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Categoría: [Pare de sufrir, luche] Acera de en frente

Los dueños del futuro

El mensaje presidencial del 6 de agosto lo dio el vicepresidente Álvaro García Linera y no el presidente Evo Morales. García Linera se tomó todo el tiempo y estructuró su mensaje como si fuera él el Presidente de este país, al punto de que el Presidente se quedó con comentarios sueltos, inconexos y anecdóticos de su gestión.

Evo Morales fue abrumado por las potente voces que invadían el patio de la Casa de Moneda desde las calles de Potosí, gritando “Bolivia dijo NO”. Pero el avasallamiento mayor que vivió su palabra vino no de los opositores, sino del círculo de cuervos que le rodean, en este caso del mensaje del Vicepresidente.

Un mensaje estructurado y largo que carecía del ingrediente principal: la autocrítica. Un mensaje de autoelogio, en el que evitó los temas más graves que atraviesa la sociedad boliviana, como el colapso del sistema de salud y la ausencia completa de justicia. Evitó el tema de la corrupción que los ahoga. En vez de ello se declaró, a él y su gobierno, propietario del futuro del país. Un futuro en el que las mujeres, en palabras textuales, tenemos un lugar en sus reflexiones como “beneficiarias de un dudoso programa de vivienda gratuita para mujeres abandonadas”, programa que no es ni digno de ser criticado, sino que refleja esa visión misógina y paternalista de las mujeres como seres abandonados.

Para declararse dueño del futuro ventila, por enésima vez, su oferta consistente en la agenda 20/25, una agenda desarrollista, extractivista, que es la mayor prueba ideológica, política y económica de que el MAS ha tocado fondo, que el MAS no tiene nada que proponerle al país por carecer de lo principal: sueños con que seducir a un país de jóvenes y de mujeres rebeldes, que no son ningunas abandonadas.

El discurso del Vicepresidente nos coloca frente a un gobierno en el que los papeles han sido intercambiados, donde ni siquiera están dispuestos a respetar la Constitución Política del Estado, no sólo en cuanto al referendo del 21 de febrero, sino en cuanto al Estado laico sin religión oficial, por lo que el muñeco de peluche del evento, receptor de abrazos durante la comunión, de primeros planos repetitivos en la televisión, era el cardenal, como si Bolivia siguiera teniendo como religión oficial la Católica.

Tampoco respetan la Constitución en cuanto a los derechos de los pueblos indígenas, que no gozan del derecho a la consulta previa sobre sus territorios y no gozan tampoco de una bancada indígena por usos y costumbres, sino que deben pasar por el aro del partido, demostrar que son serviles y entonces acceder a un escaño de representación, donde lo único que tienen que hacer es levantar la mano.

Tampoco respetan su Constitución en lo que a la paridad y alternancia se refiere, pues si Evo pretende ser candidato a Presidente, pisoteando la Constitución, como lo ha hecho ortega en Nicaragua, una mujer debería ser la candidata a Vicepresidenta, y no el cuervo que tiene al lado.

Los dueños del futuro dividen al país entre patriotas, que serían ellos, y antipatriotas, que serían los otros demonizados. Se trata de una visión manipuladora de los conflictos existentes en el país, instaurando una ley que se resume en: estás conmigo o estás contra mí; rechazando toda disidencia, toda discusión, todo desacuerdo.

O sea que, además, estos autoproclamados dueños del futuro nos proponen apostar por una polarización que nos convierte de ciudadanos a súbditos de un rey al que simplemente hay que obedecer y al que no se le puede decir ni siquiera no.

Todo esto, irónicamente, se desarrollaba en la Casa de Moneda, probablemente uno de los museos más visitados del país precisamente por cientos y miles de bolivian@s que quieren comprender su propia historia. Un museo que no ha logrado en 12 años de gobierno el replanteamiento de su narrativa colonialista gracias a burócratas de la cultura de la Fundación Cultural del Banco Central, que sólo sirven para aduladores, que se habrán trasladado a Potosí a dar ordenes a los gritos y a poner el mantelito para sus amos.

