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LA ACERA DE ENFRENTE
Desamparada


Fecha de emisión 10 de Mayo, 2016

El amparo constitucional que presenté para ser rehabilitada a la postulación al cargo de Defensor del Pueblo ha sido declarado improcedente sin que ni siquiera se haya convocado a la celebración de audiencia alguna.

La jueza tercera de familia, que seguramente estuvo temblando y qué quién sabe haya inclusive dudado qué hacer, primero solicitó -después de casi una semana de haber estado el amparo durmiendo en su despacho- una subsanación formal. La idea que estaba detrás era ganar tiempo, hacerme perder tiempo, jugar fútbol con el amparo, desactivar la expectativa mediática, pelotear los derechos, como parte de una rutina estatal.

 
Presenté la subsanación, consciente de estar en medio de un juego tan absurdo como la postulación al cargo del Defensor del Pueblo en un Estado donde no hay justicia, pero tampoco hay honestidad, ni siquiera hay profesionalidad.

Mi subsanación durmió nuevamente varios días antes de pasar la puerta entre la secretaria y el despacho, como pasa con todo lo que es urgente, como pasa con todo lo que es irónicamente "rápido” en Bolivia. La jueza no quiso perder su puesto de trabajo y no me atrevo a juzgarla yo por eso. Seguramente pidió instrucciones y esperó la respuesta de aquellos de quienes su cargo depende. Lo que hizo la jueza no es ilegal, porque la ilegalidad es el instrumento de quienes nos reímos de la legalidad. Lo que ella hizo fue pragmático, fue un acto de subsistencia.

Mi carpeta es impecable, está completa, pero además es divertida y sorprendente porque contiene una propuesta que es simplemente urgente y de cuya urgencia no soy yo solitariamente consciente, sino la sociedad en su conjunto.

Formular una propuesta para el cargo del Defensor del Pueblo había sido posible porque los temas están latiendo con agitación y fiebre en las calles, porque soñar es posible, porque tener la claridad de las ideas, en una sociedad que te invita a sumarte a la decadencia, es posible. Había sido posible atreverse a ir a una convocatoria del Estado aunque todos sus huecos huelan a putrefacción, trampa, engaño y mediocridad. Igual te asomas a la ventanilla con ilusiones y manzanillas a purificar el ambiente. Un Gobierno que dice representar el cambio social no se atreve a dejarme participar en la competencia para el cargo de Defensor o Defensora del Pueblo y no se atreve a nombrar a una persona independiente y de consenso.

No me siento una víctima, porque, aunque fueron en esta ocasión mis derechos políticos los pisoteados, estoy convencida que postularme, conociendo el final de la historia de antemano, era necesario. Estoy convencida que estamos frente a un goteo de indignación que suma indignación. Estoy segura que mi inhabilitación, más allá de que no me dejaron demostrarlo, a más de un boliviano y boliviana le huele mal, tan mal como la conclusión de la comisión mixta de la asamblea que dice que no hubo tráfico de influencias de parte del Presidente en el caso
CAMC. Si Evo no cometió delito, Zapata tampoco lo hizo y, en honor a la lógica, debiera ser liberada.

Con mi postulación sirvo de prueba viva de que el proceso de selección del próximo Defensor del Pueblo es un chiste, es un elogio a la mediocridad, es un proceso en el que la Asamblea Legislativa va perdiendo, poquito a poco, indefectiblemente, la oportunidad de jugar el papel que la democracia le da. La Asamblea Legislativa, altamente costosa y cuyo contenido supuestamente es la mayor expresión de la democracia, es peor o tan peor como el hoy repudiado aparato judicial. No había sido mejor una comisión de senadores y diputados hombres y mujeres que un sucio y corrupto juzgado. Solamente había sido más caro. En el uno como en el otro habita la mañudería, la mediocridad y la corrupción.

Agradezco todas las muestras de cariño de incontables gentes de a pie que se han dejado ilusionar con mi postulación, especialmente a las mujeres en situación de prostitución, que fueron las primeras en reaccionar con flores, chistes y pedidos de marchas. Agradezco con mucho cariño también a Rafo Puente, Raquel Gutiérrez, Graciela Toro y Jerjes Justiniano que hicieron cartas públicas de apoyo. El cariño y la indignación suman, y de eso se trata: mi postulación no fue un acto de ingenuidad, sino un acto de rebeldía y yo sin amparo lo dejo demostrado.

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.