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Categoría: [Pare de sufrir, luche] Acera de en frente

¿Qué es lo quiere la cunumi?

Probablemente ella misma no lo sepa. Seguramente está incrustada en un terreno de contradicciones que la delatan como hija de una madre que no se rebeló, heredera de gestos de sometimiento que se le van desprendiendo de la piel paso a paso, en un despellejamiento permanente. Lo que sabemos de su propia boca es que la cunumi es la mujer que no desea repetir la vida de su madre, que no desea cargar esas frustraciones y que sueña, sueña y sueña, y de tanto soñar ha aprendido solita a desear.

No lo hace con certeza, sino con torpeza. No lo hace con delicadeza de mujer fina, de clase alta; lo hace con ira de mujer hambrienta. No sueña con disimulo, sino con ansias, las ansias de sentir los orgasmos que su madre jamás probó; la ira de no ser la sirvienta del camba jumechi que llega a “patear las sillas y romper las ollas” que su infancia destrozó.

Probablemente la cunumi no sepa ella misma lo que quiere, pero sabe lo que no quiere y si hay algo que ella no quiere es volver a ser la protagonista del cancionero de la tradición camba con que su madre se enterró en vida. La cunumi no es la “niña camba” de la canción que canta la libertad de él y el sometimiento de ella. La cunumi es la que está cambiando los versos de esa canción. La cunumi es la mujer que cuando la canción dice “camba yo siempre te llevo dentro”, ella tararea  -camba yo no te quiero aquí dentro-.

La cunumi es la mujer que ha dejado de ser depositaria de los sueños de él, no es más un contenedor del macho, por eso cuando la canción dice “niña te dejo todos mis sueños”,  ella canta: niña supera todos tus miedos, recoge todos tus sueños y te podrás rebelar.

La cunumi no es señorita, es antiseñorita, no es hija de familia. El apellido de su padre no le abre ninguna puerta. la cunumi es la de abajo, es la que compra ropa usada, la que vende pollos en la esquina, a la que patea, persigue y despoja la alcaldía. Ella no bailará en el Carnaval; saldrá de ambulante a vender espuma, dulces, cervezas y aguantar sobre su cuerpo manoseos, y miradas que no son las mismas que recaen sobre el cuerpo de la señorita.

Ella no será modelo de la Fexpocruz; venderá hamburguesas en la puerta. La cunumi ocupa en la sociedad un puesto que la obliga a abrir bien los ojos para subsistir y que le supone el lugar de privilegio desde donde juzga las cosas con una perspectiva bien diferente, más astuta, más completa, más desafiante.

Por eso el camba de clase alta, que la mira con deseo y con desprecio, la odia doblemente al saberla rebelde e indómita. No puede soportar que ella le diga que no, le dé una patada en los testículos, le quite las manos de su cuerpo y no acepte el manoseo. El reggaetón no nos dice lo que la cunumi quiere, sino lo que el macho acomplejado y rabioso siente. El reggaetón no nos dice lo que la cunumi quiere, sino lo que el macho rechazado siente.

Ese reggaetón es la voz del violador, del que se droga por acomplejado, que no soporta verla libre, con solera y short, diciéndole al mundo con su cuerpo que quiere ser feliz. El reggaetón es la voz del misógino, del hijo de Percy, del hijo de la Santa Cruz machista que no soporta a esta nueva cunumi que está naciendo con otra mirada, otro paso, otro porte y otros sueños.

No se trata de prohibir una canción, se trata de defender a la violada de La Manada, a la violada de Warnes, de La Guardia, de Montero.

No se trata de salir un día desde el Parlamento y el gobierno, que se alía con Percy, que no cuestiona la guerra contra la cunumi que Angélica Sosa protagoniza al indignarse con aire moralista por la canción que proclama la violación.

Este es el país de los machos que gobierna el Evo ofreciendo cocaleras como objetos y liberando a Domingo Alcibia, el violador de la Gobernación de Chuquisaca, tras cinco años de fingida reclusión. ¿Acaso no son cómplices de todo eso esas diputadas, ministras y funcionarias? El reggeatón de la violación está inspirado en las coplas carnavaleras de Evo, se podría decir que es una nueva versión regional de esa misma canción, de esa misma violencia machista, de ese mismo macho que no soporta ver que la cunumi ha pasado de querer ser deseada a querer y poder expresar su deseo.

