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Categoría: [Pare de sufrir, luche] Acera de en frente

21 F: volvemos a decir que No

Volvemos a decir que No porque no hay respeto a los derechos humanos ni organismo estatal que los garantice, ni ventanilla siquiera donde se registren los abusos de poder cotidianos. La destrucción de la Defensoría del Pueblo es responsabilidad del MAS.

Volvemos a decir que No porque estamos cansadas de pactos de poder que se saldan con un caballo de lujo, tal cual lo hizo Melgarejo; pactos que parecen convertirnos en peones de una hacienda que administra el amo.

Volvemos a decir que No porque no hay justicia, ni vigencia de las garantías constitucionales que garanticen a las mujeres una vida sin violencia. Los feminicidios, las violaciones y los abusos contra las mujeres son pan de cada día y la justicia y la Policía un aparato al servicio de la impunidad.

Volvemos a decir que no porque la leyenda de Gabriela Zapata representa la parodia del lugar de las mujeres en el  llamado proceso de cambio, un lugar que pasa por la condición de objetos sexuales, por la condición de blanqueamiento y desclasamiento, por la condición de objeto de complacencia del caudillo.

Volvemos a decir que No porque el Órgano Electoral no tiene credibilidad y eso parece no tener remedio, es más fuerte el cinismo que todo argumento; literalmente se ríen en nuestras caras.

Volvemos a decir que No porque el mecanismo de gobierno responde a una metodología de destrucción de la democracia popular, expresada en las organizaciones sociales, hoy convertidas en mafias dirigenciales que no gozan de credibilidad, que son abusivas y que practican el matonaje gremial.

No hay democracia porque no hay foro donde ser escuchada como pueblo, no hay interlocución posible que no pase por el clientelismo y la cooptación.

Volvemos a decir que No al caudillismo concentrado en la figura de Evo Morales , porque el caudillismo es sinónimo de autoritarismo, machismo y arbitrariedad.

Volvemos a decir que No porque el modelo económico en el que estamos es una burbuja de consumismo y depredación que nos empobrece cada día. Pobreza no es no tener dinero para consumir; pobreza es tener ríos contaminados, pobreza es tener una wawa con cáncer a los 10 años, pobreza es no tener justicia, no tener esperanza de tener un trabajo, como les pasa a cientos de miles de mujeres madres solas.

Estamos conscientes que en el No a Evo Morales hay un rebrote de racismo, que con resentimiento gritan un No a Evo porque es indio.

Estamos conscientes de que en el No a Evo Morales  hay una derecha que quiere aprovechar la retórica populista de Evo Morales, pero eso no significa que la derecha más peligrosa no tenga alianza con el gobierno; por eso mismo nos queda claro que Evo Morales no representa a la izquierda versus la derecha.

El No a Evo Morales es tan peligroso como el sí; la única diferencia entre uno y otro es que el sí representa el estancamiento y él no representa ese lugar donde seguir sembrando ideas y prácticas políticas democratizadoras, cargadas de ideas y sueños que hoy en Bolivia no tienen espacio para florecer.

En el campo jurídico han sepultado los resultados del referéndum, buscando un atajo para repostularse, pero en el campo político esa bronca, esos No que no se están respetando pueden multiplicarse exponencialmente, no porque en Bolivia haya hoy una alternativa electoral abierta, sino porque Evo Morales candidatea contra sí mismo.

En tiempo electoral pueden dedicarse  a ofrecer demagógicamente lo que en 13 años de gobierno no han querido hacer, como el seguro universal, pero si hay algo que han perdido es credibilidad, capacidad de seducir y sentido de la realidad.

Como movimiento y como Radio Deseo, este 21F ofrecemos la publicación de un recuento de todas las violaciones a los derechos humanos cometidas por el gobierno en la gestión 2018: 25 muertos entre los que están los cocaleros de La Asunta, el estudiante de la UPEA y el caso de las explosiones en Oruro, cerrado, sin respuesta por negligencia policial. Informe elaborado por Verónica Sánchez de la Asamblea de Derechos Humanos y que venderemos en dos pesitos en las calles.

El No del referéndum que estalle en las urnas electorales tendrá la fuerza de un cuerpo que lleva doble impulso, el impulso de un primer No sumado al impulso de la bronca porque ese No no se respetó.

