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Categoría: [Pare de sufrir, luche] Acera de en frente

El último militante

Si eres militante de un partido político porque tienes un trabajo en el Estado y el gobierno te obliga, presiona o chantajea para que a cambio de tu trabajo te afilies al partido de gobierno, entonces no eres militante, sino un secuestrado político que ha preferido cambiar su libertad de pensamiento por su seguridad económica.

Si eres militante de un partido político porque tu hij@ tiene un cargo en el Estado y ha tenido que llenar libros y libros, y le has hecho el favor de regarle tu nombre y el de todos tus amig@s,  vecin@s  y comadres para que no pierda su cargo, entonces no eres un militante, sino una madre afligida porque ante el desempleo gigante que hay sería una tragedia que tu hij@, que es el/la  únic@ que tiene un sueldo fijo,  pierda su pega.

Si eres militante de un partido político y tu militancia consiste en llenar papeletas vacías y meterlas en una ánfora para ganar unos 500 pesitos, gracias a que tu vecina dirigente te ha ofrecido el trabajo y lo haces porque es más ético tener dinero para comer que tener que robarlo, entonces no eres militante, sino una desempleada más que aprovecha la ocasión para ganar un dinero que necesita urgentemente para subsistir.

Si eres militante de un partido político pero en ese partido no hay formación política, ni discusión política, ni asamblea -donde no sólo escuchas, sino también puedes hablar y ser escuchada-; si  todas las decisiones partidarias ya están tomadas y eres sólo un número útil en las elecciones, entonces no eres militante porque el partido no tiene espacio de militancia política.

Si eres militante de un partido político y no tienes derecho de expresar tus discrepancias, ni tus ideas, porque esa actitud se considera peligrosa, disidente, ofensiva y sólo tienes que obedecer porque te pueden expulsar como a la Rebeca Delgado, por libre pensante, entonces no eres militante de un partido, porque no hay partido político, sino grupo de poder, que no es lo mismo.

Si eres militante de un partido político porque quieres ser candidato a presidente y estás inscrito en el tal partido para habilitarte como candidato y nada más, entonces no eres militante, porque no hay partido y la tal inscripción es un acto teatral que todos dan por válido, porque la política es una competencia de imposturas y teatralidades.

“El último militante” era el nombre de nuestro programa radial de discusiones con el actual ministro de Comunicación, Manuel Canelas. Justamente bauticé el programa con ese nombre con el afán de ironizar sobre la militancia política.

La pertenencia a una organización política, la discusión ideológica de ideas y propuestas son el alma de la política, pero en Bolivia han entrado en decadencia y degeneración.

No hay militantes políticos porque no hay partidos políticos y todo el aparato “electoral” está construido sobre la base de ficciones, mentiras, eufemismos, engaños y de matonajes, que recuerdan los que en su tiempo ejerció el MNR del 52. Aún recuerdo cómo en los barrios populares los dirigentes solían tener tres y cuatro carnets y gorras de partidos para acceder a las prebendas que los partidos regalaban. Ahora el MAS monopoliza el sistema de prebendas  con la misma lógica clientelar.

La política partidaria en Bolivia no es el escenario de las ideas, sino el escenario de la manipulación de las masas, masas para las concentraciones, masas para las votaciones, masas para las inscripciones. Masas manipulables sobre la base principal de la pobreza, de la ausencia de trabajo, de la ausencia de oportunidades limpias en las que concursar con conocimientos y no con colores políticos.

En el MAS hay una cúpula que lo decide todo, como otrora en el MIR o en la ADN. Las bases son clientelares,  ser de las bases es ser un peón, un pongo, un esclavo para pintar, para aplaudir y callar.

Por eso en Bolivia, en el sentido común de la gente, la militancia política es como “venderse” al partido, es la palabra más desprestigiada del léxico político. Ser militante no significa tener ideas o defender una ideología, sino ser un cliente barato del partido. Ser militante de un partido político es justamente haber vendido tus ideas por ambición, por ventaja, por oportunismo o por hambre.

Los partidos son un arma cargada de machismo, violencia y corrupción.

