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Categoría: [Pare de sufrir, luche] Acera de en frente

Machismo primitivo vs. neomachismo


El senador Murillo, en un despliegue más de machismo primitivo, afirmó que las mujeres debemos cocinar y cuidar de las wawas, y que es ofensivo, insulso degradante para un hombre asumir esas tareas, porque los hombres debieran trabajar, como si cuidar de las wawas o cocinar no fuera un trabajo.

El senador Murillo, que con esa mentalidad jamás debiera ocupar un curul de representación política, lo que hizo es desplegar, una vez más, su machismo primitivo. Un machismo que la sociedad entera condena. La crítica fue tan fuerte que logramos tod@s que el senador tuviera que avergonzarse de sus palabras, y que intentara, en vano, retractarse. La sociedad hoy gracias a la fuerza de la rebeldía de las mujeres es capaz de identificar un machismo de esa naturaleza y de repudiarlo masivamente.

Hasta ahí la historia es linda, pero les preguntó ¿queda entonces Linera como el buen hombre virtuoso porque cocina para su hijita? ¿Es el hombre no machista y príncipe azul contemporáneo?

Para comenzar Linera no estaba cocinando para su hijita; sino utilizándola, como se utiliza un objeto, para demostrar a través de ella (la niña), convertida en cosa, que él es bueno, que él cocina y cuida de su bebé.

La escena es cosificante de la bebé; es una escena de exhibicionismo y promoción de su figura, donde el acto de cocinar es un acto utilitario, no cotidiano y amoroso, sino excepcional y políticamente útil.

Con la escena de Álvaro cocinando para su hijita no estamos frente a una escena no machista de un hombre que decide asumir lo que le corresponde en la crianza de su niña, sino estamos frente a la escena de un neomachista que lo hace como acto de exhibicionismo.

Es precisamente Luis Bonino quien se ha encargado de analizar estas otras nuevas formas de machismo, formas más sutiles que no interpelan ni diluyen la relación de poder hombre-mujer, ni la división sexual del trabajo, sino que la disimulan y la reafirman con formas más sutiles, más disfrazadas y menos grotescas que las del machismo clásico.

Es eso lo que estaba haciendo García Linera que, por cierto, una vez que deje la Vicepresidencia podría postularse a un reality o como actor, pues actúa bien, logra credibilidad y la cámara que lo está filmando casi desaparece.

Álvaro comete una serie de errores que delatan la falsedad de la escena: no se coloca un mandil y bien sabemos las mujeres que el mandil en la cocina es imprescindible si no quieres salir con la ropa oliendo a comida o manchada; no se lava las manos y todas las cocineras sabemos que esa precaución es imprescindible.

Abre el refrigerador abarrotado de comida y escoge unas cuantas verduras, tampoco las lava; las pica sin demostrar su destreza, no las sazona; pobre niña, al parecer, le hacen tomar una sopa insípida. Por último, pone todo a cocer, como si una verdura y la otra cocieran todas juntas, cuando todas sabemos que los tiempos de cocción de las verduras son diferentes; y no va todo en una olla y al mismo tiempo, como si de un basurero se tratara.

Lo que en verdad es irritante es el hecho de que García Linera convierta la labor de cocinar y hacer comer a su wawa en un hecho magnífico porque lo hace él. Cientos de miles de mujeres lo hacen todos los días, sin que ese acto resulte excepcional, ni filmable, ni loable. Ahí está uno de los principales problemas de la escena. ¿Por qué cuando un hombre hace una mínima parte de lo que le corresponde eso es digno de ser filmado, exhibido y mostrado como bueno?

Un hombre respetuoso no lo haría jamás, precisamente por respeto lo haría callado.

Es irritante la arrogancia y falta de prolijidad con la que se desarrolla la escena, como que hacer una sopa de verduras es la cosa más rápida y simple del mundo, cuando no lo es. Quedan invisibles los trabajos de quien fue a hacer las compras para llenar el refrigerador, quien hizo el trabajo de vestir y bañar a la niña, quien limpió la cocina antes de la escena y quien la limpiará después de la escena de neomachismo protagonizada por el Vicepresidente.

La cuestión del trabajo doméstico no es que un hombre haga una cosa de forma anecdótica un sábado y sea aplaudido, sino el 50% del trabajo que le corresponde para que las mujeres tengamos tiempo para pensar, escribir y transformar la sociedad para que este mundo deje de ser patriarcal.