Por último, en los actos del 6 de agosto la persona más triste y apagada parecía ser precisamente la esposa del Vicepresidente. ¿Por qué será no? Pobrecita, imagino que nadie quisiera estar en su lugar.
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Consejos fraternos para el Presidente

Usted es quien se ha colocado en relación con nosotr@s como hermano Presidente. No tengo acceso alguno para hablar con usted, aunque mucho me gustaría hacerlo, no para pedirle un puesto, una recomendación, ni siquiera para reclamarle algún caso de corrupción o cosa por estilo; tampoco para decirle en la cara: Bolivia dijo No. Me gustaría hablar con usted para darle algunos consejos de hermana ciudadana. Sé que se trata de una cita imposible, por lo que le hago llegar mis fraternos consejos por esta vía.

Consejo 1. Usted sabe mejor que yo que sus hijos Álvaro y Evaliz le han dicho que no votarán por usted. Se trata de dos jóvenes más en esta Bolivia poblada de jóvenes a quienes usted pedirá el voto. Lo trágico es que son sus hijos, portadores de la única palabra sincera que le rodea, ellos no le mienten como hacen todos los demás. Son sus hijos, aquellos a los cuáles usted no les respondió como padre y que no votarán por usted, no por esa razón, porque no hay rencor en sus palabras, sino simplemente porque ellos se dan cuenta que usted no debe repostularse. Para remate de tragedia, ellos estrenarán su derecho al voto votando contra usted. Mi consejo es que les haga caso y no se repostule, y que si no les ha respondido como padre, al menos les responda como Presidente, respetando la Constitución.

Consejo 2. Usted, mejor que yo, sabe que está atravesando una peligrosa enfermedad. Una enfermedad que lo tiene muy demacrado y en muchas ocasiones muy malhumorado. Ha visto a amigos entrañables suyos -como el expresidente de Venezuela, ser devastados por la enfermedad- mientras en vano se aferraron al poder en lugar de dedicar sus días a la recuperación de su salud. No entiendo por qué ninguno de sus colaboradores lo quiere tanto como para pedirle que cuide su salud, se dedique alma vida y corazón al tratamiento que necesita, descanse el tiempo que tiene que descansar, asuma la disciplina corporal que su cuerpo requiere y no se repostule, arriesgando su salud y su vida.

Mi consejo de hermana ciudadana es que no cometa usted el mismo error que Chávez, no se aferre al poder a costa de su salud y su vida, pues el poder usted no se lo llevará a la tumba, sino al revés. No se repostule por razones de salud, eso todo el país comprenderá y aplaudirá.

Consejo 3. Usted, mejor que yo, sabe que ha perdido demasiados amigos en este camino de lucha por el poder; demasiados amores ha perdido y demasiados maestros. Está solo. Los que le rodean no son amigos, quizás no lo quieren y lo adulan tan sólo por los beneficios que les representa estar cerca de usted. Sabe mejor que yo que en ese equipo no hay sinceridad, pero tampoco honestidad; sabe que muchos, que entraron al gobierno sin ninguna posesión, hoy están más que enriquecidos a su costa. Ell@s no representan verdaderas amistades profundas, pero tampoco son un buen equipo de gobierno, por eso le toca renegar, disgustarse y desconfiar todos los días.

Usted también sabe que todos los errores que esos hombres y mujeres ambiciosas cometen lo hacen en su nombre, y que pueden llegar a destrozarlo. Desde el poder no se puede renovar un equipo, porque los que se acercan lo hacen sólo por el interés. Mi consejo es que los mande a todos y todas a rodar. No es usted quien les debe a ellos y ellas nada, no se deje empujar al abismo.

Consejo 4. Usted, mejor que yo, sabe que no hay equipo de gobierno, que no hay ideas para proponerle al país, que no hay capacidad de entender al país, que todos ustedes han envejecido, que no hay jóvenes ni ideas nuevas en sus filas; que hasta los movimientos sociales se han corrompido, al punto que nadie mueve nada sin plata. Una estructura así no vale la pena salvarla. El MAS parece grande pero está como una bola inflada de mierda. La realidad es que son pocos con pocas ideas muy repetitivas.

La realidad es que si usted se repostula puede llegar a perder las elecciones. No crea que eso no es evidente, se nota, se nota desde lejos. Mi consejo es que no se repostule para que las cosas buenas que ha hecho usted no sean destruidas por ustedes mismos, como le pasó al MNR, al MIR y a tantos otros.

