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Etiqueta: Carlos Mesa

El insoportable candidato

El candidato es un hombre, y exhibe su condición de hombre como su característica más importante. Como hace un siglo. Igualito.

Dibujando libertades, las mujeres nos hemos movido del lugar que se nos ha sido asignado, pero como si eso no hubiera pasado, el candidato se presenta como loza retrógrada que nos empuja hacia atrás en muchos sentidos, exhibiendo su condición masculina como su principal característica. No puede ser sustituido por una mujer por mucho que en su mal llamado partido haya mujeres que se hacen entender mejor o que hubieran podido también hacerlo. Él es el insustituible, el único, lo máximo y lo proclaman así las propias mujeres que lo acompañan subalternándose a nombre de todas nosotras.

Justamente porque es hombre no se presenta como una simple persona sino como el Mesías salvador, cumpliendo así la formula de omnipotencia, que es la misma del feminicida, que es la de endiosarse.

El candidato sin rubor ni vergüenza se presenta como salvador del país, de los pobres, de los enfermos, de los que sufren injusticias, de los que no tienen trabajo. La magia de su divina persona es la que, según su discurso nos procura, aquello que deseamos siempre y cuando cumplamos con el sagrado rito de votar por él. Ese es el tono con el que Evo Morales, Óscar Ortiz o Carlos Mesa nos piden el voto… Perdón, me corrijo, no nos lo piden -porque no saben pedir-: nos lo exigen, vaticinan que votaremos por ellos porque no hay otro mejor. Nos dicen que si llegáramos a escribir un inmortal poema breve sobre la mierda o la esperanza en la papeleta ese acto nos convertiría en los inservibles de la democracia porque nuestro pinche voto debe ser y tiene que ser útil para sus ambiciones de poder.

Ortiz, Mesa y Morales son más parecidos entre ellos de lo que quisieran; podrían fundar la comparsa de los cínicos. Unos fotografiándose con enfermos terminales de cáncer y otros con animales convertidos en cenizas, la campaña aguanta mentiras, absurdos y porno miseria de todo tipo. Es el dolor de la sociedad lo que explotan para mostrarse como próximos salvadores. Nos convierten en una sociedad de estúpid@s al pretender en sus cortas entrevistas hablarnos generalidades, como si fueran portadores de las soluciones de la educación, la economía, el machismo, la justicia, la producción y lo que fuera. Jamás caen en ese humilde y maravilloso lugar que es el de entender que en esta sociedad todos los sujetos sociales hemos venido construyendo históricamente y desde abajo nuestros idearios, saberes y horizontes y son esos saberes y horizontes los que deben ser respetados. No necesitamos de sus simples soluciones necesitamos respeto y es lo que en sus arengas nos niegan los candidatos a quienes hay que soportar ofreciendo lo que no van a cumplir.

Ninguno realmente responde a las preguntas; Morales ni asiste a entrevistas, y Ortiz y Mesa se dedican a mostrarse por encima del bien y del mal, sin responder realmente a nada de lo que se les pregunte porque, así como quieren cosechar votos de empresarios o de obreros, de conservadores o de gente que quiere libertad, se limitan a quedar bien con unos y otros sin realmente decantar sus intenciones.

Todo este simulacro teatral lo cumplen frente a periodistas y opinadores dóciles que juegan el papel de idiotas a nombre de toda la sociedad, nadie se sale de su papel, la teatralidad aburre y me dedico a imaginar a Mesa desnudándose, a Ortiz masturbándose o a Evo drogándose inhalando cocaína, a ver si así paso el trago. Imagino que la gente más joven ni los escucha siquiera y que el teatro electoral está lejos de las preocupaciones de la sociedad.

Entretanto, este mismo escenario es también ocupado por Patzi, Chi o Cárdenas, que han hecho del odio a las mujeres y la mariconada el único mecanismo para ocupar espacio mediático. Tampoco esta última trilogía es en realidad tan diferente; son dos tríos complementariamente tóxicos para la sociedad por eso es que frente a la homofobia y misoginia de Chi, ninguno de estos ha dicho nada porque si mañana necesitan de esa alianza la van a tomar sin asco ni reparo.

Votar sin duda rima con vomitar. Estas son elecciones sin opción ni esperanza, lo único que constatamos es que nos han expropiado a tod@s el derecho de hacer política.