Leer en Página Siete

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Carta abierta a Adriana Salvatierra

Empecemos por nombrar a las que te precedieron en el cargo. La primera fue Mirtha Quevedo, del MNR, exsecretaria de Sánchez Berzaín. Mujer que salió huyendo del país porque respaldó la Masacre de Octubre, porque no tuvo ni el más mínimo sentido de crítica respecto a su jefe. Espero que no te pase lo mismo y que no te fusiones al caudillo sin perspectiva propia. No quisiera verte cargar con sus injusticias, como alfombra de piso.

La tercera fue Gabriela Montaño, mujer que se amargó en el cargo, a la que la soberbia y el sentimiento de superioridad la hacen insoportable en una entrevista televisiva de 10 minutos, en los que no se le puede preguntar nada, porque va a hacer monólogos. Lo más despreciable fue la traición a su correligionaria Rebeca Delgado.

Ahora vienes tú. Supongo que tu nombramiento responde a dos corrientes simultáneas, en medio de las cuales estás: por un lado, la lucha que desarrollamos cientos y cientos de mujeres en las calles para descolocar el lugar de subordinación que ocupamos las mujeres en la sociedad, y, por el otro, la necesidad urgente del MAS de taponar las críticas a la fuerte y estructural misoginia, y machismo dentro del proyecto masista.

Apareces entonces como la cara amigable del partido, un partido en el que hay muchas mujeres que pudieron ser colocadas como fichas en el lugar que ocupas  hoy tú, pero tú has hecho méritos, defendiendo las elecciones judiciales fallidas; tú has hecho méritos defendiendo las pasadas elecciones de Fiscal General; tú has hecho méritos demostrando lealtades hasta la exageración.

Dices que representas la inclusión por ser joven y mujer. Las mujeres de a pie estamos cansadas de la simplonería de que se suponga que la situación nuestra cambia porque una mujer forma parte de un esquema de poder. Déjame decirte que esa fórmula está trillada. La situación de las mujeres cambia cuando hay una agenda de lucha concreta. Y de l@s jóvenes lo mismo.

Si quieres salir del lugar que están cumpliendo todas las mujeres dentro el esquema masista, cual es el de ser una simple cuota biológica, sin contenido ideológico, te aconsejo lo siguiente.

Primero, ser coherente con tu propia historia, y así como pudiste resolver un aborto en una clínica segura, y sin riesgo de tu vida, impulses de inmediato la eliminación de la penalización del aborto en el Código Penal boliviano para salvar las vidas de las mujeres a quienes dices representar; las pobres que son las que mueren por infecciones y hemorragias, producto de abortos mal practicados.

Impulsar de inmediato la modificación de la Ley 348 que desde 2013, cuando ha sido promulgada, ha demostrado las decenas de errores graves que tiene. Nosotras, sin costo alguno, te podemos pasar el documento que expusimos N veces frente a dormidas parlamentarias, como Valeria Silva o Gabriela Montaño, que nos escucharon como oyen llover, cuando de las vidas de las mujeres se trata.

Formar de inmediato en la Cámara de Senadores una comisión de auditoría de los casos de feminicidio, similar a las auditorías impulsadas por Manuel Canelas. Una comisión con igual presupuesto y relevancia a las de la investigación de los papeles de Panamá.

Te solicitamos modificar la Ley de Trata y Tráfico de Personas que restituye competencias a la Policía sobre las mujeres en prostitución, competencias que usa la Policía para extorsionar y violar derechos humanos, y no para luchar contra la trata. Modificar también la ley del VIH, que acusa a las mujeres en prostitución de daño a la salud pública, cuando se les exige a ellas ser portadoras de un carnet sanitario y no así a los prostituyentes.

Van algunos consejos útiles: no te dejes nombrar en diminutivo, como lo hace el Vicepresidente cuando te dice “Adrianita”. Ese es un acto de minimizarte que muestra su resentimiento misógino, pero que afecta directamente la dimensión de tu trabajo.

No te dejes amargar la vida, no lo hagas, no en nombre de nadie más que de ti misma. No hay nada más patético que un político amargado, hablando amarguras todo el día por televisión, lo digo por tu jefe.

Felicidades y que viva la vida.

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¿Qué es la justicia patriarcal?