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Crónicas parlamentarias

No fuimos invitadas aunque el tema que se iba a tratar nos afectaba directamente, aunque la auditoría jurídica del caso del feminicidio de Isabel Pillco la habíamos impulsado nosotras.

Nos enteramos por terceras personas que respetan nuestro trabajo y nos fuimos a la sesión de la Comisión de Constitución, Legislación y Sistema Electoral, presidida por la diputada del MAS Mireya Montaño, diputada alteña.

Convocamos a la mamá de Isabel Pillco porque aunque estamos conscientes que removemos su dolor y que la exponíamos a otra posible frustración, no actuamos al margen de las víctimas directas porque es su dolor y su sed de justicia la única fuerza con la que contamos. Ella accedió inmediatamente, dejó su trabajo sin hacer esa mañana y con sus mejores ropas se vino con nosotras a eso que mal se llama Parlamento, y que debería llamarse nido de ratas.

La sesión con el Fiscal General y con el presidente del Tribunal Supremo de Justicia estaba citada para las 10 de la mañana. Llegamos puntuales, con el corazón acelerado y con la ilusa idea de que escucharíamos y grabaríamos la sesión, a la que podíamos asistir munidas de nuestra única legitimidad que es la de ser ciudadanas bolivianas. Pensábamos transmitir la sesión por Radio Deseo.

A las 10:20, ya impacientes porque las puertas de la sala de sesión no se abrían, logramos meternos, sin tocar la puerta, a las oficinas de uno de los asesores de la diputada, quien nos indicó que el Fiscal General había hecho conocer ese momento que no asistiría y que la sesión se había postergado para las 10:30. No dejó de sorprenderme que, así de repente, el fiscal se pueda negar a asistir a una cita con otro poder del Estado, pero es que como son cuates, con un telefonazo resuelven todo.

Una vez abierta la sala empezaron a llegar las diputadas y algunas asesoras técnicas, pero la sesión no empezaba, por lo que decidí hacerles entrevistas cortas. ¿Señora diputada podría usted indicarme para qué es la sesión que va a empezar en unos minutos? Respuesta: es para tratar asuntos electorales. Pregunta: ¿qué asuntos electorales?, me empuja y sale de la sala. Pregunta: ¿usted quién es? Respuesta: soy asesora técnica del honorable xx. Pregunta: ¿Podría indicarme para qué es la sesión que va a empezar? Respuesta: no tengo conocimiento.

El resto de los diputados mirones salieron corriendo mientras yo realizaba estas brevísimas entrevistas. Ninguno reparó en la presencia de la mamá de Isabel. Ninguna la saludó o se acercó a hablar con ella, aunque muchas eran de pollera también. Algunos se refugiaron en la oficina de la presidenta de la comisión y otros directamente se largaron.

Con la sala de sesiones vacía, decidí grafitear su pizarra con un mensaje: el feminicidio es un crimen del Estado patriarcal. Entretanto llegó el presidente del Tribunal Supremo de Justicia y se refugió en la oficina de la diputada Mireya Montaño. Con el cuerpo y gritando que somos el pueblo, empujamos la puerta, nos metimos allí y Elvira Gavincha, mamá de Isabel Pillco, con la foto de su hija, se sentó frente al presidente del Tribunal que evitaba la mirada de Elvira, hundiendo los ojos en sus papeles; mientras yo transmitía la mirada vía Facebook y Radio Deseo, al mismo tiempo.

Desesperado, el asesor de la diputada Montaño vino a rescatar al presidente del Tribunal Supremo de Justicia. Lo sacó de ahí, lo hizo escapar y luego vino a decirnos que los y las diputadas se negaban a instalar la sesión porque no deseaban ser “maltratados” y que se negaban a aceptar nuestra presencia como ciudadanas en la sesión.

La diputada Montaño nunca dio la cara, por lo que nos metimos en la oficina del asesor y le dijimos que no nos retirábamos sin la auditoría en nuestras manos. La mamá de Isabel empezó a llorar hondo y rogar que se le entregue el informe. La presión psicológica fue tan fuerte, que el asesor mandó sacar una fotocopia que nos entregaron. Un informe firmado por todos los miembros de la comisión, en el que se afirma que en el caso de Isabel Pillco se han cometido 10 errores procesales que han determinado la impunidad en el caso del feminicidio de Isabel Pillco.

