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Categoría: [Pare de sufrir, luche]

Anteriormente llamado «La loca mañana»

Soy lo prohibido

Nos negamos a que la política feminista consista en estar paradas en las puertas del Estado con una demanda para que los patriarcas nos concedan un derecho que sabemos que se lo gana en la calle y en la vida cotidiana. Nosotras hacemos “política concreta”, que es un conjunto de prácticas que sin permiso de nadie, ni decreto supremo de por medio, nos permiten existir, construir una referencia social en la sociedad, transformar la sociedad y encima ser felices sin convertirnos en aburridas y trágicas clientas del Estado.

Es verdad que el Estado se mete en nuestras vidas y que para sacarlo de en medio muchas veces necesitamos mover cosas ahí adentro; pero no es el Estado el centro de nuestras preocupaciones y búsquedas, sino la sociedad.

Para este 8 de marzo hemos producido, entre 13 mujeres, un manual de educación sexual, que es el que tú, tu hija o tu hermana necesitan. Es el que tú o yo necesitábamos cuando teníamos 14 años y no lo tuvimos. Es el manual que debería estar en los colegios y universidades, pero tenemos un Ministro de Educación vetusto y homofóbico.

La educación en Bolivia es memorística, aburrida, obsoleta y mediocre, como el ministro. Producen bachilleres que no saben leer, que no saben decidir, que no saben escribir. La Ley Avelino Siñani no apunta a los problemas principales de la educación, sino que los agudiza; hemos perdido con este gobierno, una vez más, la oportunidad de revolucionar la educación.

En un sistema educativo así, nuestra opción para la educación, que nuestras niñas necesitan, es producir un instrumento educativo atractivo y útil, que llegará a sus manos por la vía de la desobediencia y la curiosidad. El ministerio no se ha enterado de los embarazos de jóvenes en las aulas, ni de la violencia sexual que hay ahí adentro. No se ha enterado que los chicos usan la pornografía para informarse.

Las mujeres estamos protagonizando una liberación en lo que es nuestra emancipación económica y la revuelta de nuestros sueños personales, pero venimos de generaciones de madres sin orgasmos, complacientes sexualmente que nos enseñaron la vergüenza sobre nuestros cuerpos. Es urgente sacudir moralismos, es urgente que las chicas conozcan sus clítoris y que vean penes erectos de todos los tamaños.

Es fundamental que elijan, que contrasten, que exploren, que pongan condones y que digan que no, y que digan que sí muchas veces. Que prueben labios de mujeres y de hombres. Este libro les servirá para cometer ese atrevimiento y cometer esa revolución sexual que transformará el sexo de instrumento de dominación a lugar de autoafirmación.

Que se escandalicen las iglesias hipócritas y que los evangélicos les prohíban a sus hijas leer el libro; ellas vendrán corriendo a comprárselo, clandestinamente. Los libros tienen la capacidad de marcar épocas y sacudir sociedades, este libro será uno de ellos.

El cuerpo, los cuerpos son el campo político más importante de la lucha social, no hay lucha sin cuerpo, no hay trabajo sin cuerpo, sin cuerpo no hay vida. El cuerpo de las mujeres es el más torturado y sometido, y es el cuerpo de los hombres donde se construye la idea del varoncito como un guerrero, como un héroe o como un dueño de los cuerpos de las mujeres.

Es en las relaciones sexuales donde está una de las raíces de la violencia machista, son las relaciones sexuales lo que hay que cambiar, emancipar, resolver, replantear, rearmar, remover. Este libro lo hace.

Lo presentaremos en el paraninfo de la Universidad Mayor de San Andrés con dos comentaristas estratégicas: la doctora María Eugenia Pareja, decana de la Facultad de Humanidades de la UMSA, hoy una de las facultades más dinámicas, y la doctora Carmen Almendras, vicecanciller, exdirectora general de Caritas Bolivia, y una de las pocas voces que en el gobierno reclama dignidad para las mujeres.

Hablaremos las 13 autoras, mujeres jóvenes que se toman el derecho de escribir para sus hermanas menores, sin permiso de nadie, porque ningún permiso necesitamos para decir que somos pensantes.

Es un regalo generacional para las que vienen detrás, porque las mujeres no podemos empezar de cero sin acumular experiencia histórica. Es un acto político oportuno porque viene una ola conservadora a robarnos los orgasmos y las libertades, y a atarnos de pies y manos a sus prejuicios. No lo vamos a permitir.

