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Etiqueta: justicia

Mujeres de Ayata mantienen identidad a través de los tejidos

Tribunal distrital de justicia de Achacachi
Tribunal distrital de justicia de Achacachi

Titulares 5 de octubre de 2018

  • Las mujeres del municipio Ayata, aseguran que ellas mantienen la identidad a través de los tejidos.
  • Las y los pobladores de Achacachi, recibieron la noticia del fallo de la Haya como injusta, pero aseguran que no les afecta
  • La justicia en Achacachi, no es gratuita y las audiencias no se llevan cabo en alguno de los idioma originarios.
  • El gobernador de La paz, Feliz Patzi, apoya la producción de quinua pero no ayuda conseguir mercado para las y los productores
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Crónicas parlamentarias

No fuimos invitadas aunque el tema que se iba a tratar nos afectaba directamente, aunque la auditoría jurídica del caso del feminicidio de Isabel Pillco la habíamos impulsado nosotras.

Nos enteramos por terceras personas que respetan nuestro trabajo y nos fuimos a la sesión de la Comisión de Constitución, Legislación y Sistema Electoral, presidida por la diputada del MAS Mireya Montaño, diputada alteña.

Convocamos a la mamá de Isabel Pillco porque aunque estamos conscientes que removemos su dolor y que la exponíamos a otra posible frustración, no actuamos al margen de las víctimas directas porque es su dolor y su sed de justicia la única fuerza con la que contamos. Ella accedió inmediatamente, dejó su trabajo sin hacer esa mañana y con sus mejores ropas se vino con nosotras a eso que mal se llama Parlamento, y que debería llamarse nido de ratas.

La sesión con el Fiscal General y con el presidente del Tribunal Supremo de Justicia estaba citada para las 10 de la mañana. Llegamos puntuales, con el corazón acelerado y con la ilusa idea de que escucharíamos y grabaríamos la sesión, a la que podíamos asistir munidas de nuestra única legitimidad que es la de ser ciudadanas bolivianas. Pensábamos transmitir la sesión por Radio Deseo.

A las 10:20, ya impacientes porque las puertas de la sala de sesión no se abrían, logramos meternos, sin tocar la puerta, a las oficinas de uno de los asesores de la diputada, quien nos indicó que el Fiscal General había hecho conocer ese momento que no asistiría y que la sesión se había postergado para las 10:30. No dejó de sorprenderme que, así de repente, el fiscal se pueda negar a asistir a una cita con otro poder del Estado, pero es que como son cuates, con un telefonazo resuelven todo.

Una vez abierta la sala empezaron a llegar las diputadas y algunas asesoras técnicas, pero la sesión no empezaba, por lo que decidí hacerles entrevistas cortas. ¿Señora diputada podría usted indicarme para qué es la sesión que va a empezar en unos minutos? Respuesta: es para tratar asuntos electorales. Pregunta: ¿qué asuntos electorales?, me empuja y sale de la sala. Pregunta: ¿usted quién es? Respuesta: soy asesora técnica del honorable xx. Pregunta: ¿Podría indicarme para qué es la sesión que va a empezar? Respuesta: no tengo conocimiento.

El resto de los diputados mirones salieron corriendo mientras yo realizaba estas brevísimas entrevistas. Ninguno reparó en la presencia de la mamá de Isabel. Ninguna la saludó o se acercó a hablar con ella, aunque muchas eran de pollera también. Algunos se refugiaron en la oficina de la presidenta de la comisión y otros directamente se largaron.

Con la sala de sesiones vacía, decidí grafitear su pizarra con un mensaje: el feminicidio es un crimen del Estado patriarcal. Entretanto llegó el presidente del Tribunal Supremo de Justicia y se refugió en la oficina de la diputada Mireya Montaño. Con el cuerpo y gritando que somos el pueblo, empujamos la puerta, nos metimos allí y Elvira Gavincha, mamá de Isabel Pillco, con la foto de su hija, se sentó frente al presidente del Tribunal que evitaba la mirada de Elvira, hundiendo los ojos en sus papeles; mientras yo transmitía la mirada vía Facebook y Radio Deseo, al mismo tiempo.

Desesperado, el asesor de la diputada Montaño vino a rescatar al presidente del Tribunal Supremo de Justicia. Lo sacó de ahí, lo hizo escapar y luego vino a decirnos que los y las diputadas se negaban a instalar la sesión porque no deseaban ser “maltratados” y que se negaban a aceptar nuestra presencia como ciudadanas en la sesión.