Salimos del nido de ratas con los papeles en la mano. No se atrevieron a hacernos sacar con la Policía a patadas porque saben que tenemos la razón.
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¿Qué hubieras hecho tú?

La historia que voy a contarles es la clave que nos falta para entender la sucesión de violencias machistas que nos ahogan. Es la historia que los medios ni encuentran, ni buscan, ni sacan porque es la historia de la salvación provocada por una misma; es la historia de la decisión firme y dolorosa de una mujer para acabar con la violencia.

María Soledad Medrano Siñani, una mujer campesina habitante de Pucarani, a hora y media de camino a pie desde el pueblo hasta su comunidad, se despertó con los sollozos de su hija que estaba siendo violada por su marido borracho. Hasta ahí una escena que todos conocemos y que se repite una y otra vez. Una escena que los medios suelen describir con demasiada frecuencia, pero que queda congelada en la escena de violación que todos contemplamos sin ponerle remedio alguno, como asumiendo que debemos vivir para ser violadas y asumir la condena como parte de la vida.

María Soledad no se quedó petrificada, no se hizo la dormida, no fue cómplice de su marido violador; sino que se levantó, lo golpeó, lo estranguló, lo cargó en la carretilla y lo fue a botar a la zanja del camino, donde él murió congelado.

¿Qué hubieras hecho tú?

María Soledad no pensó en llamar a la Policía porque allí, donde ella se encontraba, era simplemente imposible contar con la Policía. Pero si María Soledad hubiera estado en El Alto o en cualquier zona periférica de la ciudad, la Policía tampoco hubiera sido una opción, porque no llega, no viene o llega tarde.

No pensó tampoco en buscar ayuda en la comunidad, porque la tan enaltecida y nombrada comunidad aymara no es el paraíso comunitario del que muchos sin conocer nada alardean. Ella decidió resolverlo por sí misma en el minuto en el que la violación estaba ocurriendo, porque esa solución era simplemente impostergable.

Al día siguiente, cuando se encontró el cuerpo, fue precisamente la comunidad misma que denunció a María Soledad. Ahí sí hubo levantamiento de cadáver y Policía, y el Estado le otorgó un abogado de oficio que seguramente no habla aymara, y, sin comprenderla muy bien, la indujo a declararse culpable. Ahora está encarcelada en Obrajes, sin posibilidad ninguna de defenderse, convertida en una criminal y separada de su hijita.

Su hija está pastoreando sola los animales en la comunidad, no le hablan en el colegio. Ha decidido ya no asistir a la escuela y está viviendo la más espantosa pesadilla, al punto que está atrapada en una situación traumática.

Cuando nuestra abogada Heidi Gil llegó a buscar a la niña, ella se abalanzó sobre su cuello, llorando, rogando que salvemos a su mamá. Podemos contar esta historia en primera persona porque la leyenda que venimos construyendo hace años hace que el llanto sin consuelo de María Soledad en la cárcel llegue a nuestros oídos.

Estamos a punto de liberarla con perdón judicial. Suponemos que saldrá de la cárcel de Obrajes a la cárcel de la comunidad, donde enfrentará muchísimos problemas, donde un contexto machista y cruel probablemente no la deje insertarse, porque representaría un mal ejemplo, porque representaría una ruptura con la lógica de violencia machista. La comunidad ha hecho su propio juicio y la ha entregado a la Policía como si fuera una asesina.

María Soledad no es una asesina porque no quiso matarlo, lo mató defendiendo a su hija ante una violación.

María Soledad es para nosotras un gran ejemplo de legítima defensa de su hija y creemos que jamás debió ir a parar a la cárcel, pero estamos sumergidas en un sistema jurídico idiota, un sistema jurídico que no le ofreció protección, que no le ofreció un juicio justo, pero que sí la ha condenado.

Te pregunto: ¿qué hubieras hecho tú en el lugar de María Soledad? Ella sólo podía hacerse cómplice del violador o salvar a su hija de la violación, no tenía otras opciones y su acción fue la más justa, la más digna, y el mejor ejemplo para todas las mujeres de este mundo.