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¿Y el acceso a la información, pa cuándo?

El ministro de Comunicación Canelas ha prometido garantizar la libertad de expresión y la pluralidad en los medios de comunicación estatales. Esperemos que el Ministro entienda el pluralismo no únicamente circunscrito a la mediocre, opaca, aburrida, dispersa y nada representativa “oposición» parlamentaria, sino a una infinidad de voces, luchas y causas sociales que no giran en torno al MAS, y su proyecto.

De más está decir que no sólo le tomamos la palabra, sino que le creemos de hecho, en sus espaldas está descargada una de las mayores expectativas, pues es uno de los pocos ministros que goza ampliamente de la credibilidad social, ganada en sus años como diputado nacional especialmente.

Sin embargo, más allá de la pluralidad está el acceso a la información como un pendiente fundamental.

¿Cómo podríamos hacer para saber cuánto gasta el gobierno en el programa Evo Cumple  o para conocer los números reales de BoA, Entel o cualquier otra empresa estatal?

¿Cómo podríamos hacer para saber cuánto nos cuesta el avión presidencial operativamente?

¿Cómo podríamos hacer para saber cuáles son los términos en los que la Cancillería está discutiendo la llamada ley de “libertad religiosa” que está discutiendo el Gobierno y las sectas fundamentalistas  a espaldas de la sociedad?

¿Cómo podríamos hacer para saber la situación real de las exportaciones de gas o la situación real del trato con las transnacionales?

¿Tenemos que creer en la palabra de los altos funcionarios que salen en conferencias de prensa restringidas, que dan lugar a preguntas restringidas y que con temas peliagudos no quieren responder?

¿Tenemos que creer en la palabra de altos funcionarios que sólo asisten a programas de televisión donde nadie les hará una pregunta incómoda y donde l@s periodistas se han resignado a no perder su puesto de trabajo,  donde l@s periodistas se someten al guion oficial y ya ni siquiera preparan la entrevista?

¿Cómo podríamos hacer para saber y saber, y saber cientos de miles de cosas que tienen que ver con la gestión del Estado, información a la cual no tenemos acceso?

Por falta de acceso a la información copan en la agenda informativa temas tan banales y absurdos que parecen hasta prefabricados por el propio gobierno, como el irrelevante tema de la nacionalidad de la Presidenta del Senado.

Por falta de acceso a la información, el periodismo en Bolivia se ha vuelto casi exclusivamente declarativo, unos dicen una cosa y otros responden otra; pocas veces vamos al fondo de las cosas y vamos perdiendo profundidad día a día.

Por falta de acceso a la información cualquiera puede especular cualquier cosa porque no hay cómo contrastar datos.

Por falta de acceso a la información pareciera que vivimos en una monarquía, en la que es más importante saber cuántas flexiones hace el rey que cómo se gestiona el dinero público de tod@s.

El acceso a la información no es un detalle de la democracia, sino un componente fundamental de la democracia. El acceso a la información no es un derecho de periodistas o medios de comunicación, sino de la ciudadanía, y si no les gusta la palabra ciudadanía, les propongo la palabra plebe, es un derecho de la plebe (por cierto, la palabra plebe corresponde a un régimen monárquico).

Prueben a ir a buscar información al Estado munidos de su carnet de identidad y ya el guardia de la puerta los sacará tostando.

Prueben ir a buscar información y ser un estudiante de colegio, una estudiante universitaria, y vivirán la más humillante de sus experiencias de ciudadanía.

Prueben ir a buscar información que incomoda munidos de un carnet de identidad, prueben a buscar información y les ganará el cansancio, el peloteo, el vuélvase mañana, el mande una carta.

Prueben a navegar en la red buscando información precisa actualizada y transparentada y les auguro la pérdida de horas y horas de búsquedas en vano.

Me quejo muchas veces de la mala calidad de los periódicos. Recuerdo con nostalgia el semanario Aquí cargado de información; hasta he llegado a tener nostalgia del semanario Pulso, que publicaba investigaciones.

No sé cómo hacen actualmente para llenar los periódicos, con razón me los ojeo en pocos minutos y me quedo con hambre de verdad, con hambre de democracia.