Cuando ella dice quiero la llaman puta; cuando ella dice no quiero la llaman puta de nuevo para condenar en ella esa veta fecunda de libertad que es saber expresar su deseo.

Nosotras sabemos que el único antídoto para luchar contra esta canción es la rebelión.

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¿Quién lava los calzoncillos de los trabajadores?

¿Quién plancha los pantalones de quienes se sientan alrededor de la suculenta mesa de negociación del Gobierno con la COB, cuando discuten el aumento salarial? Las mujeres: sus esposas o sus trabajadoras del hogar, sus hermanas mayores o sus hijas mayores. Todas trabajadoras  cuyas necesidades  nunca entran en sus pliegos de negociaciones porque su trabajo no es considerado trabajo, sino amor; o porque su trabajo no es considerado productivo ni generador de  riqueza; o porque los trabajadores funcionan en relación con las mujeres que les rodean como patrones y no como compañeros. Ya lo decía Flora Tristán: la mujer es la proletaria del proletario.

La Central Obrera Boliviana tiene graves problemas de legitimidad porque ha sido cooptada por el Gobierno, pero también porque el grueso de la población trabajadora está inmersa en el universo del trabajo informal, en el que manda la libre oferta y demanda, no los decretos de aumento salarial. Y si de mujeres trabajadoras se trata, la Central Obrera Boliviana jamás tuvo la capacidad de representar el trabajo de las mujeres.

Ni en la minería, ni en el transporte, ni en la educación, la construcción o la salud, no importa el sector que queramos analizar, la situación de las mujeres trabajadoras allí no es de ninguna manera la misma que la de los trabajadores.

El problema no es únicamente el hecho de que el salario de las mujeres es siempre inferior al de los hombres, inclusive por el mismo trabajo; la cosa es mucho más compleja y no se mide únicamente en el salario, tan es así que el aumento salarial que anunciará hoy el Gobierno y las medidas adoptadas cada 1 de mayo a lo largo de estos 13 años no han beneficiado a las trabajadoras.

Lo que afecta el salario de las mujeres no es un mero prejuicio machista, sino una estructura patriarcal de división sexual del trabajo. Se asigna a las mujeres la responsabilidad sobre todo el trabajo llamado doméstico, que es el trabajo de cuidado y reproducción de la vida, y se libera de ese trabajo a los hombres.

Esa división sexual del trabajo hace que cada mujer trabajadora esté cumpliendo doble jornada de trabajo, pues cuando regresa a su casa inicia una segunda jornada asumiendo las labores de la casa, además con sentimiento de culpa por haber “abandonado” a l@s hij@s. En ese contexto, el matrimonio funciona como contrato laboral patronal en el que el marido es el patrón, la esposa la trabajadora no asalariada y la violencia machista un regulador del cumplimiento de ese trabajo.

Esta doble jornada de trabajo debería traducirse en el derecho de jubilación para las amas de casa.

La carga de trabajo y  la ausencia de tiempo libre y descanso de las mujeres trabajadoras debería suponer reivindicaciones que con templen el almuerzo de niñ@s y jóvenes en las escuelas y la jornada estudiantil de día completo, y no de mediodía. Las mujeres trabajadoras buscan la ayuda de las abuelas, que se convierten en madres sustitutas gratuitas, sin derechos laborales, y que a título de ayudar a sus hijas, viven en situaciones de autoexplotación.

Aparte de esto, en lo que a trabajo se refiere, las mujeres estamos sujetas a un régimen continuo de acoso sexual en el que tenemos que pagar muchas veces con sexo el puesto de trabajo, donde estamos sujetas a los trabajos que los hombres desprecian, como ser trabajadoras del hogar o barrenderas de las calles.

La otra alternativa es  la invención de la propia subsistencia que significa endeudamiento para pasar de ser desempleadas a ser deudoras, como es el caso de las vendedoras de productos de belleza de grandes transnacionales.

Las mujeres que asumen de forma minoritaria trabajos entendidos socialmente como monopolio masculino, como ser pilotos de avión y otros, enfrentan hostigamiento y misoginia.

En un panorama así, de poco trabajo y sueldos bajos, la prostitución se abre como un gran campo de trabajo para las mujeres, donde las compañeras están sujetas a un régimen cultural de censura, hostigamiento, criminalización policial e hipocresía social.

La COB no nos representa y el gran desafío histórico de las mujeres es conformar una central de mujeres trabajadoras capaz de aglutinar a todas las trabajadoras.  Ahora es cuando.