La diputada Montaño nunca dio la cara, por lo que nos metimos en la oficina del asesor y le dijimos que no nos retirábamos sin la auditoría en nuestras manos. La mamá de Isabel empezó a llorar hondo y rogar que se le entregue el informe. La presión psicológica fue tan fuerte, que el asesor mandó sacar una fotocopia que nos entregaron. Un informe firmado por todos los miembros de la comisión, en el que se afirma que en el caso de Isabel Pillco se han cometido 10 errores procesales que han determinado la impunidad en el caso del feminicidio de Isabel Pillco.

Salimos del nido de ratas con los papeles en la mano. No se atrevieron a hacernos sacar con la Policía a patadas porque saben que tenemos la razón.
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¿Qué hubieras hecho tú?

La historia que voy a contarles es la clave que nos falta para entender la sucesión de violencias machistas que nos ahogan. Es la historia que los medios ni encuentran, ni buscan, ni sacan porque es la historia de la salvación provocada por una misma; es la historia de la decisión firme y dolorosa de una mujer para acabar con la violencia.

María Soledad Medrano Siñani, una mujer campesina habitante de Pucarani, a hora y media de camino a pie desde el pueblo hasta su comunidad, se despertó con los sollozos de su hija que estaba siendo violada por su marido borracho. Hasta ahí una escena que todos conocemos y que se repite una y otra vez. Una escena que los medios suelen describir con demasiada frecuencia, pero que queda congelada en la escena de violación que todos contemplamos sin ponerle remedio alguno, como asumiendo que debemos vivir para ser violadas y asumir la condena como parte de la vida.

María Soledad no se quedó petrificada, no se hizo la dormida, no fue cómplice de su marido violador; sino que se levantó, lo golpeó, lo estranguló, lo cargó en la carretilla y lo fue a botar a la zanja del camino, donde él murió congelado.

¿Qué hubieras hecho tú?

María Soledad no pensó en llamar a la Policía porque allí, donde ella se encontraba, era simplemente imposible contar con la Policía. Pero si María Soledad hubiera estado en El Alto o en cualquier zona periférica de la ciudad, la Policía tampoco hubiera sido una opción, porque no llega, no viene o llega tarde.

No pensó tampoco en buscar ayuda en la comunidad, porque la tan enaltecida y nombrada comunidad aymara no es el paraíso comunitario del que muchos sin conocer nada alardean. Ella decidió resolverlo por sí misma en el minuto en el que la violación estaba ocurriendo, porque esa solución era simplemente impostergable.

Al día siguiente, cuando se encontró el cuerpo, fue precisamente la comunidad misma que denunció a María Soledad. Ahí sí hubo levantamiento de cadáver y Policía, y el Estado le otorgó un abogado de oficio que seguramente no habla aymara, y, sin comprenderla muy bien, la indujo a declararse culpable. Ahora está encarcelada en Obrajes, sin posibilidad ninguna de defenderse, convertida en una criminal y separada de su hijita.

Su hija está pastoreando sola los animales en la comunidad, no le hablan en el colegio. Ha decidido ya no asistir a la escuela y está viviendo la más espantosa pesadilla, al punto que está atrapada en una situación traumática.

Cuando nuestra abogada Heidi Gil llegó a buscar a la niña, ella se abalanzó sobre su cuello, llorando, rogando que salvemos a su mamá. Podemos contar esta historia en primera persona porque la leyenda que venimos construyendo hace años hace que el llanto sin consuelo de María Soledad en la cárcel llegue a nuestros oídos.

Estamos a punto de liberarla con perdón judicial. Suponemos que saldrá de la cárcel de Obrajes a la cárcel de la comunidad, donde enfrentará muchísimos problemas, donde un contexto machista y cruel probablemente no la deje insertarse, porque representaría un mal ejemplo, porque representaría una ruptura con la lógica de violencia machista. La comunidad ha hecho su propio juicio y la ha entregado a la Policía como si fuera una asesina.

María Soledad no es una asesina porque no quiso matarlo, lo mató defendiendo a su hija ante una violación.

María Soledad es para nosotras un gran ejemplo de legítima defensa de su hija y creemos que jamás debió ir a parar a la cárcel, pero estamos sumergidas en un sistema jurídico idiota, un sistema jurídico que no le ofreció protección, que no le ofreció un juicio justo, pero que sí la ha condenado.

Te pregunto: ¿qué hubieras hecho tú en el lugar de María Soledad? Ella sólo podía hacerse cómplice del violador o salvar a su hija de la violación, no tenía otras opciones y su acción fue la más justa, la más digna, y el mejor ejemplo para todas las mujeres de este mundo.

Su historia es la pieza que siempre nos falta para entender que con la violencia machista hay que acabar, es una pieza que nos falta porque nos la esconden.

María Soledad no es una asesina, es una mujer que actuó en legítima defensa, es una mujer que debe ser liberada y para la cual no hay país, lugar, ni comunidad donde se inserte.

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