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Categoría: [Pare de sufrir, luche]

Anteriormente llamado “La loca mañana”

Matar a una mujer tres veces

Se ahogan mis palabras en una tina llena de sangre de mujeres asesinadas.

Ya no bastó con matarlas una vez; ellas, muchas de ellas, algunas de ellas han sido asesinadas tres veces. La sal de las lágrimas de sus hijitas, de sus hijitos de sus madres circula por mis venas, secándolas con un dolor casi físico.

Me pregunto ¿qué debemos hacer? ¿Qué podemos hacer? ¿Qué es lo que no estamos haciendo?

El aparato de justicia corrupto que sufrimos en Bolivia coloca el valor de la vida de las mujeres como una mercancía que puede ser negociada por investigadores, jueces y fiscales a todo tipo de precio ajustable al bolsillo del feminicida.

El asesino de Isabel Pillco, David Viscarra, ha sido absuelto a pesar de que la víctima, en vida, hizo una declaración detallada y dolorosa de la golpiza que la llevó a la muerte. Isabel fue cuatro veces asesinada: la primera vez por David Viscarra, la segunda vez por los funcionarios que tomaron sus declaraciones en vida y no hicieron nada contra la violencia machista que ella había ido a denunciar; la tercera vez por el juez que absolvió al feminicida y lo liberó sin tomar en cuenta las pruebas contundentes que existían, y, la cuarta vez, por un Estado que acepta como un hecho rutinario la impunidad en los casos de feminicidio.

Cuando nosotras planteamos que la justicia reproduce justicia y la impunidad reproduce impunidad no estamos haciendo un juego retórico de palabras.

La primera sentencia de feminicidio en la ciudad de El Alto, en 2014, contra Ariel Roger Moya por el feminicidio de su pareja, con quien tenía un hijito, sentencia frente a la cual sentimos el alivio, está siendo sometida a revisión. También un caso en el que,  incluso, el feminicida confesó su crimen, un caso en el que hubo todo tipo de pruebas, pues él mismo intentó simular un accidente abriendo la garrafa de gas e intentando que pareciera un accidente.

Un caso prácticamente flagrante en el que la sentencia y el envío del culpable a Chonchocoro quiere ser revertido y convertido de feminicidio en homicidio. Todo bajo el amparo de una juez X que acepta dicha revisión basada en los elementos más ridículos que una se pueda imaginar.

La impunidad en los casos de feminicidio, la rutina con la que se levanta de sus casas el cadáver de una mujer asesinada, la necesidad de madres y amigas de las víctimas de abandonar los casos por impotencia, por insolvencia, por huir del laberinto macabro que suponen los juzgados y las fiscalías en Bolivia, es lo que hoy instala el valor de la vida de una mujer en nuestro país.

Si una muerta no vale nada, nada vale tampoco una mujer viva que denuncia violencia. Si nada vale la palabra de una mujer que sufre violencia, nada vale tampoco su vida, nada vale su trabajo, menos aún, nada valen sus sueños.

Es eso lo que estamos viviendo y recibiendo como mensaje cada día mientras salen costosas e inútiles campañas de gobiernos municipales, Policía y ONG que nos invitan a denunciar la violencia, que nos dicen que las mujeres sufrimos violencia machista porque no somos capaces de valorar nuestra vidas.

Se ha promulgado la Ley 348 en marzo de 2013 sentando la impunidad de Clavijo, el policía que mató a Analí Huaycho, y al que se lo hizo escapar fingiendo su suicidio. Ese marco parece ser una antesala macabra que ha k’enchachado la ley para que no se cumpla.

La impunidad que recae sobre un feminicidio contamina todos los casos de feminicidio y también el valor mismo de la vida de una mujer, de tu vida, de la mía de la de tu hija, de la de tu madre.

No necesitamos campañas, necesitamos justicia; no necesitamos talleres de autoestima, necesitamos justicia; no necesitamos campañas de sensibilización, necesitamos justicia.

Nada es tan efectivo como un feminicida en la cárcel por 30 años, sin derecho a indulto. Nada es más efectivo que el cobro de la asistencia familiar contra la paternidad irresponsable; nada es más efectivo que sacar a un hombre violento de la casa a la primera denuncia y no esperar que la mujer esté muerta para sacarla, como quien saca un cuerpo sacrificado que debe entregar su sangre para seguir alimentando al machismo monstruoso que la ha matado.