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Debajo de la tierra

Debajo de la tierra en el camino a Caranavi no sólo están l@s muert@s y especialmente l@s niñ@s que no pudieron escapar. Debajo de la tierra en el camino están los errores de la construcción de la ruta a Caranavi, que ahora nos quieren hacer pasar como que por las lluvias el cerro entero se ha movido, explicación que subestima nuestra inteligencia.

Debajo de la tierra en el camino está la mala calidad de las obras que entregan a medio terminar, con sobreprecio o mal hechas.

Concepción Ortiz, diputada masista yungueña, a la que seguramente ya le han pedido que se calle, ha relacionado la tragedia con la mala construcción del camino.

Debajo de la tierra en el camino está el despilfarro de las Fuerzas Armadas que demuestran, una vez más, que no sirven para nada. Cada vez que hay una tragedia, como en el caso de la basura de La Paz, mandan a los conscriptos, que son los pongos del siglo XXI, a levantar la basura o la tierra con sus manos, casi sin equipamiento, casi sin maquinaria, sin ninguna profesionalidad; porque se malgasta el dinero que se les asigna en los mismos lujos que en la época de la dictadura de Banzer.

Vemos a esos que llamamos “soldaditos” y les tenemos pena. No sabemos si comen o no, hacen el trabajo y sacan el nombre de las Fuerzas Armadas adelante; mientras los generales y coroneles bien gracias, despilfarrando el dinero que se les asigna.

Debajo de la tierra en el camino está la mediocridad extrema del Ministro de Obras Públicas que es capaz de salir en televisión a decirnos que la causa del movimiento de tierras son las lluvias, sin la mínima preparación, sin que un experto geólogo, quien debería trabajar en la ABC, pueda salir a explicarnos las causas científicas de lo ocurrido.

Debajo de la tierra en el camino está el sistema de salud, en el que se ha tenido que llevar a l@s herid@s al Hospital Arco Iris, un hospital privado y de la Iglesia, porque no hay otro mejor en el circuito, y en los hospitales públicos no hay camas disponibles.

Los caminos siguen siendo cementerios por una y por otra causa que no se ha resuelto.

¿Cuánto ha durado el control del GPS exigido a las flotas? ¿Tres meses, dos semanas? Aún recuerdo al Ministro de Gobierno de cara a otra tragedia, que ya  sólo recuerdan l@s huérfan@s, anunciar el sistema de control de velocidad de las flotas. Hoy no hay una que funcione con ese sistema. L@s usuari@s de las flotas del país nos subimos todos los días como quien puede estar tomando su último viaje.

El control técnico de Tránsito al transporte, especialmente al transporte interdepartamental, es un chiste que sirve para la extorsión, pero no para la seguridad.

El control de alcoholemia es frecuente en la zona Sur los viernes, pero es inexistente en los caminos.

El camino Cochabamba-Santa Cruz no se ha resuelto en 12 años de gobierno millonario. ¿Por qué deberíamos creerles que lo resolverán a futuro?

La tierra húmeda convertida en barro y mezclada con sangre yungueña nos refresca la memoria. ¿Se acuerdan que era viceministro de Transporte nada menos que Galo Bonifaz, un diputado pandino transportista, sobre cuyas espaldas está la tardanza y las posibles fallas aún no afloradas de la autopista al El Alto?

El deslizamiento del cerro en Caranavi no puede ser producto de las lluvias, sino de algún error en el trazado de la ruta, en el movimiento de tierras para la construcción del camino, porque si es así, las casas y los edificios también se caerían con las tormentas.

L@s muert@s del camino son de Evo, de un gobierno preocupado por las primarias y descuidado  lo que tiene que hacer. No ganan un sueldo para ganar elecciones, ganan un sueldo para trabajar y gestionar el Estado.

Salir con bata blanca visitando a l@s herid@s en circunstancias así es más bien un acto ridículo y es el uso perverso del dolor para legitimarse políticamente.

Debajo de la tierra está también la representación yungueña de Adepcoca, hoy en la cárcel y sin vocería legítima porque el ejecutivo se atrevió a proclamarse candidato a la Presidencia y a desafiar a Evo Morales.

Debajo de la tierra en el camino están las urnas de unas futuras elecciones cuya transparencia está en duda debido a la falta de credibilidad del Órgano Electoral.

