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LA ACERA DE ENFRENTE
Cristina Choque, la última militante del partido


Fecha de emisión 30 de Mayo, 2016

Quiero preguntarme una vez más a través de ella sobre el lugar de las mujeres en el interior del Gobierno y del partido. Mientras su amiga Gabriela representa el lugar de las mujeres como botín sexual y todo su destino tiene que ver con sus relaciones en la cama del partido, en el caso de Cristina Choque su lugar tiene que ver con la servidumbre política de las mujeres dentro de la izquierda y dentro de las organizaciones sociales.


Se podría decir fácilmente que Evo Morales, Álvaro García Linera, Gabriela Montaño o Gringo Gonzales están sentados en sus respectivas sillas de poder gracias a mujeres como Cristina Choque. ¿Ustedes creen que alguno de ellos ha colado afiches con sus caras, ha organizado las concentraciones proselitistas, ha hecho el engrudo o barrido y colocado las sillas, cocinado los apis y pasteles de las concentraciones? La respuesta está demás, todos esos personajes han llegado a la mesa puesta no sólo del poder, sino del proselitismo también.

Han llegado montados sobre espaldas de mujeres como Cristina Choque. Esas militantes dispuestas a hacer el trabajo duro con disciplina, sin rechistar y que son capaces de emocionarse porque llega el Evo; fieles y serviles al punto de guardarles todos los secretos. Dispuestas no a meterse en sus camas pero sí a tenderlas. Dispuestas a sacrificar sábados y domingos y horas de sueño, dispuestas a viajar en flota a organizar a las bases transmitiendo pasión y compromiso. Sin jamás criticar, sin jamás pensar por sí mismas. Sin jamás subestimar al jefe sino tomándose sus promesas al pie de la letra y hasta creyéndoselas... Esa es la impresión que la cara de espanto cuando fue detenida, me produce Cristina Choque.

Me la imagino defendiendo a capa y espada al Evo y a todo el Gobierno en su conjunto, me la imagino precisa y ordenada en sus quehaceres partidarios.

Yo diría que es la última militante del partido, hoy ya nadie quiere ser del MAS; todas vienen con que son del proceso, pero no del partido; con que son críticos pero afines porque tienen un cargo que les cayó del cielo.

El MAS ya no tiene militantes, ahora tiene empleados y empleadas, a quienes si se les pide algo extra lo harán, pero mordiendo los dientes y metiéndose la mitad del dinero en el bolsillo o robándose en el camino la mitad de las bolsas de fideo que les dan para repartir.

Cristina Choque es la que se creyó el cuento. Es la que llegó desde abajo, desde la calle, desde los sectores populares. Ella es la cara de la logística del proselitismo en todas sus dimensiones porque seguramente ha sido una mujer múltiple, capaz de organizar la comida, la dormida, la distribución de viáticos. Capaz de registrar caras de memoria y de conocer la militancia del MAS y además de evaluarla con la primera mirada. La que era capaz de seguir durmiendo en el suelo y sentarse con las bases a comer con las manos; algo que los jefes ya no hacen con el pretexto de que no tienen tiempo, porque en realidad lo que tienen es asco.

Cristina representa a las mujeres que en la política asumen la parte doméstica, la más pesada, la menos meritoria, la menos célebre; la labor invisibilizada y que encima la hacen con tesón y seguras que en esas tareas se juega el destino de la campaña.

Representa a quienes conocen lo que es la batalla voto por voto en los barrios. Las cúpulas partidarias no son las que hacen ese trabajo sino las "Cristinas Choque”, las mal llamadas "tontas útiles”, esas mujeres que se ganan su lugar en la política desde la servidumbre doméstica al partido. Que hacen su trabajo como lo hace un ama de casa: gratuito y por amor.

Fue útil para todo: ocultar secretos y organizar reuniones, acallar descontentos y transmitir pasión política. Hoy se le pide el último acto de servidumbre: lavar con su cuerpo la mugre del jefe. Limpiar con su lengua las huellas del jefe. Cristina, que lo hizo todo con resignación de manso cordero, de mujer en la política que sabe que vale menos por serlo. Cristina que aceptó todo, hoy recién se da cuenta que todo fue en vano.

Hoy que es tarde para rebelarse y decir su verdad, ya no tiene dónde hacerlo porque no había habido ni partido ni sueño de cambio ni audiencia con el Evo. No le contestan ya el teléfono, la usaron, la desecharon pero no la podrán reemplazar: Cristina era la última militante. Ya no queda nadie más.


María Galindo es miembro de Mujeres Creando.