Menú Cerrar

Categoría: [Pare de sufrir, luche]

Anteriormente llamado «La loca mañana»

Retrato no autorizado del futuro cardenal

Toribio Ticona es, sin duda, un hombre muy interesante, no tanto por lo que él es, sino por lo que representa; estamos frente al espejo más nítido de una iglesia colonial arcaica y en decadencia imparable.

Relata con simpleza el día en que recibió la noticia de que iba a ser nombrado cardenal como quien no tenía por qué esperar el nombramiento. Hasta ahora había llevado su vida por las periferias de la iglesia, prefiriendo ser el cura de pueblo que con un catecismo básico, elemental y primitivo en la mano, haciendo lo mínimo necesario. Vistiendo la sotana larga se había dedicado a gozar de privilegios prohibidos pero aceptables, como tener mujer a escondidas, holgazanear a escondidas, bendecir y maldecir, sin muchas preocupaciones ni remordimientos y pasarla bien. Moverse con libertad y sentirse con autoridad para mandar al infierno detrás de un confesionario gastado por los 500 años de colonialismo que tampoco le preocuparon nunca.

No se escandalicen  si el cura tiene mujer e hijos, eso ha sido normal desde el primer día en que Pizarro desembarcó en estas tierras con la cruz y la espada, se dice que hasta Túpac Katari ha podido ser el hijo bastardo del cura. Para el cardenal ese detalle se convierte hoy en un problema que ocultar y amenaza con juzgar a quien se lo recuerde. Si me quiere juzgar que me juzgue en plaza pública, como lo vienen haciendo con las mujeres secularmente; será divertidísimo sacar una y otra las crónicas sobre lo que los curas hicieron y hacen con las mujeres en esta parte del mundo, sobre los abortos que ocultan detrás de sus púlpitos, sobre los “amancebamientos” crueles de las chicas del pueblo, sobre la hipocresía en la que posan su cáliz de oro.

Yo, por mi parte, aprovecharé para explicarle a nuestro elemental cardenal que la prohibición de tener mujer tiene que ver con la necesidad de seguir mostrando a las mujeres como el mal, como la fuente de los  pecados y de  la perversión; como el origen del egoísmo masculino que los curas, dizque por virtud, tienen que evitar.

Toribio Ticona es el cardenal inesperado y el día que lo nombran le surgen enemigos de todos los costados de la Iglesia. Muerto Terrazas Gualberti de Santa Cruz se sentía cardenalicio, lo mismo que Juárez de Sucre o Scarpellini de El Alto, porque el de La Paz no lo esperaba, sabiéndose impuro se ha conformado con ser obispo y nada más.

El Papa, allá en Roma, rebuscó los nombres y saltó el nombre de Toribio Ticona, las polillas volaron alrededor; el Papa, sin otra opción posible, ordenó ponerle naftalina para que no se desintegre y traerlo al Vaticano para la coronación. No queda otra, en toda la Iglesia no hay nadie más.

Lo entrevistan en las radios y los periódicos, y Ticona no tiene nada que contar. A alguien se le ocurre preguntar por la homosexualidad y el futuro cardenal dice que si lo hemos elegido es del demonio, pero que si es de la naturaleza, podemos ser perdonados. Pobre cardenal no tiene idea ni de dónde está parado, porque para ser cura parece ser que no es necesario ni leer los periódicos, ni formarse tampoco.

Y es que en la Iglesia boliviana es así, los curas y monjas misioneros tienen todos los privilegios educativos, hacen doctorados y estudios bíblicos, y de filosofía en Roma; mientras las monjas bolivianas son rezagadas a la servidumbre doméstica de la jerarquía eclesiástica y los curas bolivianos captados por el hambre y bajo el manto paternalista, que bien nos relata Ticona en su propia biografía, no crecen ni se transforman ahí adentro; sino que se estancan en el tiempo para no incomodar a una jerarquía europea que gobierna la Iglesia.

Sobre el palacio de Gobierno, un día dice que es un lujo y después de la visita y abrazos con el Presidente, dice que es signo de progreso. El futuro cardenal es voluble, no ha aprendido ni siquiera a opinar, porque como cura boliviano no ha contado realmente jamás. Su instinto le dice que es mejor estar cerca del poder y allí se acurruca, como el primer día en que buscó refugio de la lluvia y el hambre bajo el techo de la Iglesia, una Iglesia que lo crió para ser útil y nada más.

Ticona es, sin duda, el último de la Iglesia, como él mismo lo señala. Es el último en sentido literal, no tienen detrás de su nombre a nadie más. La Iglesia está muriendo como morirá el cardenal , será de muerte natural.

