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LA ACERA DE ENFRENTE
Tu pene


Fecha de emisión 24 de Agosto, 2016

La obsesión y al mismo tiempo la angustia respecto de su pene con el que crece un niño es algo que permanece en el hombre adulto casi sin procesamiento. El hombre, el macho, el varón vive en nuestra sociedad "genitalizado”. Esto quiere decir que se define a partir de sus genitales, sus genitales tienen que ver de forma absurda con todo y adquieren un cierto poder identitario.

Cuando dicen que un hombre no tiene decisión es "porque no tiene pantalones”, como si la capacidad de decisión tuviera algo que ver con ponerse pantalones y no faldas y como si los pantalones fueran exclusividad masculina. O cuando se acusan entre ellos de "haberse bajado los pantalones” en alusión a situaciones donde han cedido, como si ceder en una situación cualquiera fuera algo humillante, indeseable para un varoncito, de nuevo están relacionando el hecho de estar con pantalones o no a algo que nada tiene que ver con ello
Ni qué decir cuando se acusan de "no tener huevos” como signo de nulidad. O las innumerables veces en que un hombre insulta al otro de "maricón”, que es una de las máximas expresiones de denigración en el mundo masculino. Llorar es de maricones, no pegar es de maricones, cocinar es de maricones, acariciar es de maricones y así infinitamente el ser o no maricón es en realidad una regulación social para cumplir con el requisito de "hombría” en nuestra sociedad.

El maricón socialmente no sólo es aquel sospechoso de ser homosexual, sino también aquel sospechoso de no cumplir con los requisitos de "hombría” fundados en un comportamiento machista y violento. No son situaciones extremas en las que un hombre impugna el comportamiento del otro con este tipo de frases, es más bien algo cotidiano, es el primer recurso al que apelan. Apostaría a que frases como éstas han surgido en reuniones de gabinete, en momentos de decisiones estatales o históricas, lo mismo que en peleas entre taxistas.

Al mínimo conflicto entre hombres surge entre ellos la impugnación de la hombría del otro. Todo gobernado por "el pene”, su tamaño, y el efecto de su tamaño en el carácter masculino. Toda una serie de complejos de inferioridad y complejos de superioridad que descargan y funcionan regulando las relaciones no sólo de los hombres respecto de las mujeres, sino de los hombres entre sí y con el mundo. El pene además ha saltado del cuerpo del hombre a la arquitectura, a las armas, los obeliscos y muchísimos instrumentos en los cuales se ha simbolizado los genitales masculinos para hacer de esos espacios proyección de un poderío corporal genital masculino.

Las angustias en torno al pene son angustias en torno de su condición de hombres, de su virilidad y que se proyectan sobre su propia dignidad. Para resumir yo encuentro tres angustias repetitivas: tener pene o no tenerlo. Pensarse como hombres sin pene los paraliza en un miedo a la castración que raya en pánico; por eso viven acusándose de no tenerlo y de tener que demostrar social y diariamente que "sí lo tienen”. El miedo a tenerlo pero que sea muy pequeño: los ritos para medírselos unos a otros están marcados por la violencia y el trauma. Por último, la angustia en torno a tener pene pero no las facultades para utilizarlo. Estas tres angustias conforman la pesadilla masculina en la cual siguen atrapados, resbalando y atorados en la historia. Encerrados en su propio laberinto intentando reforzar la trampa en lugar de salir de ella.
Como siempre en la historia, la llave para destrabar esta trampa está encerrada dentro del laberinto y serán ellos quienes deberán buscarla y encontrarla. Será alguno que aburrido de ser genitalizado decida construirse y definirse por fuera de esa absurda genitalizacion. Será el hombre sin pene el que abra esa puerta, el que se castre para liberarse.

Entre tanto yo les regalo la más brillante y más política de las descripciones sobre el pene que he escuchado en mi vida, como no podía ser de otra manera se trata de una descripción que en una noche de tertulia y mucho vino me regalaron mis amigas "las putas”. Recuerdo muy bien el contexto, ellas hacían gala de su profundo y vasto conocimiento del cuerpo masculino, es cuando una de ellas a manera de conclusión dijo: "un pene, cualquier pene es siempre una miniatura y no hay nada más que decir”.

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.