 Justicia es lo que a las mujeres bolivianas nos debe el Estado; ni más, ni menos justicia.
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Cáncer de cuello uterino

patricipantes del debate en estudio

Participan: Dr. Fernando Alvarez (Gerente Regional de CIES), Rosario Quiroga (consultora de la OPS del programa ampliado de inmunización PAE)

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Vaginas vacunadas, mujeres sometidas

Una de las tres primeras causas de muerte en las mujeres en Bolivia es el cáncer de cuello uterino, cáncer provocado por el coito sin condón (la penetración del pene en la vagina). Es a través del semen que el virus se propaga.

En pocas palabras, para las mujeres es cancerígeno y en un nivel de altísimo riesgo tener sexo sin condón. Lo interesante es que tener sexo sin condón, negarse a ponerse condón, pretextar que el uso de condón disminuye el placer sexual que un hombre pueda sentir, son los argumentos machistas a los cuales, en forma masiva, se aferran los hombres de todas las edades, de todos los oficios, de todas las clases sociales y de todos los orígenes culturales, para negarse a ponerse condón.

Lo que está detrás de esta negativa es, en primer lugar, la idea de que es el hombre el que debe imponer las condiciones de las relaciones sexuales; en segundo lugar, el mito absurdo de ser sexualmente omnipotentes y no ser ellos también vulnerables a un posible contagio de su pareja de cualquier tipo de enfermedad de transmisión sexual. La tercera idea sumergida dentro de esta negativa es la de la posesión. Entender el acto sexual como un acto de posesión machista, en el que el riesgo de embarazo debe ser un riesgo que lo asume ella y no él y en el que el acto sexual es un acto de toma de la otra persona como si de un objeto de autocomplacencia se tratara.

Todas estas ideas podríamos metafóricamente señalarlas como cancerígenas también, como ideas mortales que potencian un cáncer que nos está matando a las mujeres, que es el cáncer del machismo llevado a la asfixia de nuestra libertad y a la misma muerte por feminicidio.

En este contexto de vida o muerte en el que nos encontramos las mujeres bolivianas, el Ministerio de Salud, además en nombre de la vida de las mujeres, ha lanzado por segundo año la campaña de vacunación contra el Virus del Papiloma Humano, campaña que se aplica en dos dosis a adolescentes que están en las puertas de iniciar su vida sexual.

La campaña, en pocas palabras, lleva como texto contundente: No exijan condón porque sus vaginas están inmunizadas. El Estado recoge el inolvidable mensaje del presidente Evo Morales en el lanzamiento del Bono Juana Azurduy, en el trópico de Cochabamba: “No usen condón compañeros”.

Es inaceptable que la aplicación de una política patriarcal y machista como ésta se haga en nombre de la vida de las mujeres, por una ministra que, como otras masistas, ha decidido llamarse feminista para tapar su propio machismo.

Lo que está haciendo el Ministerio de Salud es liberar a los hombres de todo cuidado con sus cuerpos, no responsabilizarlos de sus prácticas sexuales en ningún nivel, sino agarrar a las adolescentes en largas filas y vacunarlas, para dizque inmunizarlas de un virus cancerígeno, inyectándoles una idea más mortal que el cáncer, como es la idea de la sumisión sexual.

Por si esto fuera poco, hay que mencionar que la vacuna es carísima, que ha sido introducida en todos nuestros países de forma colonial y para garantizar un gran negocio a las industrias farmacéuticas que producen esta vacuna y que vendiéndola como política de Estado en toda la región, recogen millones y millones de dólares, dizque a nombre de la salud y de la vida de las mujeres.

El Ministerio de Salud minimiza además la cantidad de denuncias a nivel mundial de los efectos secundarios, porque se trata en realidad de un negocio millonario que no salva vidas de las mujeres, sino que garantiza vaginas parcialmente inmunizadas.

Para hacerte un Papanicolau tienes que sacar ficha en la madrugada. Se reparten 12 al día y madrugando varios días, lo más probable es que te canses antes de poder lograr una ficha.

No hay seguridad social universal, en el sistema de salud saltan las necesidades básicas por cada esquina, pero Bolivia adopta colonialmente una política, como es la de la vacunación masiva de las adolescentes contra el virus del Papiloma, para beneficio de las transnacionales farmacéuticas que venden sus campañas a gobiernos corruptos en toda la región.

El único instrumento que garantizará la vida para tu hijita no es la inmunización de su vagina, sino la afirmación de su dignidad y su rebeldía, y si quieres que tu wawa en un futuro no padezca de cáncer cérvico uterino, enséñale desde muy pronto a decir: Si no te pones condón subite el pantalón.

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