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Categoría: [Pare de sufrir, luche]

Anteriormente llamado «La loca mañana»

Los museos municipales de La Paz: un elogio a la ignorancia

museo casa de murillo

De la mano del historiador Ramiro Fernandez recorrimos el museo casa de Murillo, descubrimos todos sus absurdos. La sala relleno, la sala patriarcal, la ausencia de contextualización, la impostura de la historia mal contada y propusimos otro orden, otro contenido y otra museistica. El cuadro al cerco de La Paz, uno de los más valiosos del museo inaccesible a la mirada del público por la distancia con que fue colocado.

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De la conquista del voto a la conquista de la fiesta


Este 23 de julio se ha cumplido, desde 1953, 65 años de la conquista del Voto Universal, que pretendía romper con el monopolio del varón blanco letrado y propietario, como dueño de la política formal. Con el Voto Universal, las mujeres  y los indígenas en nuestro país supuestamente accedemos a eso que se llama “política”. Nadie celebra ni recuerda esa fecha, sólo se recuerda la promulgación de la Reforma Agraria porque, de hecho, el monopolio masculino sobre la política no se ha roto con el voto de las mujeres, el monopolio blanco y colonial tampoco se ha roto con el voto indígena. Aquellas mujeres que acceden a la política formal lo hacen sumándose a la política definida en términos masculinos y patriarcales.

No hay ni una sola mujer electa a escala mundial que haya sido contundente en su capacidad de romper con los moldes y parámetros patriarcales; las mujeres en el poder no representan a las mujeres de a pie ni menos aún la capacidad de ejercer política de una forma distinta. No había sido cuestión del acceso a elegir y ser elegidas, sino que de lo que se trata es de cambiar los conceptos mismos de lo que entendemos por política y poner las prioridades al revés:  primero la vida, primero la felicidad, primero la naturaleza.

Eso supondría devolvernos a las mujeres nuestros cuerpos, devolvernos nuestro tiempo, devolvernos el poder sobre nuestras maternidades. Supondría una revolución feminista y no una cuota biológica para ser elegidas o el derecho de votar por un caudillo machista que nos ve y nos usa como objetos sexuales o como base social “desamparada” y “vulnerable”. Pero mientras la política formal, con pies de plomo, de forma casi primitiva nos ofrece el voto y el derecho al 50%  dentro de una política patriarcal, poco trascendente para la vida; la gran masa de mujeres populares va mucho  más allá.

Las mujeres, entre otras cosas, estamos en el proceso alucinante de conquista de la fiesta. Las cientos de miles de mujeres que veremos en la Entrada Universitaria, bailar y moverse como si quisieran hacer retumbar la tierra; las mujeres que en la fiesta del Gran Poder desobedecen de frente  las normas ridículas de la Asociación de Conjuntos Folklóricos para encajar sus cuerpos en un corsé escotado, con los pechos casi totalmente descubiertos; las mujeres en los prestes como protagonistas de la alegría y el desenfreno de quien está rompiendo algo con todo su cuerpo son sólo un síntoma de esta alucinante conquista de la fiesta.

Ir a “la fiesta” entre amigas, cambiar en  “la fiesta” de pareja, bailar con quién te dé la gana, expresar tu alegría, tu excitación sexual, tu sensualidad, es eso lo que hoy se presenta como un escenario subterráneo de auténtica conquista social para las mujeres y, muy en especial, para las mujeres jóvenes.

Conquistar la noche, conquistar el baile, afirmar el derecho en la fiesta de vestirte y contornearte como te da la gana. Destituir la supuesta “propiedad” de tu pareja sobre ti en el escenario de “la fiesta”. Esas son las escenas a las cuales el machista está respondiendo con violencia para castigarnos, para hacernos retroceder, para reinstaurar su poder precisamente en la fiesta. Para que ninguna mujer se sienta libre de vestirse como le da la gana, para que el mínimo detalle de transgresión sea utilizado como detonador de una forma de acoso o agresión sexual, para que toda mujer se sienta en peligro de vida, en peligro de violación en “la fiesta”.

La fiebre de conquista de la fiesta como escenario de libertad para las mujeres es uno de los escenarios del feminicidio. Muchas mujeres son asesinadas con sus mejores galas y cuando latían en sus pechos con más intensidad sus ganas de vivir; allí mismo somos violadas al son de la banda. Al día siguiente, cuando se recogen nuestros cuerpos, cuando sale la crónica policial de lo sufrido, la sociedad entera nos culpabiliza de lo ocurrido, porque nos habíamos tomado la osadía de ir a la fiesta, de transgredir en la fiesta la ley del macho; porque nos habíamos atrevido a comportarnos con desenfreno, rompiendo cadenas invisibles.