Leer en Página Siete

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Machismo con falda

Es así como en la cumbre que marca la decadencia irreversible de la Iglesia católica ha calificado el Papa al feminismo. Su cumbre es el principio del fin y su decadencia, y destrucción interna tiene que ver justamente con la forma cómo ha tratado y visto la Iglesia a las mujeres en el mundo. A las monjas como esclavas sexuales y trabajadoras domésticas en relaciones de servidumbre, a las laicas como fuente del pecado y portadoras de las tentaciones,  al pensamiento de las mujeres como innecesario y tangencial.

Así nos han tratado históricamente, persiguiendo nuestro pensamiento y nuestras vidas y así han acabado, ahogados en un mar de semen putrefacto, donde el que no es violador pederasta es encubridor del otro.

 La Iglesia católica es junto a los ejércitos una de las instituciones que ha apartado completamente a las mujeres y se ha constituido en un bastión masculino, el resultado de un proceso de exclusión histórico es el que tienen en sus manos; una institución a la que el mundo entero le reclama hoy lo más básico: respeto a los niños y niñas que tuvieron el monopolio de educar y que se dedicaron a violar.

La Iglesia  ha dedicado sus más grandes esfuerzos pastorales a la represión de la sexualidad, a la conversión del sexo en un pecado y a desarrollar un catecismo sexual que nos heterosexualice a la fuerza, que nos convierta en abnegadas culposas, represoras y resignadas madres de Dios. La Iglesia ha endiosado a los hombres sobre la base de humillar y denigrar a las mujeres.

Silvia Federici, en su libro Caliban y la bruja, nos refresca la memoria de cómo es que los curas adoptaron la sotana, precisamente las faldas.  Aconteció en la temprana edad media, cuando la Iglesia había logrado apartar a las mujeres del culto, convertirlas en secundarias y, por lo tanto, adoptó las faldas para obispos, cardenales y curas en una labor de sustitución simbólica de las mujeres dentro de la Iglesia.

Los que históricamente representan machismo con falda son los curas, los obispos y los cardenales. El Papa, además de no haber aportado ni una sola solución histórica a la pederastia en sus filas, lo que está haciendo es proyectar su resentimiento contra las mujeres.

El feminismo representa hoy la lucha social más desafiante porque no le basta con cuestionar las estructuras públicas de la sociedad, sino que apunta a las estructuras privadas: la familia, la casa, el amor, la maternidad o la paternidad. No lo hace de forma gratuita y arbitraria, sino porque sin el cuestionamiento de esas estructuras es imposible revolucionar la sociedad; sin el cuestionamiento del universo privado y de la forma cómo se distribuye el tiempo libre, la comida o la garantía de crianza de las wawas es imposible el derrocamiento del capitalismo y del patriarcado.

El feminismo representa hoy la lucha social más desafiante porque lejos de pensar que es la reivindicación de las mujeres para ocupar el lugar del “macho” es el cuestionamiento del “macho”, de sus complejos, de sus limitaciones, de sus violencias, de sus negaciones. El feminismo es la invitación al desorden de lo masculino y lo femenino, no para construir nuevas hegemonías masculinas desde las mujeres, sino para desarmar el orden binario de los sexos, que es un orden colonial al servicio del capitalismo.

Las batallas del feminismo no son por un salario, sino por una vida diferente.

Las batallas del feminismo no son por un ministerio o una diputación, sino por otra democracia, una democracia que no es el voto, sino la libertad de ser diferente.

Las batallas del feminismo no son por los pantalones del macho, de ya el pantalón lo hemos conquistado y modificado mil veces, le hemos puesto colores y formas, y lo hemos convertido en nuestro sin que usarlo nos haya supuesto la adopción del pantalón como poder.

Las palabras del Papa lo colocan como el enano político que es y si me tomo el tiempo de replicar es sólo porque refleja el pensamiento de cientos y miles de hombres que le tienen miedo al feminismo, porque piensan que el feminismo es el plan perverso de las mujeres para hacer con ellos lo que ellos hicieron con nosotras.

No es así, el feminismo no es machismo al revés; es democracia al revés, es mundo al revés, es tiempo al revés, es placer al revés. Es el revés de lo que imaginas.

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