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Etiqueta: narcotrafico

Narcopreguntas



Hace rato que en Bolivia la palabra narco ya no sólo es un sustantivo que indica una persona que se dedica al narcotráfico, sino que ha pasado a ser un adjetivo con el que se puede calificar a grandes sectores del quehacer social.

Podemos hablar de: narcopolítica, donde está quienes hacen política a favor del narcotráfico o con fondos del narcotráfico; narcoeconomía, donde están todas las actividades económicas que el narcotráfico genera a su alrededor para lavar su dinero; narcoinstituciones, instituciones penetradas por los intereses del narcotráfico; narcocultura, que es  la lógica mafiosa que el narco introduce en la sociedad; narcopolicías, que son los policías vinculados al narcotráfico; narcoempresarios,  empresarios que hacen circular los fondos del narcotráfico; narcomodelos, las jóvenes que el narco contrata para sus fiestas y viajes, narcouniversidades, que son las que permiten la matriculación de estudiantes fantasmas que obtienen su regulación migratoria para dedicarse a actividades del sicariato, y así una larga lista de actividades personajes y sectores de la sociedad.

Los narcovínculos parecen ser una mínima porción del fenómeno narco en la Bolivia de hoy.

Me gustaría preguntarle al ministro de Economía, Luis Arce: ¿señor ministro, cree usted que la “economía del narco” es la que nos está “salvando de la crisis económica en la que están nuestros países vecinos”? ¿Qué porcentaje de la economía boliviana es hoy una economía que tiene como pilar el narco, el 40,  20 el 30%? ¿Cree usted que la burbuja inmobiliaria, la importación gigante de electrodomésticos a precios más baratos que en Iquique, la importación de productos de lujo, bebidas alcohólicas y otras están relacionadas con el narco?

Hay otras economías, como la economía de “la fiesta”, como de los Carnavales de Oruro y Santa Cruz, el Gran Poder y otras que en los últimos tiempos mueven cifras inimaginables, ¿estarían vinculadas al narcotráfico? ¿Es ser cómplice del lavado de dinero comprarse un televisor plasma de 60 pulgadas bien barato en la Huyustus? ¿No es el poder de los grandes contrabandistas un poder narco?

En la política boliviana de los 90, la consigna coca no es cocaína y las grandes marchas de cocaler@s fueron la punta de lanza de nuevos sueños de país. Fueron épocas en las que la diferenciación de los intereses del movimiento cocalero del narcotráfico fue una lucha política fundamental, que acompañamos de forma directa.

Acusarle al movimiento cocalero de vínculos con el narcotráfico era un insulto que usaba la derecha; el movimiento cocalero estaba limpio y con unos límites y aspiraciones bien diferenciadas, no sólo en la cantidad que era el cato de coca, sino en sus aspiraciones y prácticas también.

El Chapare era el nido de las federaciones del trópico de Cochabamba y no un territorio impenetrable y peligroso, como es ahora. El cultivo de la coca no era monocultivo, como es ahora, y el movimiento cocalero no tenía la aspiración de ampliar la frontera de la coca sobre el Parque Nacional Isiboro Secure, como ahora.

Es espeluznante que quienes tenían consciencia plena de los peligros políticos y sociales que el narcotráfico representa hayan hoy sucumbido a su despliegue.

Me gustaría preguntarle al Ministro de Gobierno: ¿cómo salió realmente a la luz el caso de los narcovínculos en la Policía? ¿Fue un accidente? ¿Es una vendetta contra usted? ¿Es una vendetta de usted, contra un tercero, es una pelea interna en el gobierno? ¿Cree que alguien le cree que está limpiando la Policía o lo dice con el cinismo que ha venido perfeccionando como práctica de oratoria?  ¿Es la penetración del narco en el gobierno de Evo Morales igual o similar a la que ocurrió con el MIR, de los 90? ¿Es diferente, es similar a la ocurrida con el banzerismo de la dictadura, con el banzerismo de la democracia?

Si hay diferencias, ¿por qué en las cárceles de Bolivia, hoy como ayer, están las mulas del narcotráfico y no los grandes capos, con excepción de Montenegro y Medina?

Todas son preguntas en un país sin respuestas, donde caminamos con los ojos vendados y con el entendimiento atontado, obligad@s a tragar propaganda gubernamental dulzona, producida por los productores de la “Casa en la pradera” narco.

