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LA ACERA DE ENFRENTE
Un Dios Hermafrodita


Fecha de emisión 24 de Mayo, 2016

El sermón ha terminado. El sermón ha terminado y el cura ha usado el púlpito para hablar solo, para escuchar el eco de su propia voz. Las culpas, miedos y sacrificios con los que intenta cautivar mi corazón resbalan por mi cuerpo sin tocarlo y se desvanecen en el piso de su catedral. El discurso religioso católico y la prédica cristiana agonizan.

Las niñas educadas en colegios católicos resultan ser lesbianas y los monaguillos que pasaron tardes enteras en sus catecismos resultaron ser transexuales. El cura no se dio cuenta que los batones y encajes de monaguillos le servían al niño varoncito para soñar con sus vestidos de mujer.

El reino de los cielos es carnal, antimonárquico, sexual y gozoso, y allí no se reserva del derecho de admisión. La gente entra y sale de ese reino por curiosidad, por aburrimiento o por amor. Hombres vestidos de mujeres y mujeres vestidas de hombres se confunden, y mezclan entre la gente.

Dios mismo es hermafrodita y comparte el altar con animales y mujeres felices. Cristo ha bajado vivo de la cruz antes de morir, le hemos curado las heridas y está pensando en hacerse una operación de reasignación sexual para convertirse en mujer. Su mayor deseo no es resucitar, sino vivir.

Las mujeres no han sido expulsadas del paraíso y hay música, y comida en los altares; allí se canta y baila. Toma la palabra la que quiera y tenga algo que decir. En el reino de los cielos reina el caos y nadie es dueño de la verdad. La palabra pecado ha sido sustituida por la palabra deseo y la palabra sacrificio ha sido sustituida por la palabra felicidad. La llave de entrada es la libertad y todos, y todas nos podemos fabricar una llave propia.

Podría contarles novelescos capítulos de esta biblia marica capaz de reescribir el propio relato de la creación. Podría con mis palabras hacerles antojar de las mieles de este mundo al revés en el que habito. Es éste el mundo que la Iglesia teme, es éste el mundo contra el cual la Iglesia predica, habla desde su hipocresía, pero también desde su propia agonía. Y alerta por el peligro de la Ley de Identidad de Género apelando a su condición de mayoría. ¿Cuál mayoría?, les pregunto. ¿La mayoría construida con bautizados y bautizadas sin consentimiento? ¿De esa mayoría estamos hablando? La mayoría que desobedece sus mandamientos y a la que mandan arrepentirse cada domingo? ¿La mayoría compuesta por decenas y decenas de curas homosexuales y monjas lesbianas que se esconden? ¿La mayoría que no puede ya llenar los seminarios porque los jóvenes no quieren ser curas y donde hay lugar para 100 estudiantes no juntan ni a 10?

No es la Ley de Identidad de Género la que provoca el derrumbe de la familia, ni el derrumbe de la división sexual patriarcal de todo. Lo que provoca el derrumbe de ese mundo es la libertad y la rebelión de las mujeres.

La Ley de Identidad de Género lo único que ha hecho es restituir el derecho a la ciudadanía, a todas las personas transexuales. Toda esta colectividad que estaba al margen de la ciudadanía tiene hoy, gracias a esta ley, una puertita abierta para acceder a la ciudadanía precaria que todos tenemos. Ellos y ellas podrán tener un Carnet de Identidad. ¡A eso se oponen iglesias y sectas, y esa oposición no hace más que develar su mezquindad. Ningún Estado puede negar la ciudadanía a ningún segmento de la población.

Es más, es una ley en la cual el Estado de todas formas les obliga a suscribir un contrato sexual con el Estado, donde no está admitida la ambivalencia: o eres hombres o eres mujer, no puedes ser uno y otro o ninguno de los dos.

En lugar de borrar el dato de sexo del Carnet de Identidad, en lugar de revisar realmente el contenido clasista y sexista del carnet de identidad, el Estado simplemente les ha dado una vía de acceso a ese carnet en los mismos términos sexistas y clasistas. Se han conformado con eso porque el colectivo que enarbola la Ley de Identidad de Género no quiere instalar ningún debate ni provocar cuestionamiento del Estado. Ellos y ellas únicamente quieren tener un carnet y aplaudir al Estado por darles ese derecho sin ninguna capacidad crítica.

Tampoco se han preocupado por el acceso a la operación de reasignación sexual, que tiene un costo de alrededor de 20.000 dólares, y que al no ser incluida en la Ley como un derecho convierte el beneficio de la Ley en una cuestión clasista.


María Galindo es miembro de Mujeres Creando.