la Iglesia había logrado apartar a las mujeres del culto, convertirlas en secundarias y, por lo tanto, adoptó las faldas para obispos, cardenales y curas en una labor de sustitución simbólica de las mujeres dentro de la Iglesia.

Los que históricamente representan machismo con falda son los curas, los obispos y los cardenales. El Papa, además de no haber aportado ni una sola solución histórica a la pederastia en sus filas, lo que está haciendo es proyectar su resentimiento contra las mujeres.

El feminismo representa hoy la lucha social más desafiante porque no le basta con cuestionar las estructuras públicas de la sociedad, sino que apunta a las estructuras privadas: la familia, la casa, el amor, la maternidad o la paternidad. No lo hace de forma gratuita y arbitraria, sino porque sin el cuestionamiento de esas estructuras es imposible revolucionar la sociedad; sin el cuestionamiento del universo privado y de la forma cómo se distribuye el tiempo libre, la comida o la garantía de crianza de las wawas es imposible el derrocamiento del capitalismo y del patriarcado.

El feminismo representa hoy la lucha social más desafiante porque lejos de pensar que es la reivindicación de las mujeres para ocupar el lugar del “macho” es el cuestionamiento del “macho”, de sus complejos, de sus limitaciones, de sus violencias, de sus negaciones. El feminismo es la invitación al desorden de lo masculino y lo femenino, no para construir nuevas hegemonías masculinas desde las mujeres, sino para desarmar el orden binario de los sexos, que es un orden colonial al servicio del capitalismo.

Las batallas del feminismo no son por un salario, sino por una vida diferente.

Las batallas del feminismo no son por un ministerio o una diputación, sino por otra democracia, una democracia que no es el voto, sino la libertad de ser diferente.

Las batallas del feminismo no son por los pantalones del macho, de ya el pantalón lo hemos conquistado y modificado mil veces, le hemos puesto colores y formas, y lo hemos convertido en nuestro sin que usarlo nos haya supuesto la adopción del pantalón como poder.

Las palabras del Papa lo colocan como el enano político que es y si me tomo el tiempo de replicar es sólo porque refleja el pensamiento de cientos y miles de hombres que le tienen miedo al feminismo, porque piensan que el feminismo es el plan perverso de las mujeres para hacer con ellos lo que ellos hicieron con nosotras.

No es así, el feminismo no es machismo al revés; es democracia al revés, es mundo al revés, es tiempo al revés, es placer al revés. Es el revés de lo que imaginas.

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Retrato no autorizado del futuro cardenal

Toribio Ticona es, sin duda, un hombre muy interesante, no tanto por lo que él es, sino por lo que representa; estamos frente al espejo más nítido de una iglesia colonial arcaica y en decadencia imparable.

Relata con simpleza el día en que recibió la noticia de que iba a ser nombrado cardenal como quien no tenía por qué esperar el nombramiento. Hasta ahora había llevado su vida por las periferias de la iglesia, prefiriendo ser el cura de pueblo que con un catecismo básico, elemental y primitivo en la mano, haciendo lo mínimo necesario. Vistiendo la sotana larga se había dedicado a gozar de privilegios prohibidos pero aceptables, como tener mujer a escondidas, holgazanear a escondidas, bendecir y maldecir, sin muchas preocupaciones ni remordimientos y pasarla bien. Moverse con libertad y sentirse con autoridad para mandar al infierno detrás de un confesionario gastado por los 500 años de colonialismo que tampoco le preocuparon nunca.

No se escandalicen  si el cura tiene mujer e hijos, eso ha sido normal desde el primer día en que Pizarro desembarcó en estas tierras con la cruz y la espada, se dice que hasta Túpac Katari ha podido ser el hijo bastardo del cura. Para el cardenal ese detalle se convierte hoy en un problema que ocultar y amenaza con juzgar a quien se lo recuerde. Si me quiere juzgar que me juzgue en plaza pública, como lo vienen haciendo con las mujeres secularmente; será divertidísimo sacar una y otra las crónicas sobre lo que los curas hicieron y hacen con las mujeres en esta parte del mundo, sobre los abortos que ocultan detrás de sus púlpitos, sobre los “amancebamientos” crueles de las chicas del pueblo, sobre la hipocresía en la que posan su cáliz de oro.

Yo, por mi parte, aprovecharé para explicarle a nuestro elemental cardenal que la prohibición de tener mujer tiene que ver con la necesidad de seguir mostrando a las mujeres como el mal, como la fuente de los  pecados y de  la perversión; como el origen del egoísmo masculino que los curas, dizque por virtud, tienen que evitar.

Toribio Ticona es el cardenal inesperado y el día que lo nombran le surgen enemigos de todos los costados de la Iglesia. Muerto Terrazas Gualberti de Santa Cruz se sentía cardenalicio, lo mismo que Juárez de Sucre o Scarpellini de El Alto, porque el de La Paz no lo esperaba, sabiéndose impuro se ha conformado con ser obispo y nada más.

El Papa, allá en Roma, rebuscó los nombres y saltó el nombre de Toribio Ticona, las polillas volaron alrededor; el Papa, sin otra opción posible, ordenó ponerle naftalina para que no se desintegre y traerlo al Vaticano para la coronación. No queda otra, en toda la Iglesia no hay nadie más.

Lo entrevistan en las radios y los periódicos, y Ticona no tiene nada que contar. A alguien se le ocurre preguntar por la homosexualidad y el futuro cardenal dice que si lo hemos elegido es del demonio, pero que si es de la naturaleza, podemos ser perdonados. Pobre cardenal no tiene idea ni de dónde está parado, porque para ser cura parece ser que no es necesario ni leer los periódicos, ni formarse tampoco.

Y es que en la Iglesia boliviana es así, los curas y monjas misioneros tienen todos los privilegios educativos, hacen doctorados y estudios bíblicos, y de filosofía en Roma; mientras las monjas bolivianas son rezagadas a la servidumbre doméstica de la jerarquía eclesiástica y los curas bolivianos captados por el hambre y bajo el manto paternalista, que bien nos relata Ticona en su propia biografía, no crecen ni se transforman ahí adentro; sino que se estancan en el tiempo para no incomodar a una jerarquía europea que gobierna la Iglesia.

Sobre el palacio de Gobierno, un día dice que es un lujo y después de la visita y abrazos con el Presidente, dice que es signo de progreso. El futuro cardenal es voluble, no ha aprendido ni siquiera a opinar, porque como cura boliviano no ha contado realmente jamás. Su instinto le dice que es mejor estar cerca del poder y allí se acurruca, como el primer día en que buscó refugio de la lluvia y el hambre bajo el techo de la Iglesia, una Iglesia que lo crió para ser útil y nada más.

Ticona es, sin duda, el último de la Iglesia, como él mismo lo señala. Es el último en sentido literal, no tienen detrás de su nombre a nadie más. La Iglesia está muriendo como morirá el cardenal , será de muerte natural.

Leer en Página 7

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Lugar de la religion en la sociedad

invitadas en estudio
Participan: Susana Inch (abogada y trabaja en la conferencia episcopal), Vanesa Carvajal (psicologa y comunicadora de Voces católicas) y Heidi Campos (secretaria ejecutiva de Caritas Bolivia)

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Virgen del Socavón

Debate sobre la Virgen del Socavon donde participan: Rilda Paco (Autora de la obra), David Mendoza (sociologo, autor del libro «No se baila así no más» sobre el folcklore boliviano) y Danitza Luna (integrante de Mujeres Creando, co-autora del Altar Blasfemo)

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