Usted está al borde del abismo, repostularse es lo mismo que lanzarse para estallar contra las rocas, y acabarse.

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De la conquista del voto a la conquista de la fiesta


Este 23 de julio se ha cumplido, desde 1953, 65 años de la conquista del Voto Universal, que pretendía romper con el monopolio del varón blanco letrado y propietario, como dueño de la política formal. Con el Voto Universal, las mujeres  y los indígenas en nuestro país supuestamente accedemos a eso que se llama “política”. Nadie celebra ni recuerda esa fecha, sólo se recuerda la promulgación de la Reforma Agraria porque, de hecho, el monopolio masculino sobre la política no se ha roto con el voto de las mujeres, el monopolio blanco y colonial tampoco se ha roto con el voto indígena. Aquellas mujeres que acceden a la política formal lo hacen sumándose a la política definida en términos masculinos y patriarcales.

No hay ni una sola mujer electa a escala mundial que haya sido contundente en su capacidad de romper con los moldes y parámetros patriarcales; las mujeres en el poder no representan a las mujeres de a pie ni menos aún la capacidad de ejercer política de una forma distinta. No había sido cuestión del acceso a elegir y ser elegidas, sino que de lo que se trata es de cambiar los conceptos mismos de lo que entendemos por política y poner las prioridades al revés:  primero la vida, primero la felicidad, primero la naturaleza.

Eso supondría devolvernos a las mujeres nuestros cuerpos, devolvernos nuestro tiempo, devolvernos el poder sobre nuestras maternidades. Supondría una revolución feminista y no una cuota biológica para ser elegidas o el derecho de votar por un caudillo machista que nos ve y nos usa como objetos sexuales o como base social “desamparada” y “vulnerable”. Pero mientras la política formal, con pies de plomo, de forma casi primitiva nos ofrece el voto y el derecho al 50%  dentro de una política patriarcal, poco trascendente para la vida; la gran masa de mujeres populares va mucho  más allá.

Las mujeres, entre otras cosas, estamos en el proceso alucinante de conquista de la fiesta. Las cientos de miles de mujeres que veremos en la Entrada Universitaria, bailar y moverse como si quisieran hacer retumbar la tierra; las mujeres que en la fiesta del Gran Poder desobedecen de frente  las normas ridículas de la Asociación de Conjuntos Folklóricos para encajar sus cuerpos en un corsé escotado, con los pechos casi totalmente descubiertos; las mujeres en los prestes como protagonistas de la alegría y el desenfreno de quien está rompiendo algo con todo su cuerpo son sólo un síntoma de esta alucinante conquista de la fiesta.

Ir a “la fiesta” entre amigas, cambiar en  “la fiesta” de pareja, bailar con quién te dé la gana, expresar tu alegría, tu excitación sexual, tu sensualidad, es eso lo que hoy se presenta como un escenario subterráneo de auténtica conquista social para las mujeres y, muy en especial, para las mujeres jóvenes.

Conquistar la noche, conquistar el baile, afirmar el derecho en la fiesta de vestirte y contornearte como te da la gana. Destituir la supuesta “propiedad” de tu pareja sobre ti en el escenario de “la fiesta”. Esas son las escenas a las cuales el machista está respondiendo con violencia para castigarnos, para hacernos retroceder, para reinstaurar su poder precisamente en la fiesta. Para que ninguna mujer se sienta libre de vestirse como le da la gana, para que el mínimo detalle de transgresión sea utilizado como detonador de una forma de acoso o agresión sexual, para que toda mujer se sienta en peligro de vida, en peligro de violación en “la fiesta”.

La fiebre de conquista de la fiesta como escenario de libertad para las mujeres es uno de los escenarios del feminicidio. Muchas mujeres son asesinadas con sus mejores galas y cuando latían en sus pechos con más intensidad sus ganas de vivir; allí mismo somos violadas al son de la banda. Al día siguiente, cuando se recogen nuestros cuerpos, cuando sale la crónica policial de lo sufrido, la sociedad entera nos culpabiliza de lo ocurrido, porque nos habíamos tomado la osadía de ir a la fiesta, de transgredir en la fiesta la ley del macho; porque nos habíamos atrevido a comportarnos con desenfreno, rompiendo cadenas invisibles.