María Galindo es miembro de Mujeres Creando

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Carta abierta a Carlos Mesa

En octubre del 2003, Carlos Mesa no se hizo parte de la masacre al pueblo alteño y abandonó a Sánchez Lozada cuestionando públicamente la violencia contra la gente en revuelta pacífica. Se enfrentó, como lo cuenta en su libro Presidencia sitiada, también al embajador de  Estados Unidos.

Por mucho tiempo pensé que guardaba esos días como un preciado tesoro de coherencia con el valor de la vida. Pensé muchas veces, aunque nunca se lo pregunté directamente, que después de esos sucesos, Carlos Mesa sentía que se había equivocado en aceptar la candidatura a la vicepresidencia de Sánchez de Lozada.

Este juicio sirve para el futuro, para que nunca más un presidente se atreva a lanzar tanques y militares a bala contra un pueblo en revuelta.

No entiendo cómo es posible, ni bajo qué argumentos, hoy Carlos Mesa se niega a asistir como testigo.

No lo entiendo y no lo acepto.

Me dirijo a Carlos Mesa para pedirle en nombre de nadie, porque nada soy que rectifique su posición y vaya corriendo a declarar lo que sabe, y lo que vivió en primera persona.

Palabra por palabra, que lo haga por la primera víctima que fue Marlenita, asesinada en Warisata. Lo que está en juego en La Florida es el único pedacito de justicia donde bolivianas y bolivianos podemos inscribir nuestras esperanzas de verdad. La mujeres y los pueblos sabemos que la impunidad reproduce impunidad y la justicia reproduce justicia.

Le pregunto directamente a Carlos Mesa, ¿no fue un gran valor para la democracia el juicio contra García Mesa? ¿No hubiera exigido él que cualquier boliviano que algo hubiera podido declarar en ese juicio lo haga, por Marcelo Quiroga y por los asesinados de la calle Harrington?

Nada diferencia este momento histórico de ese otro juicio y si el cuestionario escrito no basta, y hay necesidad de una testificación oral o de tallar en piedra el relato de los hechos, simplemente hay que hacerlo y acompañar a las víctimas que han logrado poner a Sánchez de Lozada y a Berzaín en el banquillo de los acusados.

La negativa a declarar no es simplemente guardar silencio, sino que es colaborar con los masacradores de forma indirecta, porque ningún testimonio tendrá el peso que el suyo tuviera, por su implicación como segunda autoridad del gobierno de entonces.

La defensa de Sánchez de Lozada está usando, en Estados Unidos, el libro Presidencia sitiada, de su autoría, como prueba para demostrar la inocencia de los masacradores. Igualmente están  usando el libro de Felipe Quispe para volcar el sentido de los hechos. Esa es una razón más para que Carlos Mesa viaje a los Estados Unidos, incluso a nado o a pie, a recoger la verdad y el sentido de sus propias palabras.

Negarse a dar testimonio de la masacre cruel y asesina de octubre de 2003 es traicionarse a sí mismo, es traicionar al pueblo boliviano, es traicionar la verdad de los hechos y dejar que Marlenita sea asesinada por segunda vez en Warisata, no por una bala militar, sino por un argumento judicial.

Para que ningún presidente en el futuro se atreva a masacrar en Bolivia en nombre de la gobernabilidad, de la democracia o de la estabilidad a los y las bolivianas, es fundamental que el juicio en La Florida contra Sánchez de Lozada y Sánchez Berzaín siente precedente.

No es que soy una desubicada, me ubico, se trata de un juicio civil y no de un juicio penal, pero es este juicio civil el que puede convertirse en prueba de justicia para continuar hacia el juicio penal y la extradición.

“Ni olvido, ni perdón; justicia, no venganza”. Fueron tus palabras en La Ceja de El Alto, apenas fuiste posesionado como Presidente. Que esas palabras no sean demagogia; esa justicia que invocaste ese día está hoy en tus manos. Te pido que no borres con el codo lo que has escrito con la mano y vayas corriendo a declarar.

Marlenita te está esperando con su mirada congelada, en sus nueve años.

La acción de distanciarte del gobierno de Sánchez de Lozada para convertirte en aquel momento en una especie de cuña, desde donde se abriera un espacio pequeño de esperanza en medio de la masacre, concluye recién con tu testimonio claro, directo y frente a frente sobre la masacre cometida en el juicio hoy en curso. Sánchez de Lozada afirma que lo hiciste por ambición; tú dices que lo hiciste por humanidad, eso hay que repetirlo las veces que haga falta. Te lo debes a ti mismo.

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