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El Suicidio Como Salida Politica


En una lectura simple del suicidio de Alan García podríamos decir que no quiso soportar la cárcel y el despojo social, económico, y humano que ese proceso representaría y prefirió el suicidio como una opción trágica meramente personal.

Puedo imaginar a Alan García contemplar con pánico la cara desencajada de dolor de Lula y preferir el suicidio.

Alan García prefirió el respeto que se le debe a un suicida antes que pasar por un juicio por corrupción que lo despoje de lo poco que le quedaba.

Sin embargo, podríamos también hacer otra lectura del suicidio de Alan García y proponer a los que se creen hoy poderosos la lectura de ese gesto como la imagen más cruda para representar el hecho de que la forma de poder que están ejerciendo no tiene salida.

En su propia carta póstuma, en la que intenta recolocarse en la historia, confiesa que no tiene otra salida que el suicidio, que soportar el suplicio de la humillación pública. Lo escribe para él, pero es un mensaje que se puede extender por todo el continente, uno a uno a los presidentes aferrados al poder que se creen que han accedido a un trono. Pensemos en Ortega, pensemos en Maduro, pensemos en Fidel, pero pensemos también en Evo.

¿Por qué puerta saldrá Evo Morales, envejecido, habiendo roto sus promesas y su coherencia ideológica, y habiéndose convertido en un gobierno corrupto, abusivo, sentado con todas las derechas del país; un Evo que día a día se convierte, si es que no lo es ya plenamente, en otro Alan García, un traidor de sus propias ideas, un hombre sin afectos sinceros que le rodeen y sin vida propia.  ¿Cuál es la puerta de salida de un proceso así?

¿Puede un hombre pasar de viajar en helicóptero a caminar por la calle, comprar mandarinas al paso y aceptarse como un don nadie que tiene que pagar sus cuentas? Saber mostrar ese camino de salida del poder estatal tendría más valor que diez elecciones ganadas a la mala, con fraude, con uso de bienes del Estado, con pactos de poder que nada tienen que ver con el voto popular.

¿Por qué puerta de salida saldrá un Álvaro García Linera, un hombre que ha podido estructurar su vida sólo a partir de un cargo en el Estado, que ya no tiene amigos, que ya no tiene amores, que no tiene vida que no sea la de disponer de las vidas de los demás? ¿Hay salida para un hombre que se ha convertido en un buitre que vive de la sangre de los y las demás?

¿Acaso no van a la reelección porque no saben hacer otra cosa? ¿Acaso no van a la reelección porque tienen vértigo a dejar la silla, los privilegios, las comodidades y todo eso de lo que abusan sin medida? ¿Qué podrían hacer si no es gobernar este país?, ¿sabrían buscar un trabajo, pagar y calcular sus cuentas?

Cuando Evo era todavía un hombre medianamente sano mentalmente hablaba de tener una pensión en el Chapare, de atender mesas y vender pescado frito.

¿Quieren salir como Sánchez de Lozada, huyendo en helicóptero, expulsados por el pueblo en revuelta? ¿Quieren llevar esta ambición de poder, este vicio de poder al mismo abismo de Alan García y tener que suicidarse al borde del camino?

Esta reelección a la que Evo Morales y Álvaro García Linera se han lanzado a pesar no sólo de la ley, sino de lo aceptable socialmente; esta reelección a la que se están lanzando, diciendo a la sociedad entera que ellos son la única oportunidad, que no hay nadie más, que nadie más piensa, que nadie más sirve, es un peldaño más para adentrarse en ese túnel que sólo tiene una salida al otro lado que es la muerte.

Su ciclo se agotó. Se la pasaron matando oportunidades de renovación no a bala, sino sistemáticamente, cortando de raíz toda posibilidad al movimiento popular de renovar su discurso y su sentido; cooptaron, corrompieron y serrucharon para garantizarse que no haya ninguna sucesión posible.

Ahí lo tienen, para citar sólo un ejemplo, a don David Choquehuanca de presidente de un organismo que no existe, perdido y anulado porque se atrevió a pensarse en el lugar de Evo, y dicen los amigos que la venganza contra David tiene que ver también con que él se atrevió a meterse con una de las compañeras sentimentales de Evo Morales.

¿Cómo será la carta póstuma de Evo? ¿Cómo será la de Álvaro? ¿Es el vuelo diario en helicóptero un entrenamiento para la huida de un túnel de poder, del que no hay salida?

