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LA ACERA DE ENFRENTE
La prédica del odio


Fecha de emisión 22 de Junio, 2016


Que marchen los cristianos contra nosotras y nosotros, que nos condenen en las calles por el solo hecho de ser diferentes. Así queda claro el papel que cumplen en la sociedad, que es el de condenar, etiquetar y ser una fábrica de prejuicios sociales.

Que proclamen por las calles su modelo de familia como el único válido. Así realmente queda claro que todas aquellas familias donde no hay un padre que las legitime quedan fuera de su circuito. La estructura de la familia en Bolivia ha cambiado hace décadas ya gracias al divorcio, que es una conquista irreversible y gracias fundamentalmente a la rebelión de las mujeres, que somos capaces de formar colectividades de vida de lo más originales.

Hoy no hay común denominador único de la "familia”. No reivindicamos un modelo de familia, sino el hecho de que la familia es tu comunidad de afecto y punto, y que si tu familia no es una comunidad de afecto, sino un círculo de violencia y dolor, no hay ningún problema en romperla y emanciparte de esa familia para construir otra o no construir ninguna. Ésa es una cuestión de libertad.

Que prediquen el odio para ganar gentes inseguras, temerosas, tristes e incapaces de pensar por sí mismas a costa de odiar a quien es diferente, porque esa forma de trabajo va perdiendo valor y sentido a medida que la gente deja de necesitar pastores, porque no somos ovejas. Deja de necesitar iluminados porque todos y todas tenemos nuestra propia luz, que es nuestra rebeldía y nuestros sueños personales y colectivos.

Me parece muy bien que los mecanismos de satanización y de odio de las iglesias queden con esta marcha en evidencia para todos y todas.

Que marchen porque se les cae la careta de amor y aparece, y se hace visible, el rostro de odio que estas sectas cristianas tienen.

Que marchen contra nosotras y nosotros, que hagan una hoguera donde quemar nuestras formas de placer porque sobre ese fuego bailaremos. Les desespera que sus prédicas no nos llegan ni conmueven porque son repetitivas, machaconas y fanáticas. Mientras ellos repiten las mismas cuatro ideas, la historia avanza con una fuerza que está de nuestro lado.

Cuando tu hija es maricona, cuando tu hijo es maricón, cuando él o ella quiere y sueña con una reasignación sexual, cuando no responde a los modelos de machito, que tú como padre cristiano se los quieres imponer, cuando tu hija no responde a los modelos de muñeca o de virgen que le quieres imponer, te paso el dato, nada puedes hacer, nada.

Tus imposiciones son inútiles porque la fuerza de la mariconería es puritita miel, puritita pasión, puritita intensidad, porque es la fuerza de ser una misma, de ser uno mismo. Por eso es una fiesta, por eso nuestra protesta política es fiesta de placer y de colores, de risas y de bailes. De contorsiones y de masturbaciones, de besos casuales y de miradas convocantes. Cuando somos mariconas lo somos porque nos gusta y nos da la gana, y no hay poder alguno que nos pueda modificar ese sentido de nosotros y nosotras mismas.

Quieren con su marcha presionar al gobierno del MAS, que lo hagan. Nosotras sabemos que este Gobierno no tiene ninguna convicción y es homofóbico, pero que finalmente aprobó la Ley de identidad de género porque le conviene cumplir con una agenda internacionalmente establecida. La mayor conquista de la Ley de identidad de género no es el texto de la ley, que realmente otorga migajas; la mayor conquista detrás de esa ley es la afirmación de nuestra existencia política y colectiva, y eso ni depende del Gobierno; ni el gobierno nos da, ni menos aún nos puede quitar.

Cobran por ser portavoces de Dios, lucran con el uso de las bendiciones y suman a la gente como rebaño, por eso dicen que son fuertes. Nosotras y nosotros no somos un número, somos una forma de la existencia humana, no nos contamos ni nos multiplicamos, sino que nos reconocemos entremedio de todos los espacios porque estamos en todas partes.

Somos un llamado a la libertad y la conciencia de sí mismos y sí mismas, no somos un llamado al odio. No somos dueñas y dueños de la verdad, somos quienes hemos comprendido que la verdad no tiene propietarios y que quien se cree poseedor de la verdad miente.

No necesitamos sus bendiciones, pero tampoco nos impresionan sus maldiciones.

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.