La conquista de la fiesta es, desde mi punto de vista, más trascendente, más seductora y más transformadora que la conquista del voto. Si no puedo bailar en tu revolución, no me interesa tu revolución.

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Evo/Ortega: espeluznante comparación


¿Por qué Evo Morales no alza el teléfono para llamar a su amigo Ortega, con quien compartió en las cumbres del ALBA cenas y abrazos, y le dice que pare de matar a su pueblo?

No lo hace porque se identifica con el que tantas veces llamó comandante Ortega.

Ortega fue uno de los  comandantes de una revolución que acabó con una de las dictaduras más duras de los 80 en el continente, la dictadura de Somoza.

Fue ese halo de comandante sandinista lo que le permitió apropiarse de una revolución y convertir su gobierno en una copia de la dictadura somosista. Aliado con la iglesia más conservadora, se dedicó a vender el país, a gobernar en una suerte de monarquía familiar incontestable. El gobierno de Ortega nada tiene del sandinismo, más que el uso de su historia para beneficio propio. En tantos años lo que menos le interesó a Ortega es cuidar el proceso nicaragüense; lo que menos le interesó a Ortega es construir procesos internos para que la conducción sandinista del país derivara en nuevas generaciones, floreciera en nuevas propuestas y que toda la poesía escrita en el nombre de la revolución derivara en más revolución.

Ortega, que duda cabe, es hoy un dictador asesino que saldrá del poder matando y que está protagonizando una guerra contra su pueblo.

Evo Morales, en un proceso similar, ha ido perdiendo los contenidos con los que subió al poder; no es un gobierno indígena, no es un gobierno popular, no es un gobierno democrático. Ha devorado todos los poderes del Estado y es hoy un gobierno caudillista que quiere concentrar todo en su figura.

En series coleccionamos los escándalos de corrupción, de negligencia y de falta de sentido. Al que menos le interesa relevo alguno es precisamente a Evo Morales. Los sueños de una sociedad no racista, antimperialista, con un gobierno indígena, un gobierno que responda a las necesidades populares, un gobierno que mande obedeciendo, son hoy sueños rotos, convertidos en la pesadilla de un gobierno caudillista al que sólo le interesa aferrarse al poder para seguir disfrutando mafiosamente de la gestión del Estado. Un gobierno sin ideas, al punto de que se han puesto a copiar el programa de Revilla de Barrios de Verdad, que es un Programa del Banco Mundial poco interesante de maquillaje de bienestar. La única idea detrás es polarizar la situación hasta el nivel de barrio: estás con Revilla no hay plata; estás contra Revilla hay plata.

Parece un detalle inofensivo frente a la magnitud de vivir en una sociedad en la que no hay justicia, no hay deliberación de ideas, no hay acceso a la información; pero se trata de una muestra de que una vez que el gobierno de Evo ha tomado ya todo, todos los poderes, todos los espacios, pasará a atar,  amordazar y polarizar a la población centímetro a centímetro. Por eso les irrita tanto el Bolivia dijo No, porque aunque se trata de una frase corta, sin un contenido claro, es un No que rompe su proyecto de control.

La comparación entre Ortega y Evo es espeluznante cuando hablamos de gobiernos que dicen ser una cosa y son otra; cuando hablamos de gobiernos que convierten los contenidos de una revolución en pantalla de proyectos caudillistas, a los que sólo les importa el control de todo y la concentración de poder en sus manos.

La comparación es espeluznante cuando vemos cómo Ortega se aferra hoy al poder a cualquier costo. No estamos en Bolivia, por supuesto, a esa altura, pero estamos justamente a tiempo de que el proceso boliviano no derive en un proceso como el nicaragüense. Estamos a tiempo de no permitir un enquistamiento de Evo Morales y su cúpula mediocre en el poder del Estado; estamos a tiempo de que no se consideren dioses bajados de los cielos e incuestionables, elegidos para un gobierno perpetuo.

Ortega hoy está dispuesto a matar para seguir gobernando; Evo está dispuesto a polarizar la sociedad una vez más para que la violencia sea entre nosotros. Es urgente que esto no pase, es urgente que Evo sea destituido, no del gobierno, sino del trono divino del elegido, para que vuelva a formar parte de los mortales.

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