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LA ACERA DE ENFRENTE
Desnudo en la cama

 

El Día Internacional de la Mujer y habría que hablar de hechos tan graves como que en Bolivia cada tres días se mata a una mujer, como que el feminicidio es un crimen de Estado, porque el Estado garantiza la impunidad.

Habría que poder decir que mientras las mujeres bolivianas luchan por definirse desde los sueños,

 las alegrías y las rebeldías, socialmente seguimos siendo definidas desde la maternidad, el sacrificio y la tragedia. Pero no hay espacio para ello, el juego de poder lo ha copado todo y ese proceso ha pasado, no por una guerra sucia contra el Gobierno, sino por una guerra misógina contra las mujeres. Por eso hoy no hablaré de ella, sino de él.

Lo puedo ver tendido en la cama desnudo, cavilando en soledad. Sus disputas viriles de quién tiene el pene más largo del curso, de quién orina más lejos han quedado atrás; hoy su virilidad se mide en cantidad de mujeres disponibles, sustituibles y utilizables. Su poder se mide en número de mujeres, pero también en el tipo de mujeres a las que puede acceder. Se mide en número de hijos abandonados, procreados y negados. Se mide en el poder de reconocerlos o negarlos, en el poder de recogerlos o dejarlos tirados, en el poder de hacerlos públicos, mandarlos abortar o esconderlos en la sombra.

Hoy está solo y expuesto ante todos en la cama, de alguna manera humillado también. Su risa se ha convertido en una mueca de asco y amargura. Ha hecho de todo, desde negarla públicamente hasta reprimirla públicamente y, sin embargo, ese desprecio con el que la ha maltratado ha salpicado su cuerpo desnudo también. Por primera vez la humillación contra ella, desatada por él, se revierte contra él. No estamos frente a una anécdota de crónica rosa, sino frente a una radiografía del poder patriarcal. Frente al orden de las cosas que nos revela que nada ha cambiado, sino en apariencia.

Ese ejercicio que hasta hace poco era para él tan fácil, tan inmediato, tan automático, de cambiar a una por la otra, de sustituir a una por la otra, esta vez, y en este momento, se le hace imposible. Por eso está tendido, desnudo, solo, con el pene flácido y sin poder reaccionar. Los misterios del cuerpo y del sexo lo consumen por dentro. La disponibilidad de mujeres no le sirve para tapar ni disimular la humillación vivida.

Policías violan mujeres, asambleístas violan mujeres, legisladores pegan mujeres, legisladores niegan hijos y sustituyen a unas mujeres por otras mujeres. El indígena quiere en su cama una señorita. El asambleísta no sólo quiere en su cama una señorita, sino que quiere que sea su secretaria, así el servicio y el control sobre ésta será completo. Así, la sensación de poder de macho transcurrirá de la cama a la oficina y viceversa.

Cuántas veces nuestro protagonista no ha disfrutado de las anécdotas de los compañeros de partido, cuántas veces no ha consolado al que fue pillado violando, cuántas veces no ha ofrecido su protección al que ha negado hijos pero, sobre todo, cuántas veces se han divertido juntos en el sindicato y en el Gobierno, en torno de unas cervezas, a costa de la dignidad de las mujeres que les rodean.

Nuestro protagonista era siempre el más ingenioso, el más airoso de todos a la hora de hablar de mujeres, a la hora de mofarse de los demás y de las demás, al punto de convertir su propia vida sexual en una leyenda. Una leyenda donde su poder sexual ha sido simbolizado con el poder estatal. Me explico: no se trata de un hombre sexualmente poderoso, sino de un hombre que proyecta su poder en el Estado en su poder en el sexo. Un hombre que ha necesitado traducir su poder estatal en poder sexual de disposición de las mujeres. No ha sido en esto original. Muchos, si no todos, lo han hecho antes de él. Todo hombre de Estado de este país ha hecho de su vida sexual una prolongación de su poder político y viceversa.

¿Acaso esperábamos ingenuamente que en esta ocasión no se replicara, repitiera e hiciera lo mismo que todos los otros han hecho por siglos? ¿Acaso ilusamente esperábamos un hermano? ¿Acaso esperábamos un compañero y no un abusivo más? ¿Dónde está el problema? El problema está en la cama, en la cama del poder, en la cama como poder. El problema está en convertir a las mujeres en mercancías sexuales del poder.

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.