Leer en Página 7

Compartir

Populismos

carlos mesa y maría galindo en estudio

Compartir

A Romero no le creo


Escribo con mucho dolor sobre el asesinato de  Jonathan Quispe; no escribo desde quien quiere utilizar la muerte para hacer política necrófila y manchada de sangre.

Coreaba la marcha estudiantil del país entero por justicia para  Jonathan,  pero no hay justicia que le devuelva la vida. Fue asesinado con su testamento bajo el brazo. En ese testamento de Jonathan  estaba escrito algo tan lindo como: Quiero ser periodista, un periodista hijo de albañil, un periodista hijo de vendedora de papas; quiero ser el periodista que la ciudad de El Alto necesita. La UPEA es la universidad creada para que los hijos y las hijas de albañiles nos convirtamos en ingenieros, médicas y periodistas, y por eso la defiendo. Por eso marcho, por eso grito, por eso voy a la movilización.

El ministro Romero está mintiendo, no sólo porque sus médicos forenses lavaron la bola que sacaron del cuerpo de Jonathan,  borrando pruebas; no sólo porque ninguno de ellos quiso hacerse responsable directo de la autopsia; no sólo porque la autopsia fue sorprendentemente veloz; no sólo porque el Ministro estaba hablando de los resultados de la autopsia antes de que los familiares tuvieran acceso a ella. No sólo porque quiere usar el Gobierno el asesinato de Jonathan para amenazar estudiantes y desatar persecución, y miedo; no sólo porque sus explicaciones ofenden la inteligencia de la población, sino porque el Gobierno está ya manchado de sangre.  Manchado de muertes sin esclarecimiento, sin autopsia científica y sin justicia. Por eso los y las estudiantes desconfiaron del Gobierno y no querían dejar sacar el cuerpo de Jonathan  para la autopsia, que dizque había que hacerla en la morgue, donde, dizque, tienen condiciones, cuando eso también es falso. La morgue es la antítesis del palacio de Evo, es un canchón terrorífico y polvoriento, y un tinglado donde se tiran los cadáveres en el piso porque no hay dónde ponerlos.

En la morgue cuando esperas la autopsia de tu ser amado, te sientas en unos bancos, a la intemperie, mientras el viento penetra tus huesos; si es de día recibes el vaho del olor a muerto en descomposición y si es de noche, en penumbra, sin luz, derramas tus lágrimas. En ese cuchu, donde hasta l@s muert@s son despojados de dignidad, dice que había mejores condiciones para hacer la autopsia de Jonathan.

El Ministro está mintiendo para proteger a la Policía y quiere protegerla porque el gobierno de Evo Morales necesita hoy de la Policía más que nunca para reprimir y para salvaguardar la figura del Presidente.

Para proteger sus actos públicos de la invasión indignada de un pueblo que tiene ganas de gritarle en la cara que su palacio es un insulto a su propia condición de Gobierno, que prometió gobernar obedeciendo al pueblo.

El Ministro nos está mintiendo para proteger un pacto de impunidad que tiene firmado el Gobierno con la Policía, un pacto de impunidad que hace que la Policía no haya sido juzgada por la represión en Chaparina, ni por el feminicidio de Hanalí Huaycho,  ni por la masacre a los cooperativistas en la carretera, ni se hayan dado los nombres de los policías que salieron a reprimir la marcha de la UPEA.

De la muerte de Jonathan es responsable la Policía, pero también el Ministro de Gobierno y, sin duda, el Gobierno entero y también el Presidente.

Es indignante que ahora quieran cuestionar la validez de la movilización como si eso pudiera relativizar la gravedad del asesinato de un estudiante. Lo que está en discusión no es cuánto dinero necesita la UPEA o si tiene dinero en sus cuentas; lo que está en juego es el valor de la vida y la vigencia de los derechos humanos en nuestro país. La Defensoría del Pueblo es una especie de trapo sucio con el que el Gobierno se limpia las manos de todo acto mugriento de abuso de poder.

Recuerdo que los primeros muertos del gobierno de Evo Morales fueron por un conflicto minero en Huanuni. El Presidente, en aquella ocasión, lloró de dolor, hoy es otro. Tenemos un Presidente que ha perdido la sensibilidad, que ya no siente más que por sí mismo. Se queja de que se le grite asesino, cuando en los hechos, el Presidente, frente al asesinato de  Jonathan, ha escrito un cómodo tuiter y, suponiendo que puede librarse de que la sangre le salpique, alista maletas para irse de paseo a Roma.

Leer en Página7

Compartir