El aparato de justicia: Policía, jueces, fiscales y forenses incluyendo el Código Penal tiene una estructura y origen patriarcal que sigue vigente, por eso resulta imposible que ese aparato le dé solución a la cuestión del feminicidio, acoso sexual, violencia machista, irresponsabilidad paterna, violación sexual que son delitos mayormente y masivamente cometidos contra las mujeres.

Se han producido leyes parche que han demostrado no resolver el problema y que pueden revertirse en contra de las mismas mujeres.

La pregunta no es si la ley sirve o no, en principio se supone que es útil aunque cotidianamente muestra su inutilidad pues si de conseguir justicia se trata, siempre las más pobres, las más criminalizables como son las mujeres en prostitución, las trans o las lesbianas, quedan en la cola del sistema sin posibilidad de acceso a la justicia.

Los casos van por orden de prioridad racista, clasista y homofóbica. Lo mismo si se mide al victimador. Los más pobres de entre los hombres bajo una lupa clasista, racista y homofóbica serán considerados posibles victimadores y mientras más arriba en la escala social esté el victimador, menos posibilidad de juzgarle como victimador tiene la víctima.

En provincia, por ejemplo, las víctimas de antemano no son dignas de obtener justicia. Por eso, si la joven violada en Mairana no hubiera sacado los videos al Facebook, no hubiera accedido jamás ni a los medios de comunicación, ni menos aún a alguna forma de justicia. De hecho, la fiscal liberó al violador a pesar de las pruebas contundentes. Fue la astucia de la joven y sus estrategias creativas las que le posibilitaron la justicia que ella, para subsistir en provincia, necesitaba.

Justicia patriarcal es que la palabra de la víctima no tenga valor, que en un juicio por violación ella tenga que probar su inocencia, que una mujer que aborta sea penalizada, pero el aborto masculino sea legítimo.

Justicia patriarcal es que toda madre sea susceptible de ser vigilada judicialmente sobre el cumplimiento de una maternidad “buena”, pero que todo padre pueda presentarse ante un juez teniendo hij@s de diferentes parejas que no  puede mantener y que se fije la asistencia familiar, no sobre la base de las necesidades de subsistencia de las wawas, sino sobre la base de  la irresponsabilidad y comodidades del padre irresponsable que jamás se sentirá en la obligación jurídica, no sólo de criar y educar a las wawas, sino ni siquiera de ponerse un condón.

Justicia patriarcal es que un forense minimice las lesiones de una víctima de violencia machista, pero que cuando una mujer se defienda de su victimador, ella sea considerada no víctima, sino victimadora.

Justicia patriarcal es que toda víctima necesite de un abogad@ para ser representada y que no sea el Estado mismo, a través de la Fiscalía, que la represente.

Justicia patriarcal es que la víctima tenga que convertirse en investigadora porque la Policía ha convertido en rutina los feminicidios y no tiene la voluntad ni la pericia de recabar las pruebas.

Justicia patriarcal es que el sistema en su conjunto le achaque al alcohol, la fiesta o el deseo de libertad sexual las causas de la violencia machista, pero no así a la educación, al concepto de familia, a los patrones de los medios de comunicación o al discurso misógino del Presidente.

La justicia patriarcal quiere aislar cada caso para evitar el aglutinamiento de las víctimas y la crítica al sistema que sostiene, produce y legitima esa violencia. Busca las causas que la produjeron en teorías criminalísticas que conviertan a la víctima en responsable de la violencia que sufre.

Todo el sistema intenta intervenir sobre la víctima y no sobre el victimador. Ella sufre violencia machista no porque quiso emanciparse, sino porque es “carente de autoestima”, no porque se está rebelando, sino porque sale a bailar o se viste con escotes.

El victimador jamás es interpelado. Se lo encierra en una cárcel donde el tipo de reclusión será rifada por la Policía sobre la base de la extorsión económica que contra el victimador pueda utilizar la Policía.

