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LA ACERA DE ENFRENTE
Conspirando contra la normalidad


Fecha de emisión 5 de Mayo, 2016

Ella murió pariendo en el Hospital de Clínicas, donde también murió su wawita porque no había suficientes incubadoras. Murió porque no podía parir y respirar a la vez, porque era una de esas niñas que nacen sin cuello, murió porque no le hicieron la cesárea a tiempo. Su muerte no es negligencia médica, ni homicidio culposo del Estado, es una muerte sin registro y sin importancia. No la mató su madre, ni la mató el Estado, ni la mató el médico que la malatendió; aunque todos ellos la mataron un poco.

 Hoy, que sus hermanos y hermanas protagonizan una nueva caravana yo quiero recordarla, invocarla y contarles a ustedes su singular historia. Ella es una de las discapacitadas que conquistó el bono de 1.000 bolivianos. Fue protagonista de la primera caravana de las personas con discapacidad, porque sí hubo una caravana anterior, porque lo poco que este grupo humano ha conseguido lo ha hecho luchando.

Era una mujer que por su discapacidad había sido encerrada en una especie de jaula de oro -como decía su madre- tenía de todo, de todo, menos libertad.

Tenia terapias paliativas semanales pero que jamas la curarían porque el mal con el que ella nació era incurable.

Ella quería enfrentar la vida desde su discapacidad, quería escribir y estudiar, trabajar y enamorarse, y de hecho lo hizo. Por eso tuve el privilegio de conocerla, porque escribió y leyó sus cuentos para radio Deseo.

A pesar del control y aislamiento del mundo bajo el que ella vivía, había logrado contactar grupos de discapacitados que se reunían para cocinar juntos, charlar y conspirar contra la normalidad.

Allí conoció algo tan magnético como es el deseo sexual, el amor y las ganas de soñar con una vida propia y dejar de ser la carga de su madre. Dejar de representar el sentimiento de culpa de su padre. Dejar de ser el bulto que la familia esconde. El padre militar, la madre maestra, ninguno de los dos supo realmente aceptarla. Por eso ella quería, con urgencia, dejar de ser la presa de su casa para soñar con una vida propia.

Una tarde, y a pesar de toda la seguridad y la rigurosidad de horarios que gobernaban su casa paterna, logró huir con su enamorado, otro discapacitado. Salió de una casa cómoda con cuarto propio y rampla para su silla de ruedas a un cuartito alquilado que serviría de dormitorio, cocina y taller de trabajo. La diferencia que para ella pesaba era la de la libertad, era la de la dignidad, era la de reivindicar su derecho a una vida con sexo, con amor y con placer, que su madre le negaba con saña cada que podía lanzarle una arenga sobre la inutilidad de su existencia.

Nosotras la conocimos el día que ella vino a denunciar a su madre por violencia porque no le quería entregar sus ropas. Decidimos atenderla y fuimos juntas a recoger sus cosas. Su madre, antes de entregarnos las bolsas de ropa de su hija, nos hizo recorrer la casa, nos hizo visitar el cuarto - jaula de donde -según ella- estábamos arrancando a la hija presa.

La llamó asquerosa por embarazarse, la llamó asquerosa por enamorarse, la llamó desagradecida por fugarse.

Nos entregó bolsas donde había seleccionado la ropa más vieja, menos útil de su propia hija. Nosotras sabíamos que en su nueva vida nuestra discapacitada duraría muy poco, ella también lo sabía. Le esperaba el más difícil de los embarazos del mundo y el más duro de los partos, pero lloraba de felicidad por el solo hecho de estarse concediendo a sí misma el derecho a vivir.

Siempre la recuerdo, sé cómo es que dejó de respirar. Sé que en el Hospital de Clínicas no hay, o por lo menos la noche que ella murió, no había un respirador artificial. Sé que su vida en libertad duró lo que duró su embarazo. Yo no diría que ella era una discapacitada, yo diría que era una "conspiradora contra la normalidad”.

Sus hermanos y hermanas de discapacidad todos me hacen recuerdo a ella, la misma tozudez, la misma fuerza inexplicable, la misma sonrisa que no mide la abertura de la boca. La misma lágrima inmediata, la misma manera de abrazarte estrujándote. La misma sed de amor, de sexo, de libertad y de dignidad.

El bono es un pretexto para que el Presidente les reciba, les hable, les dé la mano. La lucha es un pretexto para que las cámaras y los micrófonos se vuelquen sobre los y las inexistentes. Colgarse del puente es una acción poética radical para pedir el pedazo de país que les negamos cada día.

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.