La conquista de la fiesta es, desde mi punto de vista, más trascendente, más seductora y más transformadora que la conquista del voto. Si no puedo bailar en tu revolución, no me interesa tu revolución.

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Evo/Ortega: espeluznante comparación


¿Por qué Evo Morales no alza el teléfono para llamar a su amigo Ortega, con quien compartió en las cumbres del ALBA cenas y abrazos, y le dice que pare de matar a su pueblo?

No lo hace porque se identifica con el que tantas veces llamó comandante Ortega.

Ortega fue uno de los  comandantes de una revolución que acabó con una de las dictaduras más duras de los 80 en el continente, la dictadura de Somoza.

Fue ese halo de comandante sandinista lo que le permitió apropiarse de una revolución y convertir su gobierno en una copia de la dictadura somosista. Aliado con la iglesia más conservadora, se dedicó a vender el país, a gobernar en una suerte de monarquía familiar incontestable. El gobierno de Ortega nada tiene del sandinismo, más que el uso de su historia para beneficio propio. En tantos años lo que menos le interesó a Ortega es cuidar el proceso nicaragüense; lo que menos le interesó a Ortega es construir procesos internos para que la conducción sandinista del país derivara en nuevas generaciones, floreciera en nuevas propuestas y que toda la poesía escrita en el nombre de la revolución derivara en más revolución.

Ortega, que duda cabe, es hoy un dictador asesino que saldrá del poder matando y que está protagonizando una guerra contra su pueblo.

Evo Morales, en un proceso similar, ha ido perdiendo los contenidos con los que subió al poder; no es un gobierno indígena, no es un gobierno popular, no es un gobierno democrático. Ha devorado todos los poderes del Estado y es hoy un gobierno caudillista que quiere concentrar todo en su figura.

En series coleccionamos los escándalos de corrupción, de negligencia y de falta de sentido. Al que menos le interesa relevo alguno es precisamente a Evo Morales. Los sueños de una sociedad no racista, antimperialista, con un gobierno indígena, un gobierno que responda a las necesidades populares, un gobierno que mande obedeciendo, son hoy sueños rotos, convertidos en la pesadilla de un gobierno caudillista al que sólo le interesa aferrarse al poder para seguir disfrutando mafiosamente de la gestión del Estado. Un gobierno sin ideas, al punto de que se han puesto a copiar el programa de Revilla de Barrios de Verdad, que es un Programa del Banco Mundial poco interesante de maquillaje de bienestar. La única idea detrás es polarizar la situación hasta el nivel de barrio: estás con Revilla no hay plata; estás contra Revilla hay plata.

Parece un detalle inofensivo frente a la magnitud de vivir en una sociedad en la que no hay justicia, no hay deliberación de ideas, no hay acceso a la información; pero se trata de una muestra de que una vez que el gobierno de Evo ha tomado ya todo, todos los poderes, todos los espacios, pasará a atar,  amordazar y polarizar a la población centímetro a centímetro. Por eso les irrita tanto el Bolivia dijo No, porque aunque se trata de una frase corta, sin un contenido claro, es un No que rompe su proyecto de control.

La comparación entre Ortega y Evo es espeluznante cuando hablamos de gobiernos que dicen ser una cosa y son otra; cuando hablamos de gobiernos que convierten los contenidos de una revolución en pantalla de proyectos caudillistas, a los que sólo les importa el control de todo y la concentración de poder en sus manos.

La comparación es espeluznante cuando vemos cómo Ortega se aferra hoy al poder a cualquier costo. No estamos en Bolivia, por supuesto, a esa altura, pero estamos justamente a tiempo de que el proceso boliviano no derive en un proceso como el nicaragüense. Estamos a tiempo de no permitir un enquistamiento de Evo Morales y su cúpula mediocre en el poder del Estado; estamos a tiempo de que no se consideren dioses bajados de los cielos e incuestionables, elegidos para un gobierno perpetuo.

Ortega hoy está dispuesto a matar para seguir gobernando; Evo está dispuesto a polarizar la sociedad una vez más para que la violencia sea entre nosotros. Es urgente que esto no pase, es urgente que Evo sea destituido, no del gobierno, sino del trono divino del elegido, para que vuelva a formar parte de los mortales.

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