No hay casas para maridos golpeadores donde ellos cocinen, cosan, tengan horarios de entrada y salida y hayan tenido que dejar las casas donde vivían, pero hay casas de refugio tipo cárcel para mujeres víctimas de violencia machista.
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Cien por ciento cuero

La violación es una de las instituciones estructurales del patriarcado como sistema de sometimiento de las mujeres. No es un comportamiento sexual, es un comportamiento político donde el violador se demuestra a sí mismo y al conjunto de su comunidad el acceso ilimitado que tiene a las mujeres que le rodean como eje principal de su condición de hombre. Es un acto de poder que implica el despojo y el desprecio de la voluntad de “la otra”.

El que viola una vez, viola mil veces, porque en cada violación repite el rito insaciable de experimentar su masculinidad como el ilimitado acceso a las mujeres. No son las drogas o el alcohol las causas de este comportamiento, sino el machismo, por eso el violador lo hace en el púlpito, en el confesionario, en la discoteca, en la universidad, el colegio o el motel.

Una violación múltiple es un acto colectivo donde la complicidad en el acto afirma que la amistad es entre “hombres” y ella, la mujer, no funciona como amiga, sino como objeto sin voluntad.

En Bolivia, la violación fue hasta finales de los años 90  un delito contra las costumbres y no contra la persona; y penalistas sobrevalorados como Huáscar Cajías consideraban que no debía convertirse en un delito contra la persona, porque afirmaban que es imposible determinar el “no consentimiento” de una mujer.

Hoy en día, todavía en muchas  situaciones se pretende resolver una violación con el matrimonio.

A pesar de su modificación en el Código Penal, todo juicio por violación representa el callejón oscuro de tortura social para la víctima, porque en los hechos es ella la que debe probar su “inocencia”, es decir su no consentimiento. Su palabra no basta y se la pone siempre en cuestión.

Instituciones como el “matrimonio”, el noviazgo o la prostitución implican el “derecho” de violarte. Una esposa, una novia o una mujer en prostitución jamás podrá denunciar a su violador y gozar de credibilidad. En muchos casos la paternidad implica el derecho de violar a la hija y eso debe ser callado para proteger algo “más importante” como es la sacralidad “de la familia”.

Hace meses luchamos por la libertad de una lechera que mató al violador de su hija en medio del altiplano, donde no hay ni Policía y ni su palabra  ni la palabra de la hija valen nada, ella está siendo castigada, mientras que en Bolivia la mayor parte de casos de violación quedan en la impunidad y no son ni siquiera investigados por la Policía.

Los violadores denunciados hace pocos días no son sólo producto de una madre “machista” que los ha justificado. Esos violadores son producto de la sociedad cruceña en su conjunto. Son ejecutores del mensaje continuo de que las mujeres son objetos para complacencia del macho que emiten los medios de comunicación y especialmente la publicidad.

Lo que han hecho ellos, por citar sólo un ejemplo, es concretar el 100% cuero de Corimexo, son también producto de los mensajes de sometimiento e hipocresía que emiten las iglesias, son producto de la denigración continua que se hace de las mujeres.

El Carnaval cruceño es una convocatoria colectiva a la violación como rito carnavalero, donde hechos como el ocurrido se pueden ver en todos los escenarios sociales. La Fexpocruz es una plataforma donde el producto de atracción son las mujeres en su condición de objetos equiparables al producto que te vas a comprar.

Que no nos vengan a decir que la solución es volver a recluir y controlar a las mujeres y que la causa de la violación es la libertad de la joven de haber salido de parranda con sus “amigos”. Que no venga a decirnos la Iglesia Católica que sabe lo hay que hacer, cuando en sus filas las violaciones abundan. Que no sirva esta violación para coartar nuestra libertad.

Ella, la víctima si puede recuperarse, es más,  ofrecemos nuestros servicios para darle a ella las herramientas para que lo supere. Son ellos los que no podrán superar su condición de violadores. Es Santa Cruz y el país entero que está demostrando que no tiene la capacidad de actuar sobre un caso tan grave, al punto que los hijitos de papá han entregado la vagoneta después de haberla hecho lavar sin que la Policía haya ni siquiera secuestrado el vehículo y recabado allí las pruebas.

Esto sólo se resuelve por la lucha de las mujeres y la capacidad de impugnar, cuestionar y desacatar el lugar de objetos que la sociedad nos asigna.

Leer en Página Siete

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