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LA ACERA DE ENFRENTE
Retrato: La Discapacitada


Fecha de emisión 6 de Julio, 2016

La discapacitada es una mujer con una historia larga que contar, si quieres hablar con ella no te servirá ni media hora, ni una mañana, ni dos. Ella tiene mucho que decir, no sólo de su larga historia que empieza en el vientre materno, en un accidente laboral, en una negligencia médica, en la malnutrición de su madre y de toda su estirpe, en una combinación inesperada de células que dan lugar a un cuerpo sorprendente y bellamente "anormal” .


He observado varias veces en la vigilia que la gente huye de ella, incluso los que - dice- se solidarizan. Muchos jóvenes que llegan con fruta o sándwiches suelen repartir rápidamente su donación y salir huyendo porque no pueden sostenerle la mirada o porque ni siquiera quieren mirarla. Superficialmente podríamos decir que es un acto de discriminación, pero yo me he dado cuenta que es miedo. Miedo de no saberla mirar, no saberla querer, no saberla entender, miedo de no saber relacionarse con ella.

La discapacitada te recibe con una sonrisa en la cara y te mira desde abajo en su silla de ruedas o se acerca con su cuerpo torcido a darte un beso, con el que te devora entera y te eriza todo el cuerpo con su calidez insólita.

Pero esa sonrisa en la cara, que es como la cordillera nevada de los Andes en medio del mapa de Bolivia, porque su cara es un mapa de episodios, de ríos y de surcos también.

Esa sonrisa no es simplonería, falta de comprensión, ni ingenuidad. La discapacitada, desde su silla, desde el rincón apartado donde se la encierra, ha tenido muchas horas para mirarnos a nosotros, los "normales”, a los que normalmente no reparamos en los detalles, a los que nos dejamos arrastrar por la corriente del ritmo de piernas saludables.

Su sonrisa es generosidad pero no simpleza. La discapacitada no es una mujer simple, ella es una psicóloga psicoanalista o lacaniana, una psicóloga capaz de leer y descifrar el cuerpo humano en pocos minutos. Capaz de interpretar miradas, cruces de miradas, cruces de brazos y piernas, y muecas de caras.

Ella lee el cuerpo humano como lo haría un escáner, milímetro a milímetro. Por eso han fracasado todos los diálogos con el Gobierno, porque ella, la discapacitada, fue el muro donde estalló la ignorancia de la Ministra de Salud. Por eso la Ministra de Justicia tampoco pasó el examen. Ni la una ni la otra saben hacerse entender, porque la mirada de la discapacitada no saben entender y porque no saben explicarse tampoco. Porque están tullidas del alma las ministras y sus cuerpos expresaron soberbia y superficialidad.

La discapacitada sabe que el ministro Arce Catacora miente cuando se refiere a la renta, no tanto por lo que dice, sino por la mueca de su boca, por ese otro lenguaje más profundo que es el lenguaje del cuerpo, y que es el que ella ha aprendido a leer, entender y a descifrar en unos segundos.

La discapacitada ha convertido su silla de ruedas, su bastón, sus muletas, en parte de su cuerpo. Quizás la frase te resulte muy trillada, pero déjame decirte que eso quiere decir que sus muletas son de carne, tienen piel, tienen sensibilidad. Por eso cuando la Policía se las quita o jalonea, las empuja o patea, está pateando sus cuerpos. Le salen moretes a la silla de ruedas, tienen fracturas las muletas, les hace frío a los bastones.

Su lucha, su vigilia se nos hace eterna. Una se sorprende de su capacidad de resistencia, de su permanencia, de su terquedad. Hay que entender una cosa: ella no tiene nada mejor que hacer que pararse como personaje literario en las puertas del Estado a mostrarle sus incapacidades, sus debilidades, sus idioteces, sus sorderas y sus cegueras. Tiene todo el tiempo del mundo para este acto poético de dormir a los pies de las vallas de la plaza Murillo para decir existo, aquí estoy, siento, pienso y soy boliviana.

Lo que está en juego no es la renta, y ella ha sido generosa al aclararle al Estado que la renta es un pedido flexible. Lo que está en juego es la existencia, la subsistencia, las ganas de vivir y la dignidad.

Un diálogo con dignidad, un diálogo con horizontalidad, un diálogo con sinceridad. Esas pequeñas cosas tan valiosas que ni la Ministra de Justicia, ni la Ministra de Salud han podido transmitir.

Pasar el examen de la mirada de la discapacitada, es eso lo que el diálogo vigilia - Gobierno representa. Y, francamente, no sé si hay personaje estatal que pueda dar la talla.


María Galindo es miembro de Mujeres Creando.