Su historia es la pieza que siempre nos falta para entender que con la violencia machista hay que acabar, es una pieza que nos falta porque nos la esconden.

María Soledad no es una asesina, es una mujer que actuó en legítima defensa, es una mujer que debe ser liberada y para la cual no hay país, lugar, ni comunidad donde se inserte.

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Una ley para monopolizar la representación política

Si hay una entidad desprestigiada en Bolivia, más que la Policía y más que la justicia, son los partidos políticos, porque la podredumbre que hay en los llamados movimientos sociales, el aparato de justicia o la Policía es una deriva del manoseo político partidario. Cuando te relacionan con un partido político es como si se manchara tu nombre y hasta hay masistas que prefieren presentarse no como militantes, sino como “simpatizantes” del proceso de cambio.

En un contexto así, el Tribunal Electoral lanza una ley de partidos y organizaciones políticas ajena a la realidad que vivimos, que tendrá como única consecuencia la monopolización masista de la representación política. Una ley que aparenta querer un sistema partidario plural, pero que tiene como objetivo apuntalar un monopartidismo.

Las listas de militantes que está recibiendo el Tribunal Electoral son el resultado de una relación de extorsión y chantaje: funcionarios del Estado están obligados a llenar libros para no perder su trabajo; éstos llenan los libros con parientes y amigos que les donan sus nombres. Como con eso no basta, buscan población cautiva que pueda firmar sin saber para qué lo está haciendo.

Otros llenan libros con la promesa de conseguir un trabajo a futuro; y los nombres que figuran en las listas de militantes no tienen, con el partido para el cual firman como integrantes, ningún vínculo político. La militancia, que para ser tal implica una relación ideológica se convierte en una relación clientelar utilitaria que pudre todo y que implica un proceso de desideologización. Es un chiste de mal gusto decir que con esas listas se harán las primarias.

Estamos frente a la construcción de una gran mentira colectiva, avalada por el Tribunal para seguir fomentando mafias y caudillismos.

La verdadera militancia política hoy en Bolivia está en las organizaciones que tienen causas por las cuales ofrecen su trabajo voluntario, por las cuales movilizan iniciativas y ofrecen propuestas: las causas animalistas, ecologistas, las causas feministas, las causas de los pueblos indígenas, las causas contra las formas de abuso de poder, las causas en torno de la salud, de la educación o de las personas con discapacidad; las causas de lucha contra el abuso tributario, por los derechos humanos, etcétera; todas las causas y gentes que quedan fuera del sistema político, que son convertidas en la ley de partidos políticos en causas que quedan fuera de la política en mayúsculas, para dejar dentro de la política las mafias partidarias.

Tampoco existe, en la nueva ley de partidos, una diferencia real entre agrupaciones ciudadanas y partidos políticos porque se consideran únicamente diferencias cuantitativas, haciendo de las agrupaciones ciudadanas construcciones semipartidarias. Las agrupaciones ciudadanas que debieron representar espacios políticos para otras formas de política, en los hechos, quedan reducidas a la forma partido con otro nombre.

De hecho, no hay una diferencia sino en el número de firmas. Los únicos niveles de diferenciación que entiende el supremo tribunal de la mentira son las diferencias territoriales: o haces política local o haces política nacional, no puedes hacer política sectorial; no puedes hacer política fundada ni en causas ni en sujetos, por lo que la nueva ley de partidos es una negación de las nuevas formas de política emergentes que quedan fuera por exclusión no por error. La nueva ley de partidos es una ley de exclusión del derecho a la política a la mayor parte de la ciudadanía, es una ley de expulsión de la política de los temas más importantes de la historia contemporánea.

Como si fuera poco, el 50% de financiación privada que acepta la ley para los partidos son cuotas obligatorias, que se saca de forma ilegal y abusiva, mes a mes, a l@s funcionari@s públicos. En el gobierno municipal de La Paz es según el sueldo, en el Ministerio de Desarrollo Productivo hasta 400 bolivianos y así sucesivamente, recaudando millones de donde no se rinde cuentas a nadie.

El problema no son las primarias, sino el concepto retrogrado de política con el que el tribunal supremo de la mentira está trabajando.

Y las mujeres, por si acaso, seguimos siendo cuota biológica sin contenido político alguno, y a eso le quieren llamar despatriarcalización.

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