Debajo de la tierra mojada en el camino está pues también la democracia. Para desenterrar a l@s muert@s sólo tenemos palas y manos, para desenterrar la democracia, también.

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El último militante

Si eres militante de un partido político porque tienes un trabajo en el Estado y el gobierno te obliga, presiona o chantajea para que a cambio de tu trabajo te afilies al partido de gobierno, entonces no eres militante, sino un secuestrado político que ha preferido cambiar su libertad de pensamiento por su seguridad económica.

Si eres militante de un partido político porque tu hij@ tiene un cargo en el Estado y ha tenido que llenar libros y libros, y le has hecho el favor de regarle tu nombre y el de todos tus amig@s,  vecin@s  y comadres para que no pierda su cargo, entonces no eres un militante, sino una madre afligida porque ante el desempleo gigante que hay sería una tragedia que tu hij@, que es el/la  únic@ que tiene un sueldo fijo,  pierda su pega.

Si eres militante de un partido político y tu militancia consiste en llenar papeletas vacías y meterlas en una ánfora para ganar unos 500 pesitos, gracias a que tu vecina dirigente te ha ofrecido el trabajo y lo haces porque es más ético tener dinero para comer que tener que robarlo, entonces no eres militante, sino una desempleada más que aprovecha la ocasión para ganar un dinero que necesita urgentemente para subsistir.

Si eres militante de un partido político pero en ese partido no hay formación política, ni discusión política, ni asamblea -donde no sólo escuchas, sino también puedes hablar y ser escuchada-; si  todas las decisiones partidarias ya están tomadas y eres sólo un número útil en las elecciones, entonces no eres militante porque el partido no tiene espacio de militancia política.

Si eres militante de un partido político y no tienes derecho de expresar tus discrepancias, ni tus ideas, porque esa actitud se considera peligrosa, disidente, ofensiva y sólo tienes que obedecer porque te pueden expulsar como a la Rebeca Delgado, por libre pensante, entonces no eres militante de un partido, porque no hay partido político, sino grupo de poder, que no es lo mismo.

Si eres militante de un partido político porque quieres ser candidato a presidente y estás inscrito en el tal partido para habilitarte como candidato y nada más, entonces no eres militante, porque no hay partido y la tal inscripción es un acto teatral que todos dan por válido, porque la política es una competencia de imposturas y teatralidades.

“El último militante” era el nombre de nuestro programa radial de discusiones con el actual ministro de Comunicación, Manuel Canelas. Justamente bauticé el programa con ese nombre con el afán de ironizar sobre la militancia política.

La pertenencia a una organización política, la discusión ideológica de ideas y propuestas son el alma de la política, pero en Bolivia han entrado en decadencia y degeneración.

No hay militantes políticos porque no hay partidos políticos y todo el aparato “electoral” está construido sobre la base de ficciones, mentiras, eufemismos, engaños y de matonajes, que recuerdan los que en su tiempo ejerció el MNR del 52. Aún recuerdo cómo en los barrios populares los dirigentes solían tener tres y cuatro carnets y gorras de partidos para acceder a las prebendas que los partidos regalaban. Ahora el MAS monopoliza el sistema de prebendas  con la misma lógica clientelar.

La política partidaria en Bolivia no es el escenario de las ideas, sino el escenario de la manipulación de las masas, masas para las concentraciones, masas para las votaciones, masas para las inscripciones. Masas manipulables sobre la base principal de la pobreza, de la ausencia de trabajo, de la ausencia de oportunidades limpias en las que concursar con conocimientos y no con colores políticos.

En el MAS hay una cúpula que lo decide todo, como otrora en el MIR o en la ADN. Las bases son clientelares,  ser de las bases es ser un peón, un pongo, un esclavo para pintar, para aplaudir y callar.

Por eso en Bolivia, en el sentido común de la gente, la militancia política es como “venderse” al partido, es la palabra más desprestigiada del léxico político. Ser militante no significa tener ideas o defender una ideología, sino ser un cliente barato del partido. Ser militante de un partido político es justamente haber vendido tus ideas por ambición, por ventaja, por oportunismo o por hambre.

Los partidos son un arma cargada de machismo, violencia y corrupción.

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