Será el respeto al suicida el único respeto que Evo se lleve a la tumba.

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Derecho de crufificar mujeres

La Ley de Libertad Religiosa es un espejo de las sectas que la impulsan, una bolsa vacía cuya trascendencia no se expresa en lo firmado, sino en lo que esa firma oculta y representa: convertir perversamente y de forma invisible la identidad religiosa en un factor político de poder, al estilo del Brasil de Bolsonaro.

Se trata de un texto que no generará ningún cambio en la realidad que vemos: la proliferación intensa  de sectas cristianas. Algunas amasando fortunas de varios millones de dólares; otras que sin fortunas visibles, con decenas de predicadores, cuyos gastos no tendremos el derecho de saber de dónde salen ni quiénes acumulan.

La Ley de Libertad Religiosa representa la hegemonía de Ekklesía al interior de ese gigante universo y el pacto electoral que Evo Morales ha decidido firmar con ellos, como lo ha hecho con los empresarios terratenientes del oriente, con el sistema financiero o con cualquier otro sector conservador que represente poder. Lo que las sectas le han vendido al gobierno es la aparente capacidad de mover masas, no importa hacia dónde lo hagan.

Una de las “inofensivas” prédicas de Ekklesía es que el dinero es la expresión de la bendición de Dios; la pobreza, por tanto, expresión de su castigo. Adiós lucha de clases, adiós cuestionamiento de la explotación y los privilegios. Las sectas cristianas, empezando en los Mormones, Testigos de Jehová y, por supuesto, incluyendo a Ekklesía, son una de las grandes ofensivas del imperialismo norteamericano para la dominación ideológica.

En plena dictadura y cuando empezó a sentirse débil, Banzer hizo traer al predicador Ruibal, para que en el estadio hiciera milagros con inválidos contratados: espectáculo pensado para adormecer al pueblo. Con 10 años estuve allí, con mi familia, no alcanzamos a entrar al estadio y escuchamos en medio de una multitud la prédica desde un lugar de la plaza, muertos de frío, mientras mi madre oraba por la sanación de mi hermana mortalmente enferma, escena en la que me convertí al ateísmo.

Banzer estaba cayendo, necesitaba masas y se las movieron las sectas cristianas, que luego se dedicaron a penetrar el movimiento campesino para desactivarlo, hasta su avanzada actual con las clases medias urbanas.

A finales de los 80, un joven identificado con Zárate Villca, en un anti-imperialismo ingenuo, mató a un mormón, a partir de esa fecha los Mormones han subcontratado “morenitos” para la prédica; antes de eso eran gringos, de ojos azules, los que predicaban que Cristo -según su biblia- era rubio y norteamericano.

Ese joven compartió Chonchocoro con García Linera, porque Sánchez de Lozada, por orden expresa de la embajada, ordenó una investigación inmediata. La Policía detuvo al hermano equivocado y no les importó el error, lo importante era tranquilizar al imperio, el asesino de los mormones estaba en la cárcel y no era “ningún preso político”. El movimiento popular de los 90 identificaba con claridad el carácter imperialista de las sectas cristinas; hoy Evo Morales hace pacto con ellos para ganar elecciones.

Vale la pena describir la mesa en la que se firmaba la ley, compuesta por hombres, entre los que aparecía, encogida de hombros, la presidenta del Senado, con cara “de nadie me pregunto nada”, exhibiendo que ningún peso político tiene. Toto Salcedo, con una sonrisa en la que estaba dibujada la ambición política de penetrar el Estado;  el Presidente, cuyo único rostro es el cinismo, y la “mano que mece la cuna”, el ministro Quintana, falso anti-imperialista. Ningún amauta, aunque sea chuto, conformaba la mesa,  ni para cuidar las apariencias.

Esto no afecta a la Iglesia Católica, porque tiene un intocable concordato especial con este mal llamado Estado laico, gracias al cual no paga impuestos.

Hay varios párrafos en los que aparentemente se protege el amautismo, al que se tratará de extirpar con la guerra de recursos y en la ofensiva millonaria que despliega el critianismo fundamentalista, que predica abiertamente contra los ritos amáuticos, a los que califica como actos “idolátricos” que disgustan a Dios.

Reclaman como libertad religiosa el derecho de crucificar jóvenes, mujeres, maricas y trans, según su visión retrograda de la vida, el sexo, el cuerpo y la libertad. No seremos mártires de su inquisición, seremos insurrectas de su persecución.

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