Leer en Página Siete

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Un gobierno mafioso

No vivimos en Bolivia bajo una dictadura, tampoco vivimos bajo una democracia.

No es un partido político el que gobierna y su defecto no es controlar todos los poderes del Estado.

Vivimos un régimen mafioso que ha entregado el control mafioso parcial de segmentos de la sociedad a grupos de intereses que tranzan espacios de control y beneficio a cambio de “gobernabilidad”. Esto de “proceso de cambio” o “buen vivir” son eslogans de edulcoración del modelo mafioso.

Lo que ha sucedido en la cárcel de Palmasola no solamente son hechos de violencia policial inaceptable, no sólo son hechos de violación de derechos humanos, no sólo demuestra que en Bolivia no hay Defensor del Pueblo, sino que lo sucedido en Palmasola es el modelo de administración del Estado que estamos viviendo.

Las cárceles son uno de los botines de la Policía Boliviana, como lo es Tránsito o Migración. Son directamente fuentes de negocio y corrupción que la Policía, a su vez, se reparte internamente sin que el Gobierno, de hecho, ni tenga la intención, ni tenga la posibilidad de hacer nada, porque el trato con la Policía es una suerte de transacción no escrita del “no me jodas no te jodo”.

El caso de los militares y sus privilegios a cambio de gobernabilidad es otro de los feudos donde la ideología no cuenta. Los militares pueden violar o matar, mientras sea dentro de sus propios feudos no pasa nada. La transacción con sectores empresariales, como la Cainco, para la depredación del bosque, para la explotación de la mano de obra, para todo tipo de ventajas, es otro pacto de gobernabilidad que no tiene nada que ver con una posición ideológica, ni con ninguna visión de país que no sea la depredación.

Es como si el modelo Palmasola se hubiera instituido en el conjunto de la sociedad.

Las llamadas organizaciones sociales, convertidas también en mafias dirigenciales con derecho de matar, amedrentar, silenciar, es otro simple pacto de gobernabilidad basado en un mutuo acuerdo que se traduce en formas tiránicas de manejo de los llamados movimientos sociales.

Ni qué decir del Poder Judicial, que mientras procesa para el Gobierno todo lo que el Gobierno quiere en sus términos, lo hace a cambio del manejo arbitrario, corrupto y abusivo del conjunto de causas en todos los campos.

Para sobrevivir hay que pagar el derecho de piso. Si quieres un trabajo en el Estado es bajo el régimen mafioso de descuentos y de asistencia muda y sumisa a todo tipo, y ocurrencia de convocatorias que permitan al Gobierno simular apoyo de masas.

Si quieres publicidad gubernamental, en un medio de comunicación hay que manejar la noticia, la entrevista y los contenidos a favor del jefe sin margen de crítica, sin margen de independencia.

El sector cocalero del Chapare también apoya con su cuota de gobernabilidad a partir no de una visión de país, sino de sus intereses de sector, de poderle vender en tranquilidad su coca al narcotráfico. El narcotráfico se convierte en una necesidad para la gobernabilidad y éste, a su vez, necesita del contrabando para lavar su dinero.

En un modelo así no tiene sentido producir una chompa o una mermelada, porque la combinación narcotráfico más contrabando destroza cualquier producción. Los supermercados están llenos de productos baratos; ahí los productos bolivianos no tienen ni espacio ni oportunidad.

En un modelo así, ser de a pie, estar fuera de todos estos circuitos representa un vía crucis, porque sin gremio alguno de pertenencia eres el blanco perfecto para todo tipo de abusos, tienes que pagar tu derecho de piso en Tránsito, en los juzgados, en el Seduca o en tu trabajo. Hasta la Aduana te jode porque necesita utilizarte para demostrar y justificar su existencia.

En un modelo así las ideas no tienen ningún valor, el debate es innecesario y la ideología sirve como camuflaje.

Un modelo así parece invencible porque es un modelo de pactos parciales que suman la totalidad de los sectores sin límite, ni ético ni ideológico.

Y, como lo hemos constatado los bolivianos y las bolivianas el viernes, cuando se nos ha presentado los cuerpos muertos de los seis o ya no me acuerdo ocho, o siete muertos en Palmasola, la vida misma no tiene ningún valor.

En un modelo así, la foto de todos arrodillados, boca abajo, contra el suelo, no es una foto de los presos de Palmasola, sino un retrato social.

Leer en Página7

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