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Categoría: [Pare de sufrir, luche]

Anteriormente llamado «La loca mañana»

Vaginas vacunadas, mujeres sometidas

Una de las tres primeras causas de muerte en las mujeres en Bolivia es el cáncer de cuello uterino, cáncer provocado por el coito sin condón (la penetración del pene en la vagina). Es a través del semen que el virus se propaga.

En pocas palabras, para las mujeres es cancerígeno y en un nivel de altísimo riesgo tener sexo sin condón. Lo interesante es que tener sexo sin condón, negarse a ponerse condón, pretextar que el uso de condón disminuye el placer sexual que un hombre pueda sentir, son los argumentos machistas a los cuales, en forma masiva, se aferran los hombres de todas las edades, de todos los oficios, de todas las clases sociales y de todos los orígenes culturales, para negarse a ponerse condón.

Lo que está detrás de esta negativa es, en primer lugar, la idea de que es el hombre el que debe imponer las condiciones de las relaciones sexuales; en segundo lugar, el mito absurdo de ser sexualmente omnipotentes y no ser ellos también vulnerables a un posible contagio de su pareja de cualquier tipo de enfermedad de transmisión sexual. La tercera idea sumergida dentro de esta negativa es la de la posesión. Entender el acto sexual como un acto de posesión machista, en el que el riesgo de embarazo debe ser un riesgo que lo asume ella y no él y en el que el acto sexual es un acto de toma de la otra persona como si de un objeto de autocomplacencia se tratara.

Todas estas ideas podríamos metafóricamente señalarlas como cancerígenas también, como ideas mortales que potencian un cáncer que nos está matando a las mujeres, que es el cáncer del machismo llevado a la asfixia de nuestra libertad y a la misma muerte por feminicidio.

En este contexto de vida o muerte en el que nos encontramos las mujeres bolivianas, el Ministerio de Salud, además en nombre de la vida de las mujeres, ha lanzado por segundo año la campaña de vacunación contra el Virus del Papiloma Humano, campaña que se aplica en dos dosis a adolescentes que están en las puertas de iniciar su vida sexual.

La campaña, en pocas palabras, lleva como texto contundente: No exijan condón porque sus vaginas están inmunizadas. El Estado recoge el inolvidable mensaje del presidente Evo Morales en el lanzamiento del Bono Juana Azurduy, en el trópico de Cochabamba: “No usen condón compañeros”.

Es inaceptable que la aplicación de una política patriarcal y machista como ésta se haga en nombre de la vida de las mujeres, por una ministra que, como otras masistas, ha decidido llamarse feminista para tapar su propio machismo.

Lo que está haciendo el Ministerio de Salud es liberar a los hombres de todo cuidado con sus cuerpos, no responsabilizarlos de sus prácticas sexuales en ningún nivel, sino agarrar a las adolescentes en largas filas y vacunarlas, para dizque inmunizarlas de un virus cancerígeno, inyectándoles una idea más mortal que el cáncer, como es la idea de la sumisión sexual.

Por si esto fuera poco, hay que mencionar que la vacuna es carísima, que ha sido introducida en todos nuestros países de forma colonial y para garantizar un gran negocio a las industrias farmacéuticas que producen esta vacuna y que vendiéndola como política de Estado en toda la región, recogen millones y millones de dólares, dizque a nombre de la salud y de la vida de las mujeres.

El Ministerio de Salud minimiza además la cantidad de denuncias a nivel mundial de los efectos secundarios, porque se trata en realidad de un negocio millonario que no salva vidas de las mujeres, sino que garantiza vaginas parcialmente inmunizadas.

Para hacerte un Papanicolau tienes que sacar ficha en la madrugada. Se reparten 12 al día y madrugando varios días, lo más probable es que te canses antes de poder lograr una ficha.

No hay seguridad social universal, en el sistema de salud saltan las necesidades básicas por cada esquina, pero Bolivia adopta colonialmente una política, como es la de la vacunación masiva de las adolescentes contra el virus del Papiloma, para beneficio de las transnacionales farmacéuticas que venden sus campañas a gobiernos corruptos en toda la región.

El único instrumento que garantizará la vida para tu hijita no es la inmunización de su vagina, sino la afirmación de su dignidad y su rebeldía, y si quieres que tu wawa en un futuro no padezca de cáncer cérvico uterino, enséñale desde muy pronto a decir: Si no te pones condón subite el pantalón.

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¡A pecar con desenfreno porque Dios está muerto!

La Iglesia Católica insiste en presentar el Jueves Santo como un día de luto, llanto y dolor. Su relato oficial consiste en la muerte de Jesús en la cruz por culpa de nuestros pecados. En las iglesias se cubren las imágenes de Cristo con una manta, la lectura ancestral andina del Jueves Santo es justamente la contraria. La versión andina es que Dios ha muerto, ha cerrado los ojos y no puede mirarnos; por eso el Jueves Santo, en todo el altiplano, se convierte en un día dedicado al pecado sexual. Como Dios está muerto no nos puede ver, es el día en el cual hay que dar rienda suelta al deseo y la libertad sexual.

Se practican ritos de baile donde el clímax de la celebración consiste en el permiso de cambiar de pareja por una noche. Romper la rutina sexual, el mandamiento de la monogamia, y para ceder a la contenida atracción sexual.

Es la noche ideal para que las adolescentes pierdan la virginidad explorando sus deseos, perdiendo miedos y vergüenzas, sabedoras de que esas practicas  serán  envueltas en un manto de dos caras: la del arrepentimiento, para afuera, y la del descaro y la alegría, para adentro. El Jueves Santo es el día en el que el pueblo revierte la culpa y el arrepentimiento que instruye el poderoso para convertirla en libertad.

La moral y la rigidez  católica, a pesar de torturas y amenazas, a pesar de persecusiones y vigilancias, nunca terminó de penetrarnos como sociedad. Es la parte más débil, por ejemplo, de la justificación de Rilda Paco, cuando intentaba explicar la tanga de la Virgen invocando la diferencia entre falsos y verdaderos devotos; porque en realidad la falsa devoción nos ha caracterizado como camuflaje necesario para darnos el permiso de la libertad. La falsa devoción no es la hipocresía; la hipocresía es la del cura que predica abstinencia sexual mientras hace abortar a su amante.

Las prestes donde cantamos llorando “a tus pies madre viene un pecador”, para darnos la vuelta y de espaldas a la iglesia empezar sendas fiestas sin fin, representan un acto teatral de dos caras opuestas en un mismo momento. Representan actos de ambivalencia que permiten que dos sentimientos opuestos aniden en el mismo cuerpo, en el mismo lugar y se desaten de la forma más exagerada.

Pasa lo mismo en el cavo de año, cuando, para despojarte del luto, mezclas dolor con alegría, llevando a ambos a colindar uno con otro, hasta convertirse en anverso y reverso del mismo momento, y de tu propia vida; proceso que al fin te conduce a superar el dolor del luto y abandonar a tu muerta para dejarla partir lejos de ti, mientras te entregas al baile y la embriaguez.

La forma como se ha juntado devoción con folklore es la misma operación simbólica de ambivalencia.

No hay devoción sin fiesta, ni fiesta sin devoción. Las mujeres aprovechan la devoción para acortar las faldas, bailar en tanga, para cortar los escotes y convertise en porno cholas, porno chotas y porno birlochas.  Aprovechan para destapar los cuerpos y sacar sensualidad con descaro, se trata de un desacato masivo del mandato del recato, que ha desbordado los controles y márgenes de la Iglesia y de las asociaciones de conjuntos folklóricos, que prohíben minis y transparencias por mera formalidad.

Los trajes folklóricos se convierten en un vehículo de liberación; los animales y demonios allí bordados cobran vida en los cuerpos que se mueven como si de reptiles y felinos se tratara, para acabar ensartándose en las calles en busca de un único valor: la libertad como placer.

El que es hombre se camufla en el traje de mujer para hacer de su ano una vagina y la que es mujer se pone las botas y el pantalón para saltar salvajemente, dando patadas en el aire. Las coreografías son lenguajes de cuerpos que revierten la represión de una religión que aprisiona y prohíbe.

La religión católica en esta parte del mundo ha sido el camuflaje de prácticas idolátricas, donde el rito es una suerte de trance corporal extremo y vital que nos conduce al derroche, a la pérdida de la racionalidad y el control, y por eso, de todos los días del largo santoral católico, el ideal, el más intenso es precisamente el del Jueves Santo, en que dios accede a su mejor estado: está muerto, no nos ve, no nos vigila y deja el mundo en paz. El Jueves Santo es el día en el que aprendimos la alquimia de convertir la culpa en libertad.

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Lugar de la religion en la sociedad

invitadas en estudio
Participan: Susana Inch (abogada y trabaja en la conferencia episcopal), Vanesa Carvajal (psicologa y comunicadora de Voces católicas) y Heidi Campos (secretaria ejecutiva de Caritas Bolivia)

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